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Consideraciones sobre el tratamiento
antirretroviral en mujeres
Los resultados de varios estudios han sugerido que los niveles
plasmáticos de ARN-VIH son inferiores en las mujeres que en los
varones. Se han publicado varios análisis de la cohorte de drogadictos
ALIVE de Baltimore. En un estudio transversal de esta cohorte se apreció
una tendencia a favor de una menor carga viral (microcultivo cuantitativo
y niveles de ARN-VIH determinados mediante la reacción bDNA y la
técnica PCR-TI) en mujeres que en varones, tras haber realzado
los ajustes pertinentes según el recuento de linfocitos T CD4+,
la raza, y el tratamiento farmacológico en los 6 meses previos;
la diferencia de los niveles de ARN-VIH fue de aproximadamente 0,25 log.
Tras equiparar a las mujeres y los varones según el recuento de
células T CD4+, no se apreció una diferencia de riesgo de
progresión a SIDA. No obstante, cuando la equiparación se
realizó en función del número de copias de ARN, el
riesgo de SIDA fue 1,6 vedes mas elevado en mujeres. En otra evaluación
longitudinal de casos control de sujetos con seroconversión de
esta cohorte se evidenció una diferencia especifica del sexo en
la carga viral durante la seroconversión, pero la carga viral tendía
a aumentar mas rápidamente en las mujeres, siendo las cargas virales
mediana de las mujeres y los varones similares a los 5-6 años de
la seroconversión. La relación entre el nivel inicial de
ARN-VIH en el momento de al seroconversión y la progresión
hacia SIDA se ha evaluado en un estudio longitudinal llevado a cabo en
202 personas con seroconversión (156 varones y 46 mujeres) de esta
cohorte. Los niveles de ARN-VIH tras la seroconversión fueron significativamente
menores en las mujeres que en varones (aproximadamente 0,5 log), pero
esas diferencias disminuyeron con el transcurso del tiempo. No se advirtieron
diferencias significativas especificas del sexo en las TASS de progresión
del SIDA. En otro estudio longitudinal realizado en 14 mujeres y 28 varones
de las fuerzas armadas se ha observado que los niveles mediana de ARN-VIH
eran menores en las mujeres, pero que esas diferencias eran inferiores
a 0,5 log y disminuían con el transcurso del tiempo; no se apreciaron
diferencias en la carga viral del ADN del VIH. Los datos de un subestudio
virológico del ensayo ACTG 175 han mostrado que los niveles transversales
del ARN-VIH existentes en condiciones básales eran 0,28 log inferiores
en 71 mujeres que en los varones, después de haber ajustado el
recuento de células T CD4+.
Los resultados de otros estudios de cohortes extensas han
sido menos convincentes. En las 647 mujeres del Estudio de la Cohorte
Suiza sobre el VIH se apreció una carga viral ligeramente inferior
en las mujeres drogadictas (0,13 log), pero no en la mujeres con una infección
de transmisión heterosexual. Tampoco se constató una diferencia
en la progresión de la enfermedad entre las mujeres y los varones
con valores equiparables del AARN-VIH y el recuento de células
T CD4+. En las 712 mujeres del estudio ICONA, después del ajuste
del recuento de células T CD4+, la carga viral sólo era
0,13 log inferior en las mujeres; no obstante , al contrario de lo que
ocurría en el estudio de la Cohorte suiza sobre el VIH, la diferencia
específica según el sexo era mayor en las mujeres con una
infección por VIH adquirida mediante transmisión heterosexual
que en las mujeres que habían contraído el VIH mediante
drogodependencia. Los datos publicados por la Universidad Johns Hopkins
muestran que, después de la estratificación según
el recuento de células T CD4, los hallazgos de una carga viral
inferior son escasos y la comparación entre las 1.262 mujeres del
estudio Women`s Interagency HIV Study y los varones del Estudio Multicéntrico
de Cohortes SIDA, permite observar una diferencia pequeña de la
carga viral de 0,10 - 0,14 log sólo en los casos de recuentos CD4
más elevados, Por último, en un análisis con una
infección por VIH avanzada, adquirida mediante transfusión
de derivados sanguíneos, no se apreciaron diferencias significativas
en los niveles de ARN-VIH entre varones y mujeres ni tampoco diferencias
de la carga viral entre varones y mujeres sin tratamiento antirretroviral,
previo valores equiparables del recuento de células T CD4+, tanto
antes como después del tratamiento antirretroviral.
Algunos estudios efectuados en adultos VIH+ han indicado
que las mujeres pueden tener recuentos superiores de células T
CD4 que los varones. En un estudio francés, esta diferencia sólo
se observó en el porcentaje de células CD4 y la significación
de la diferencia del número absoluto de células CD4 se encontraba
en el límite cuando los varones y las mujeres se equiparaban respecto
a la edad . En un segundo estudio europeo, aunque el recuento absoluto
de células T CD4 era superior en las mujeres que en los varones,
dichas diferencia sólo eran estadísticamente significativas
al inicio del SIDA y no en el momento de la seroconversión ni del
fallecimiento. Ninguno de estos estudios ha evaluado la relación
entre sexo, el recuento de células T CD4+ y la progresión
de la enfermedad. No obstante otros estudios han mostrado tasas de progresión
de la enfermedad similares en los varones y las mujeres con recuentos
equivalentes de células T CD4+, niveles de ARN-VIH o ambos.
Considerados de forma conjunta, estos datos sugieren que
las diferencias de la carga viral en función del sexo se producen
fundamentalmente durante en periodo de tiempo en el que el recuento de
células T CD4+ está relativamente conservado, y en el que
sólo se recomienda la instauración de tratamiento si existen
niveles plasmáticos del ARN-VIH, aunque existen datos insuficientes
para determinar cual es el valor umbral adecuado. En pacientes con recuentos
de células T CD4+< 350 células/mm3, se aprecian diferencias
de la carga viral muy pequeñas según el sexo; en consecuencia,
en este grupo no se recomienda realizar cambios de las directrices terapéuticas
para las mujeres.
Está justificada la realización de estudios
adicionales sobre las diferencias de los parámetros virales e inmunológicos
entre los sexos. Es probable que alguna de dichas diferencias esté
relacionada con las hormonas; se han descrito los efectos de los estrógenos
sobre la función inmunológica. De forma coherente con esta
hipótesis, existen algunos estudios preliminares sobre la variación
de la carga viral en función del ciclo menstrual influye en los
niveles circulantes de ARN-VIH-1. De forma adicional, otro estudio sugiere
que los parámetros farmacocinéticas pueden variar durante
el ciclo ovulatorio; se ha apreciado una variación de la farmacocinética
de indinavir durante el ciclo menstrual, con una tendencia a favor de
una mayor exposición farmacológica durante la fase folicular.
Infección por el virus
de la inmunodeficiencia humana en mujeres
La infección por el virus de la inmunodeficiencia
humana (HIV ha tenido un rotundo impacto en la salud de las mujeres y
a fines del año 1999 al 41% de los más de 33 millones de
personas que vivían con infección por HIV, o sea 13,8 millones,
eran mujeres. Las mujeres constituyen el segmento de crecimiento más
rápido de la población con infección por HIV en los
Estados Unidos, lo que representa el 7% de todos los casos de síndrome
de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) informados a partir de 1985; esta
proporción se elevó al 20% de todos los casos de SIDA diagnosticados
en 1996. Este capítulo analiza la epidemiología de la infección
por HIV en las mujeres, la transmisión del HIV a las mujeres, el
embarazo y el riesgo de transmisión perinatal, las manifestaciones
clínicas de la infección por HIV en las mujeres y los aspectos
del manejo de las pacientes con infección por HIV.
Epidemiología de la infección
por el VIH y SIDA en las mujeres
Las nuevas estimaciones de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) indican que la infección por HIV es mucho
más prevalerte a nivel mundial que lo que se pensaba antes. En
diciembre de 1998 las estimaciones indicaban que había 33,4 millones
de personas vivas con infección por HIV/SIDA y que más del
40% de esas personas eran mujeres. En 1998 hubo en promedio 16.000 casos
nuevos de infección por HIV por día, 5600 (40%) de los cuales
correspondieron a mujeres adultas y 1.600 a niños. A nivel mundial
la infección por HIV se transmite sobre todo a través del
contacto heterosexual, aunque el ADI y su contribución a la exposición
al HIV varían de acuerdo con la geografía. Como las mujeres
drogadictas tienen compañeros sexuales con un alto riesgo de infección
por HIV y el abuso de drogas puede llevar al intercambio de sexo por drogas
o dinero es posible que exista una subestimación del reconocimiento
y la comunicación de la diseminación de casos a través
del contacto heterosexual.
La región geográfica con el mayor número de mujeres
infectadas por el HIV es la región subsahariana de África,
donde el 7,4% de todas las mujeres de entre 15 a 49 años están
infectadas por el HIV. La transmisión heterosexual continúa
siendo el modo predominante de transmisión de HIV en África.
En concordancia con el deficiente acceso a la información y a los
servicios dedicados a la prevención de la transmisión de
madre a niño en esta región, en el año 1997 nacieron
530.000 niños infectados por HIV, lo que representa cerca del 90%
de las nuevas infecciones pediátricas por HIV en el mundo. Las
proyecciones para el año 2000 indicaban que 6 millones de mujeres
infectadas por el HIV embarazadas en los países en vías
de desarrollo, sobre todo Asia y en la región subsahariana de África.
En Botswana la proporción de habitantes adultos vivos infectados
por HIV se ha duplicado durante los últimos 5 años y en
1997 el 43% de las mujeres embarazadas evaluadas en el centro urbano de
Francistown estaban infectadas por el virus. Como en los Estados Unidos,
en un comienzo el SIDA se concentró en las áreas urbanas
pero en la actualidad se está extendiendo hacia áreas más
periféricas de pequeños poblados y zonas rurales, sobre
todo a lo largo de las carreteras y las rutas transitadas por camiones.
Es probable que el área con el máximo crecimiento de la
epidemia de infección por HIV sea Asia continente en el que la
epidemia es más nueva que en África. Las tasas de seroprevalencia
son muy variables, a menudo con epidemias coexistentes dentro de un país;
los análisis genéticos realizados en China sugieren poca
superposición entre las epidemias de infección por HIV entre
los usuarios de drogas inyectables y los que practican sexo con fines
comerciales. En pocos países de Asia se han complejizado los sistemas
para controlar la epidemia de manera adecuada y las pequeñas diferencias
en las tasas pueden alterar en gran medida las estimaciones de la cantidad
de personas infectadas, dado el enorme tamaño de la población
combinada de China, la India y el sudeste de Asia. En Vietnam, Malasia
y la India todavía se informaron tasas crecientes de seropositividad
para HIV entre las prostitutas. Después de una explosión
inicial de las tasas de seroprevalencia entre este tipo de mujeres en
Tailandia los recientes esfuerzos de prevención patrocinados por
el gobierno dieron como resultado una disminución espectacular
en las incidencias.
En América Latina y el Caribe la epidemia de infección por
HIV se concentra en poblaciones abandonadas que viven en la marginación
desde los puntos de vista social y económico de la sociedad. En
Brasil la seroprevalencia del HIV está aumentando entre las mujeres
y los heterosexuales a medida que aumentan las tasas entre los drogadictos
y sus parejas sexuales. La relación hombre-mujer de casos de SIDA
disminuyó del 16:1 en 1986 a 3:1 en 1996. De manera global, en
América Latina y el Caribe se informan tasas de seroprevalencia
e mujeres embarazadas que varían del 2 al 8%.
La alta tasa de mortalidad por infección por HIV/SIDA ha tenido
un impacto importante en las familias. Se estima que desde que comenzó
la epidemia unos 8 millones de niños y adolescentes HIV-negativos
en todo el mundo se han convertido en huérfanos por la pérdida
de su madre o de ambos padres por SIDA. Se espera que en el año
2000 estas estimaciones se dupliquen, con más de 80.000 jóvenes
huérfanos de madre en los Estados Unidos. Es evidente que se necesitan
estrategias más eficaces para prevenir la transmisión del
HIV.
Transmisión del VIH a las
mujeres.
Transmisión heterosexual
De manera general, la transmisión heterosexual
es responsable de las diseminación de la infección por HIV
en alrededor del 90% de las personas vivas con SIDA y es la forma de transmisión
del HIV de crecimiento más rápido en los Estados Unidos.
Sin embargo, los mecanismos de transmisión heterosexual todavía
no se conocen bien. El HIV ha sido aislado del semen de hombres infectados
y de las secreciones cervicovaginales de mujeres infectadas. Aunque la
transmisión heterosexual parece más eficaz desde los hombres,
las mujeres infectadas pueden transmitir el virus a sus parejas.
Transmisión perinatal
Estrategias para prevenir la transmisión
heterosexual
Es probable que le tratamiento de las ETS disminuya tanto
la transmisión de HIV como la susceptibilidad a la infección
por ese virus. En un ensayo clínico realizado en Tanzania entre
personas de comunidades rurales los métodos de detección
generales de las ETS y el tratamiento de los casos sintomáticos
de ETS dieron como resultado una reducción del 40% en la incidencia
de infección por HIV en comparación con un pueblo en el
que no se disponía de estos mecanismos.
El papel desempeñado por los anticonceptivos hormonales en el riesgo
de transmisión del HIV sigue siendo incierto. Los anticonceptivos
de barrera constituyen un medio eficaz para prevenir la transmisión
del HIV. De Vincenzi no encontró transmisión heterosexual
entre 124 parejas discordantes en lo relativo al estado sexológico
para HIV que utilizaron preservativos de manera sistemática pero
halló una tasa de seroconversión de 4,8 por cada 100 personas-año
en las 121 parejas discordantes que emplearon preservativos de manera
que no fue uniforme. En consecuencia debe alentarse el uso d anticonceptivos
de barrera así como de preservativos tanto como medio de anticoncepción
como para la protección parcial contra la infección por
HIV y otras ETS.
Nuestros conocimientos acerca de los factores asociados
con la transmisión perinatal han aumentado mucho y los adelantos
logrados han conducido a una detección más precoz y confiable
de la infección por HIV en el recién nacido. Aunque las
medicaciones antirretrovirales utilizadas durante el embarazo y el parto
han producido disminuciones espectaculares en la transmisión perinatal,
todavía es poco lo que se sabe sobre los mecanismos y la patogenia
de la transmisión de madre a hijo.
Antes de que se utilizaran medicamentos antirretrovirales las estimaciones
de la frecuencia de transmisión perinatal variaban de menos del
13% en Europa a más del 60% en África, con frecuencias del
14 al 33% informadas en Estados Unidos. A medida que aumenta la cantidad
de mujeres infectadas por el HIV durante sus años fértiles
también aumenta la cantidad de niños que contraen la infección
ene. Período perinatal sin una intervención eficaz. Se necesitan
con urgencia estrategias prácticas y eficaces en relación
con los costos para reducir la transmisión perinatal.
Momento de la transmisión
Una mujer infectada por HIV puede transmitir la infección
a su hijo durante la gestación intrauterina, en el momento del
parto o en el período del posparto a través del amamantamiento.
El HIV-1 ha sido aislado de muestras de sangre fetal tomadas antes e la
finalización electiva del embarazo y de tejidos fetales ya a las
8 semanas de gestación. Además, en un estudio se observó
que en fetos abortados al comienzo del embarazo la mitad mostraba tejido
tímico con alta concentración de HIV, lo que había
causado depleción linfoide, lesión epitelial e involución.
En la mitad de los recién nacidos en los que finalmente se confirma
la infección por HIV el HIV-1 puede identificarse por cultivos,
reacción cadena de la polimerasa (PCR) o detección de antígeno
p24 en el momento del nacimiento o poco después, lo que se habían
infectado in útero antes del parto. Los recién nacidos infectados
por e HIV con pruebas negativas para el virus según la PCR o los
cultivos efectuados en el momento de nacer pueden haberse infectado al
final del embarazo o durante el proceso del nacimiento. Es posible que
las diferencias en el comienzo y la progresión de la infección
por HIV en los recién nacidos reflejen el momento de la infección.
Porque los neonatos infectados en las etapas más tempranas del
embarazo típicamente presentan a progresión más rápida
al SIDA mientras que los infectados en el momento de nacer experimentan
una infección asintomática y una supervivencia prolongada.
Se piensa en la mayor parte de los casos que la transmisión perinatal
ocurre cerca del parto o en el transcurso de este. El French Collanborative
Study (Estudio Francés Colaborativo), que utilizó datos
virológicos y sexológicos, aplico un modelo matemático
para calcular el momento de transmisión perinatal en mujeres que
no amantaban. Los investigadores estimaron que el 92% de todos los casos
de transmisión habían ocurrido durante los últimos
2 meses de embarazo y que un 65% (intervalo de confianza del 95% de 22
a 92%) se había producido en el período intraparto.
Para conocer mejor el momento de transmisión perinatal del HIV
se ha n realizado estudios con gemelos. Goedert y col. estudiaron 22 pares
de gemelos discordantes en cuanto a la seropositidad p ara HIV y hallaron
que en 18 de los 22 pares el gemelo que nació primero era el hermano
infectado. Los datos del Registro Internacional de Gemelos Expuestos al
HIV sugieren que el riesgo de infección en el gemelo que nace primero
sería del doble con respecto al que nace segundo (26% y 13%, respectivamente).
Las mayores tasas de infección de los gemelos que nacen primero
ser relacionarían con el mayor contacto con las secreciones maternas
durante el nacimiento.
Factores de riesgo de aumento de
la transmisión
La transmisión perinatal es proceso
multifactorial influido por factores virales inmunológicos y clínicos
en la madre y el recién nacido . La carga viral en el plasma materno
parece ser el predictor más importante del riesgo de transmitir
el HIV de modo perinatal. Coll y col. estudiaron a 67 madres infectadas
por el HIV-1 durante el embarazo y el trabajo de parto y a sus 69 recién
nacidos (incluidos dos pares de gemelos) y encontraron una firme relación
entre las concentraciones plasmáticas de RNA viral mayores de 105/mL
[odss ratio (OR) (riesgo relativo estimados [odds ratio, OR] 22, intervalo
de confianza del 95% de 4,4-119,2 p < 0,00001), los recuentos de células
CD4+ de menos d e400/mm3 (OR 4,14 intervalo de confianza del 95% de 1,1-15,4
p = 0,01) y la transmisión del HIV. Las mujeres con enfermedad
por HIV más avanzada y recuentos de células T CD4+ menores
y CD8+ mayores corren mayor riesgo de transmitir e HIV de modo perinatal.
En un estudio de casos y controles incluido en un estudio de seguimiento
prospectivo de mujeres infectadas por el HIV Thea, y col. descubrieron
que la carga viral materna alta aumentaba la probabilidad de transmisión
perinatal en las mujeres sin SIDA.
Factores que influirían en la transmisión madre-hijo de
virus de la inmunodeficiencia humana:
Factores maternos
Enfermedad avanzada por HIV según lo determinado por
Estadificación clínica
Bajo recuento de linfocitos CD4+
Cargas virales más altas
Antigenemia p24
Infección primaria por HIV
Fenotipo viral: inductor de sincitios
Genotipo viral: cepa mutante virulenta del HIV
Coexistencia de infección con otras enfermedades de transmisión
sexual
Gemelos primogénitos
Eventos obstétricos
Partos vaginal
Procedimientos invasívos o monitoreo fetal durante el trabajo de
parto
Ruptura prematura prolongada de las membranas (< 4 horas)
Mayor edad materna
Hábito de fumar cigarrillos y abuso de drogas ilícitas durante
el embarazo
Amamantamiento
Relaciones sexuales sin protección con múltiples compañeros
Factores fetales o placentarios
Corioamnionitis
Prematurez
Bajo peso al nacer
Factores asociados con el trabajo de parto o el canal de parto
Carga viral cervicovaginal
Respuesta inmune local específica contra el HIV
Transfusión de sangre materno-fetal
Factores inmunes
Humorales
Anticuerpos neutralizantes
Citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos
Anticuerpos contra el asa V3 de la gp 120
Concordancia del MHC
Otros
Mediados por células
Linfocitos T citotóxicos
Supresión de CD8
Inmunidad de las mucosas.
No se ha observado un umbral a partir del cual no suceda
la transmisión las mujeres con niveles plasmáticos no detectables
de RNA del HIV han transmitido el HIV de manera perinatal. La seroconversión
materna asociada con viremia aguda por HIV con alto títulos previos
al embarazo o durante el amamantamiento también parece relacionarse
con tasas aumentadas de transmisión.
En muchas publicaciones se ha correlacionado la transmisión perinatal
con factores virológicos tales como la Antigenemia p24, un fenotipo
inductor de sincitios (IS) versus un fenotipo no inductor de sincitios
(no IS) y cultivos HIV-a positivos persistentes. Si bien se piensa que
la producción de anticuerpos neutralizantes antólogos confiere
protección y que los niveles bajos se asocian con un aumento de
la transmisión, algunos estudios recientes han informado resultados
contradictorios. En los nuevos trabajos realizados por MacDonald y col.
se halló que la discordancia en le complejo mayor de histocompatibilidad
(MHC) madre e hijo se asociaba con una disminución de la transmisión
perinatal del HIV.
La deficiencia de vitamina A en las mujeres embarazadas
infectadas por el HIV ha sido asociada con un aumento de la eliminación
vaginal de HIV-1 y con un incremento de la transmisión perinatal
en países no industrializados. En un estudio de cohortes de mujeres
infectadas por el HIV en Malawi fue común encontrar bajos niveles
maternos de vitamina A durante el embarazo en un análisis de regresión
logística multivariado la deficiencia de vitamina A fue un factor
preeditor independiente de la transmisión perinatal. La vitamina
A ayuda a estimular la regeneración de las células epiteliales
y los niveles bajos de vitamina A, pueden asociarse con soluciones de
continuidad en las mucosas y con un aumento de la eliminación de
HIV en las secreciones genitales. La deficiencia de vitamina A también
se asociaron el deterioro de la inmunidad y el consiguiente aumento de
la susceptibilidad a las infecciones. Dada la posibilidad de teratogenicidad
de la vitamina A cuando se la administra al comienzo de la gestación
y el hallazgo de que pocas mujeres embarazadas en los Estados Unidos presentan
deficiencia de vitamina A, en la actualidad no se recomienda administrar
suplementos de esta vitamina más allá del que presentan
los complejos vitamínicos prenatales. Sin embargo, muchas mujeres
embarazadas del mundo pueden estar expuestas al riesgo de desarrollar
una deficiencia de vitamina A y es posible que en esos casos la suplementación
resulte beneficiosa.
Los fenotipos biológicos virales pueden influir en la transmisión.
Existen más probabilidades de que se transmitan los asilamientos
virales con tropismo por los macrófagosmonocitos (M-trópicos)
o no-IS que los aislamientos con tropismo por las células T o los
aislamientos IS. Los aislamientos obtenidos a partir de recién
nacidos infectados tienden a ser de un fenotipo no-IS y los macrófagos
neonatales son infectados de preferencia por los aislamientos virales
M-trópicos no IS.
El HIV-1 puede ser clasificado en por lo menos nueve genotipos diferentes
(CLADES) sobre la base de las diferencias en la región de la envoltura
del genoma viral . La distribución de los subtipos difiere en las
distintas partes del mundo: el subtipo B predomina en los Estados Unidos
y Europa, los subtipos A, C, y D predominan en África y los subtipos
B y E predominan en Tailandia. El papel de los subtipos en la transmisión
perinatal aún no ha sido definido pero algunos estudios epidemiológicos
sugieren que e subtipo E puede transmitirse de manera más eficaz
por vía sexual que e subtipo B, lo que tal vez explique algunas
de las diferencias en las tasas de transmisión observadas entre
los distintos países.
Los factores sociodemográficos y el estilo de vida también
parecen influir en el riesgo de transmisión perinatal. El abuso
de drogas por parte de la madre, sobre todo después del primer
trimestre puede modificar el riesgo de transmisión perinatal del
HIV-1. Diversos estudios han sugerido que la tasa de transmisión
perinatal aumentaría con una mayor frecuencia de relaciones sexuales
vaginales no protegidas después del primer trimestre de embarazo
aun a pesar del control de los recuentos maternos de CD4+, el uso de zidóvudina
y el mayor reconocimiento y el mayor reconocimiento diagnóstico
de las ETS durante el embarazo.
También se considera que los factores obstétricos se asocian
con un aumento de la transmisión perinatal del HIV-1. Estos factores
incluyen corioamnionitis, placenta previa e intervenciones invasivas como
el monitoreo del cuero cabelludo, la obtención de muestras de las
vellosidades criónicas, la amniocentesis, la obtención de
muestras de sangre del cordón y la biopsia de placenta.
La cesárea electiva parece reducir el riesgo de transmisión
perinatal de HIV-1. El beneficio protector de la cesárea electiva
se demostró en dos estudios recientes:1) un gran metaanálisis
de 15 estudios de cohortes prospectivos norteamericanos y europeos que
incluyeron 8.533 pares de madre-hijo y 2) un ensayo clínico prospectivo
aleatorizado de cesárea electiva versus parto vaginal entre 370
pares de madre-hijo. En el mataanálisis, después de la corrección
por la administración de terapéutica antirretroviral, el
estudio de la enfermedad materna y el peso del neonato al nacer, una cesárea
electiva disminuyó el riesgo de transmisión perinatal de
HIV-1 en alrededor del 50% 8Orcorregido.0,43: intervalo de confianza del
95% de 0,33 a 0,56). En el ensayo clínico prospectivo aleatorizado
la tasa de transmisión correspondiente a las pacientes asignadas
a una cesárea fue de sólo el 1,8% (3 de 170 recién
nacidos) correspondiente a las pacientes asignadas al parto vaginal. Aunque
los datos demuestran con claridad el beneficio protector de la cesárea
electiva es importante destacar que estos estudios se realizaron en poblaciones
que no recibían terapéutica antirretroviral altamente activa
con inhibidores de las proteasas o inhibidores no nucleósidos de
la transcriptasa inversa. Se desconoce el grado de eficacia protectora
que ofrece la cesárea a las pacientes con terapéutica antirretroviral
altamente activa o con cargas virales plasmáticas no detectables.
En las mujeres HIV- positivas la cesárea puede asociarse con una
aumento del riesgo de infección otras enfermedades postoperatorias,
en especial en las pacientes con enfermedad avanzada por HIV. La morbilidad
asociada con la cesárea fue baja en el ensayo prospectivo aleatorizado
pero la fiebre posparto fue mucho más frecuente en las mujeres
que dieron a luz por cesárea electiva que en las que lo hicieron
por parto vaginal (6,7% versus 1,1%, p = 0,002). Aún no existen
normas nacionales sobre la cesárea pero las mujeres infectadas
por el HIV deben ser informadas acerca de estos resultados y la decisión
relativa a la modalidad de parto debe considerarse en forma individual.
La transmisión del HIV a través de la lecho materna es avalada
por la transmisión conocida de otros virus por la leche, por la
detección de HIV-1 en los compartimientos celular y acelular de
la leche materna y en los trabajos publicados sobre la transmisión
a partir de madres infectadas por el HIV-1 durante el período postnatal.
En un estudio realizado en Ruanda se encontró que entre el 36 y
el 60% de los niños alimentados con leche materna cuyas madres
habían contraído la infección por HIV en el período
postnatal también fueron infectadas por el virus y que la seroconversión
del recién nacido y la madre ocurrieron durante el mismo período
de 3 meses. Presumiblemente estos recién nacidos habían
estado expuestos a latos títulos virales y no se habían
detectado una respuesta inmune humoral ni celular específica de
la madre contra el HIV-1. Un metaanálisis de estudios publicados
antes del año 1992sugirió un riesgo atribuible a la transmisión
a través de la leche materna del 14% en las mujeres infectadas
antes del embarazo y del 26% en las mujeres infectadas ene. Período
postnatal.
En síntesis, existen varios factores que pueden aumentar el riesgo
de transmisión perinatal del H IV. Algunos de estos factores pueden
ser modificados, por ejemplo mediante la disminución de la carga
viral con agentes antirretrovirales, la limitación del tiempo de
exposición del recién nacido a las secreciones genitales
de la madre infectada mediante el parto por cesárea el acortamiento
del proceso de trabajo de parto, la disminución de la exposición
de las membranas rotas o la limitación de los procedimientos invasivos
cono el monitoreo del cuero cabelludo. La promoción de prácticas
sexuales más seguras entre ellas el uso de preservativos la limitación
de la cantidad de compañeros sexuales y la abstención de
drogas, tabaco y alcohol, también puede reducir el riesgo de transmisión
perinatal.
Impacto del embarazo
sobre la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana
Aunque el embarazo y la infección por HIV son cuadros
inmunosupresores, los grandes estudios realizados en los Estados Unidos
no han demostrado que el embarazo acelere la replicación del HIV
o la progresión de la enfermedad. Los datos provenientes de los
países en vías de desarrollo sugieren que habría
una progresión de la enfermedad por HIV. Las diferencias en el
impacto del embarazo sobre la infección por HIV en distintas áreas
geográficas reflejarían diferencias en posibles factores
de confusión como por HIV la pobreza y la nutrición, una
mayor probabilidad de enfermedad avanzada en el momento del embarazo y
el impacto de enfermedades infecciosas adicionales. El embarazo no parece
determinar una aceleración de la enfermedad por HIV en la mayoría
de las mujeres con enfermedad más avanzada tienden a experimentar
la progresión de su enfermedad en un período más
corto que el típico de las mujeres con enfermedad menos avanzada
lo que sugiere que el embarazo podría acelerar la progresión
de la enfermedad por HIV en esos casos
Existen datos contradictorios acerca de los efectos de la infección
por HIV y el embarazo sobre la función y el fenotipo de las células
T. Es esperable que los niveles de inmunidad celular y linfocitos CD4+
disminuyan durante el embarazo para retomar en el futuro a los valores
básales. En los embarazos complicados por la infección por
HIV la cantidad de células CD4+ disminuye él alcanza sus
niveles más bajos en el tercer trimestre. No se sabe si estas disminuciones
se deben a la infección por el HIV, al embarazo o a la hemodilución
A diferencia de lo que ocurre en las mujeres no infectadas por HIV, en
las infectadas el recuento de CD4+ rara vez retorna a los niveles previos
al embarazo a menos que se administren agentes antirretrovirales. Para
determinar si los cambios inmunológicos en las mujeres HIV positivas
producen progresión de la enfermedad por HIV durante el embarazo
se requieren estudios longitudinales prospectivos adicionales.
Impacto de la
infección por el virus de la inmunodeficiencia humana sobre el
pronóstico del embarazo
En los estudios realizados en países industrializados
la infección materna por HIV no ha sido asociada con anomalías
fetales, parto prematuro, bajo peso al nacer o anormalidades específica
relacionadas con el embarazo. En 1986 se informó por primera vez
un síndrome dismórfico asociado con la infección
por HIV. Las características clínicas incluían retraso
del crecimiento microcefalia, puente nasal aplanado, frente prominente,
ojos en posición oblicua y labios patulosos, Sin embargo, en los
trabajos posteriores no se halló una asociación entre las
anomalías congénitas y el estado serológico con respecto
a HIV. En la actualidad se considera que las observaciones originales
se debieron a variables de confusión tales como abuso de drogas,
alcohol. Como la infección por HIV en una fase muy temprana del
embarazo parece rara, la embriopatía aparentemente no representaría
un problema importante en los embarazos de las mujeres con infección
por HIV. En informes provenientes de varias regiones en vías de
desarrollo se habla de una incidencia aumentada de partos pretérmino
y de niños con bajo peso al nace. La infección por HIV no
parece ser una causa d aborto espontáneo; sin embargo, la mayor
parte de los informes publicados sugieren una tendencia en esa dirección.
En un gran estudio realizado en Malawi 6.605 mujeres fueron evaluadas
de manera consecutiva para HIV y las mujeres seropositivas comunicaron
con más frecuencia que las seronegativas antecedentes de aborto
espontáneo(15% versus 7%). Se requieren estudios adicionales con
cantidades adecuadas de mujeres para dilucidar el impacto de la infección
por HIV sobre el resultado del embarazo.
Manejo de la mujer
embarazada infectada por el virus de la inmunodeficiencia humana
Una mujer embarazada infectada por el HIV debe ser controlada
de cerca por su obstetra y el especialista en HIV que la asistía
cuando no estaba embarazada. Deben realizarse una anamnesis completa y
un examen físico minucioso con el fin de documentar los h hallazgos
básales y permitir la detección precoz de cualquier anormalidad.
La anamnesis debe permitir la identificación d todos los factores
que se sabe que se asocian con un aumento de la transmisión perinatal,
es decir antecedentes de ETS, abuso de drogas y alcohol, tabaquismo y
una actividad sexual de alto riesgo, lo que incluye la falta de uso de
preservativos, porque, la modificación de estas prácticas
puede reducir el riesgo no farmacológico de transmisión
perinatal. Un examen físico completo que incluya un examen pelviano
puede revelar cuadros que tal vez justifiquen el tratamiento. El estado
de la enfermedad de la mujer infectada por el HIV-1 debe evaluarse en
el momento de la presentación y por lo menos cada trimestre mediante
el estudio de los marcadores de linfocitos (es decir, subpoblaciones de
CD4+/CD8+) y la evaluación de la carga viral. El seguimiento de
la atención obstétrica sistemática y las decisiones
acerca de iniciar, continuar o corregir la terapéutica antirretroviral
deben ser iguales que en las mujeres no infectadas por el HIV. Las mujeres
embarazadas deben recibir un régimen antirretroviral que suprima
la replica de HIV por debajo de los niveles detectables .La evaluación
de la carga viral también debe repetirse alrededor de 4 semanas
después del cambio de la medicación para proporcionar una
retroalimentación sobre la eficacia del régimen antirretroviral.
El Servicio de Salud Pública Norteamericano recomienda que en los
Estados Unidos las mujeres infectadas se abstengan de amamantar a sus
niños para evitar la transmisión posnatal del HIV-I a través
de la leche materna.
Las decisiones sobre la medicación antirretroviral en el embarazo
deben ser tomadas por la paciente después de conversar con su médico
acerca de los beneficios conocidos y desconocidos y de los riesgos de
la terapéutica. Dado que el riesgo de teratogenicidad es máximo
durante el primer muchos prestadores aconsejan esperar hasta él
finadle ese trimestre par comenzar con nuevas medicaciones. El estado
clínico, inmunológico y virológico de la madre debe
ser sopesado contra el potencial efecto del tratamiento sobre el feto.
La mujer infectada por HIV que ya está recibiendo la terapéutica
antirretroviral y que descubre que está embarazada puede optar
por continuar con su tratamiento o por suspenderlo hasta la semana 14
del la gestación. Si el tratamiento se suspende todos los fármacos
deben ser suspendidos y reintroducidos de manera simultánea par
evitar el desarrollo de resistencia a los agentes antirretrovirales. Sin
embargo, la suspensión de la medicación puede determinar
un rebote de la carga viral, lo que a su vez puede incidir en la transmisión
del HIV y en la posibilidad posterior de obtener un control virológico.
Dado que la ZVD es el único agente antirretroviral que se ha demostrado
que reduce la transmisión perinatal, independientemente de su efecto
sobre la reducción de la carga viral materna, se recomienda agregar
ZDV o utilizarlo como sustituto de otro antirretroviral análogo
de los nucleósidos después de las 14 semanas de gestación.
El régimen de dosificación estándar de al ZDV en
los adultos es de 200 mg tres veces por día o de 300 mg dos veces
por día , pero como se desconoce el mecanismo por el que la ZDV
reduce la transmisión perinatal, el régimen de dos o tres
veces por día puede no ser equivalente al observado en el ACTG076.
Sin embargo, cabe esperar que el cumplimiento de la paciente se vea aumentado
con este régimen más simple. La administración de
la ZDV se recomienda para la mujer embarazada durante el trabajo de parto
y para el recién nacido sin tener en cuenta el régimen antirretroviral
anterior al parto . Asimismo, el componente neonatal de 6 semanas del
régimen quimioprofiláctico de ZDV debe iniciarse tan pronto
como sea posible después del parto, de preferencia dentro de las
12 a24 horas posteriores al nacimiento, aun cuando la ZDV no se haya administrado
durante el embarazo o el trabajo de parto. No obstante, la discusión
sobre las opciones y las recomendaciones terapéuticas no debe ser
coercitiva y la decisión respecto de la aceptación o no
de los fármacos antirretrovirales debe ser tomada por la mujer
embarazada.
Los médicos que asisten a las embarazadas infectadas por el HIV-1
y a sus recién nacidos deben informar todos los casos de exposición
prenatal a cualquier medicación antirretroviral (sola o en combinación
) al Antirretroviral Pregnancy Registry (Post Office Box I3398, Research
Triangle Park, Nc 22709-3398; teélfono 1-9194839437 o 1-800722-9292,
ext.38465; fax 1-919-315-8981)
El tratamiento y la profilaxis de las infecciones oportunistas que se
presentan durante el embarazo deben seguir normas similares a las utilizadas
en las mujeres no embarazadas. Las embarazadas que desarrollan infecciones
oportunistas activas entre ellas tuberculosis deben recibir un régimen
medicamentoso desarrollado por especialistas en obstetricia y enfermedades
infecciosas. Como ocurre con las medicaciones antirretrovirales, los posibles
beneficios de los agentes profilácticos deben sopesarse en relación
con sus riesgos potenciales. Las vacunas antimeumocócica, anti-hepatitis
B y antigripal pueden administrarse durante el embarazo si están
indicadas. Las vacunas elaboradas con virus vivos como la vacuna antirrubeólica,
la vacuna antisarampionosa, la vacuna antiparotidítico y la vacuna
contra la varicela están contraindicadas durante la gestación
y el trabajo de parto y en el período posparto temprano.
En síntesis, las normas actuales para la prevención de la
transmisión perinatal del HIV incluyen el uso de una terapéutica
combinada óptima, según lo indicado clínicamente
con la inclusión de ZDV en el régimen cuando sea posible.
Aunque se dispone de datos mínimos acerca de la farmacocinética
y la seguridad de antirretrovirales distintos de ala ZDV durante el embarazo,
se considera que la salud global de la mujer un factor de importancia
fundamental
Tratamiento en la mujer embarazada
VIH+
Consejo preconcepcional
Muchas
de las mujeres infectadas por el VIH (cerca del 60% en algunos hospitales)
comienzan el embarazo conociendo su diagnóstico, y cerca de la mitad
de ellas reciben durante el 1.er trimestre de la gestación uno o
varios fármacos antirretrovirales. De las que han comenzado el tratamiento
antes del embarazo, el 40% necesitarán cambios en su terapéutica.
Este consejo preconcepcional debe realizarse en todas las mujeres en edad
reproductiva, como parte de los cuidados médicos básicos.
La intención de éstos es la identificación de los factores
de riesgo que pudieran complicar la gestación (edad, diabetes, hipertensión,
etc.), aportando los consejos dirigidos a las necesidades particulares de
cada paciente.
En el caso de la mujer infectada por el VIH estos cuidados deben focalizarse
para conocer el estado de la infección, la carga viral, el estado
inmunológico, el tratamiento antirretroviral, así como a la
educación dirigida a los riesgos de transmisión y a las estrategias
preventivas. Igualmente, se deseará una eficaz anticoncepción
hasta que el estado de salud de la madre sea lo más óptimo
posible.
Los aspectos recomendados para el consejo preconcepcional deben incluir:
1. Elección de un eficaz método anticonceptivo para reducir
embarazos no deseados.
2. Consejo y educación sobre los riesgos de transmisión y
las medidas para reducirlos, y los efectos posibles del VIH o del tratamiento
en el curso del embarazo y posterior evolución.
3. Iniciar o modificar el tratamiento antirretroviral antes de la gestación:
Supresión de los fármacos con
potencial toxicidad en el desarrollo del feto.
Elegir un tratamiento eficaz para la reducción
del riesgo de transmisión perinatal.
Alcanzar una estable y máxima supresión
de la carga viral.
Evaluar y controlar los efectos secundarios
que pudieran complicar la salud de la madre y el feto (hiperglucemia, anemia,
toxicidad hepática, etc.).
4. Evaluar las infecciones oportunistas para iniciar la profilaxis y la
administración de inmunizaciones (influenza, neumococo o VHB).
5. Asegurar un adecuado estado nutricional materno.
6. Manejo habitual del screening de enfermedades de transmisión sexual
e inicio de aporte de ácido fólico.
7. Investigar alteraciones psicológicas y drogodependencia.
Los servicios médicos para la mujer con infección por VIH
deben comprender un conjunto multidisciplinario de especialistas en planificación
familiar, asistencia primaria, medicina interna, y obstetricia/ginecología.
Tratamiento
antirretroviral en la gestante infectada por VIH
Desde las antiguas recomendaciones de 1994 desarrolladas por el Servicio
de Salud Pública de EE.UU., sobre el uso de zidovudina para reducir
la TMI del VIH, y desde las Recomendaciones del Consenso Europeo para
el Control de la Mujer Infectada por VIH y sus Hijos de Octubre de 1998,
las estrategias para prevenir la transmisión perinatal y las diversas
ideas relacionadas con el control de la infección por el VIH en
la embarazada se ha desarrollado rápidamente. En febrero de 2000
y enero de 2001 se ha presentado una puesta al día de las Recomendaciones
del Servicio de Salud Pública de EE.UU. para reducir la transmisión
perinatal.
La decisión para el tratamiento de la gestante debe estar determinada
por algunos factores, como los cambios fisiológicos normalmente
asociados al propio embarazo, y los efectos a corto y a largo plazo de
los antirretrovirales en el feto y el niño. Como siempre, la decisión
de utilizar algún ARV durante el embarazo debe ser discutida con
la embarazada después de conocer los posibles riesgos y beneficios
del mismo. Lamentablemente, la información de la que disponemos
sobre la seguridad de los ARV en la gestante se ha obtenido por experimentación
en animales, algunas experiencias accidentales y en escasos ensayos clínicos
de farmacocinética en embarazadas y seguridad en el recién
nacido. Información extensa y detallada sobre los actuales conocimientos
de seguridad y toxicidad de los fármacos antirretrovirales se ha
publicado en las Guías para el uso de antirretrovirales en adultos
y adolescentes infectados por el VIH-1 de enero de 2000.
De los últimos ARV recientemente adquiridos, el abacavir (ABC,
Ziagen®) tiene paso transplacentario y presenta efecto teratógeno
con malformaciones esqueléticas y desarrolla anasarca en roedores,
el efavirenz (Sustiva®) también posee paso placentario y desarrolla
anomalías encefálicas y oculares en chimpancés. El
amprenavir solo ha mostrado deficiente osificación y elongación
del timo en roedores y se desconoce su paso placentario.
Al disponer de nuevos agentes antirretrovirales y las pautas de combinación
de estos fámacos en el embarazo son cada vez más comunes,
han aumentado las preocupaciones sobre los posibles efectos adversos en
el feto y el niño y las complicaciones durante el embarazo, y han
surgido alarmas alrededor de una posible asociación entre ciertos
tratamientos antirretrovirales y la toxicidad mitocondrial y la prematuridad.
Es conocido que algunos fármacos (análogos, ITIAN) pueden
producir una alteración metabólica denominada disfunción
mitocondrial. Este efecto es más importante en el ddC (zalcitabina,
Hivid®), seguido por el ddI (Videx®), estavudina (Zeryt®),
lamivudina (Epivir®), ZDV (Retrovir®) y, por último, el
ABC (abacavir, Ziagen®). Unos investigadores franceses informaron
de 8 casos de niños no infectados, expuestos durante el
embarazo o en el parto a ITIAN, 4 de ellos a zidovudina con lamivudina
y los otros sólo a ZDV, que desarrollaron disfunción mitocondrial.
Dos de ellos presentaron un enfermedad neurológica grave y fallecieron
(expuestos a ZDV/3TC). Tres tenían una sintomatología de
ligera a moderada. De todas formas no se ha demostrado la vinculación
entre estos hallazgos y la exposición del feto a estos fármacos.
Más tarde, en septiembre de 1999, se presentaron los resultados
de un estudio que acumulaba los datos de grandes series en EE.UU., encontrando
en total 353 muertes de cerca de 20.000 niños que habían
estado o no expuestos a antirretrovirales y que habían nacido de
madres infectadas por el VIH. No se detectaron muertes con las características
similares a las de los investigadores franceses. De todas formas, la mayoría
de las madres sólo habían recibido ZDV y una mínima
parte ZDV y 3TC. En la misma reunión, se revisaron los resultados
de la búsqueda de enfermedad neurológica en 1.798 niños
participantes en el ensayo africano denominado PETRA, que comparaba tres
regímenes de ZDV y 3TC. No se detectaron alteraciones neurológicas.
Existe un conocido Registro de tratamientos antirretrovirales en el embarazo,
en la ciudad de Wilmington (EE.UU.) desde hace años, que posee
escasos datos de gestantes en tratamientos con ARV, cuya utilidad en proyectos
epidemiológicos para la recogida de datos observacionales y no
experimentales para el estudio de la potencial teratogenia de ARV durante
el embarazo, no han aportado más resultados que los estudios de
toxicología animal.
Escenarios clínicos
Las recomendaciones para iniciar y elegir el tratamiento para gestantes
es el mismo que para no gestantes, aunque el conocimiento de riesgos y
beneficios de los ARV debe ser conocido. Se plantean diversos escenarios
o posibles situaciones, y el clínico experto en infección
VIH con una gestante debe adoptar una decisión preventiva y terapéutica.
Las diversas guías editadas en Europa y EE.UU. para la prevención
de la transmisión perinatal del VIH se pueden resumir en una tabla
de posibles escenarios (Tabla 1).
Escenario 1
Plantea la gestante que nunca ha recibido TARV. Además de la habitual
valoración clínica, inmunológica y virológica,
recibirá una profilaxis de ZDV de tres partes. Pero la terapia
combinada con otros ARV será discutida con la paciente, y considerada
cuando la carga viral sea de más de 1.000 copias/mL independientemente
del estado clínico o inmunológico, y ofreciéndola
a las mujeres infectadas que puedan conseguir adicionales beneficios y
valorando los riesgos para el niño.
Se elegirá un tratamiento combinado que incluya un inhibidor de
la proteasa como el nelfinavir (Viracept®), saquinavir (Fortovase®)
y ritonavir (Norvir®) o un inhibidor de la transcriptasa inversa no
nucleósido como el nevirapine (Viramune®), por la inadecuada
supresión y riesgo de desarrollo de resistencias en los tratamientos
con sólo dos nucleósidos.
Si el tratamiento ha sido iniciado durante el embarazo sólo para
reducir la transmisión perinatal, se interrumpirá después
del parto y se reiniciará cuando cumpla los criterios habituales
en el seguimiento de los adultos no gestantes.
Escenario 2
Corresponde a la gestante que está recibiendo TARV durante este
embarazo. En el caso de verla por primera vez, después del primer
trimestre, continuar el tratamiento. Hay que considerar la supresión
del tratamiento durante el primer trimestre y reanudar de forma simultánea,
posteriormente a la 14.ª semana. La zidovudina será un componente
esencial del tratamiento, si es posible, durante el embarazo. Se debe
recomendar la administración de ZDV durante el parto y al recién
nacido durante 6 semanas. En mujeres con una supresión subóptima
de la carga viral cerca del parto, a pesar de recibir una profilaxis con
ZDV o la combinación de fármacos antirretrovirales, no está
demostrado que el añadir algún fármaco más
durante la dinámica de parto aumente la protección contra
la transmisión perinatal (nevirapine). El estudio de resistencias
es recomendado para las mujeres embarazadas con las mismas indicaciones
que en las no gestantes (infección aguda por VIH, fallo virológico
o disminución subóptima de la carga viral después
de comenzar el tratamiento antirretroviral)14, y la realización
en madres que presenten una buena respuesta virológica (menos de
1.000 copias/mL de carga viral) al tratamiento, no se beneficiarán
más por realizarlo. Algunos clínicos han recomendado el
test de resistencias para todas las mujeres embarazadas, aunque esto está
en controvesia108. Los virus resistentes a la zidovudina se han asociado
con una mayor transmisión perinatal109. El régimen terapéutico
eficaz que se ha llevado durante el embarazo se continuará, en
lo posible, durante el parto para conseguir el máximo efecto virológico
y evitar la posible aparición de resistencias.
Escenario 3
Presenta la gestante que acude con dinámica de parto y no ha llevado
TARV previamente. Se presentan diversas posibilidades:
1. Una dosis de NVP al comienzo del parto
seguida de única dosis de NVP al r.n. durante 48 h.
2. ZDV/3TC durante el parto, seguido de
ZDV/3TC durante una semana al r.n.
3. ZDV i.v. intraparto a la madre y después
ZDV oral al r.n. durante 6 semanas.
4. NVP a la madre en el parto y al r.n.
durante 48 h, combinado con ZDV i.v. a la madre y ZDV oral al r.n. durante
6 semanas. Su eficacia no está valorada.
Escenario 4
Correspondería al niño nacido de madre que ha recibido o
no tratamiento durante el embarazo o el parto. Es muy importante comenzar
lo más precoz la profilaxis con ZDV, en las primeras 6 a 12 h desde
el nacimiento, y continuando durante 6 semanas. Al recién nacido
se le realizará precozmente un test diagnóstico, para comenzar
un rápido tratamiento. En algunos datos epidemiológicos,
realizados en la Universidad de Nueva York, la tasa de transmisión
fue del 9% en niños que habían recibido zidovudina en las
primeras 48 h del nacimiento, comparado con el 18%
cuando esa profilaxis se había iniciado después de las 48
h y un 27% si no habían recibido profilaxis.
En algunos casos, cuando la madre presenta resistencias sospechadas a
antirretrovirales, y cuando no ha sido controlado el embarazo, o se sospecha
una mala situación virológica y/o inmunológica, se
puede plantear una combinación de ZDV con otros ITIAN (3TC, lamivudina,
Epivir®), ITINN (NVP, Viramune®), o IPs, y el uso con monoterapia
de Estavudina (Zeryt®) o nevirapina (Viramune®). La iniciación
de la profilaxis pos-exposición después de dos días
no es eficaz en la prevención de la transmisión.
|
Tabla
1. Escenarios clínicos y recomendaciones para el uso de ARV
para reducir la transmisión perinatal de VIH
|
| Escenario
clínico |
Recomendaciones |
|
Escenario
1.
Gestante infectada que no ha recibido previamente TARV
|
La
gestante infectada recibirá la valoración habitual clínica,
inmunológica, y virológica.
La iniciación del TARV se realizará de la misma forma
como si no estuviera embarazada. Se discutirán los beneficios
y riesgos del mismo. Se recomendará la profilaxis con tres
partes de ZDV.
Las combinaciones con otros antirretrovirales estarán basadas
en el estado clínico, inmunológico y virológico.
Se considerará retrasar la iniciación del tratamiento
hasta la 10.ª-12.ª semana de gestación. |
Escenario
2. Gestante
infectada
que está
recibiendo TARV
durante el embarazo
|
Si
ha rebasado el primer trimestre continuar el TARV. Si no es así,
la continuación del tratamiento se basará en el estudio
de los beneficios y riesgos potenciales.
En caso de no continuar, se interrumpirán todos los fármacos
y se reintroducirán simultáneamente después de
la 14.ª semana. Se recomienda la administración de ZDV
durante el parto y al recién nacido (r.n.), independientemente
del TARV que ha tomado durante el embarazo. |
Escenario
3. Gestante
infectada
en trabajo de parto sin TARV
previo |
Posibles
pautas:
1) Dosis única de NVP al comienzo del parto, seguido de dosis
única al r.n. durante 48 h.
2) ZDV + 3TC durante el parto y al r.n. durante una semana.
3) ZDV i.v. intraparto y 6 semanas al r.n.
4) Pautas 1 y 3 combinadas. |
| Escenario
4. Niño nacido de madre infectada que no ha recibido TARV
durante la gestación ni durante el parto |
Durante
6 semanas ZDV oral, comenzando lo antes posible, preferiblemente
en las primeras 12-24 h del nacimiento.
Ante la sospecha de resistencia a ZDV, se usará combinado con
otro fármaco.
Aunque su eficacia se desconoce, se estudiará en el posparto
a la madre para determinar la indicación de TARV. |
Forma
de parto
La
cesárea (CST) electiva o programada ha sido utilizada como una
ayuda para reducir la transmisión maternoinfantil. En pasados estudios
se ha demostrado alguna eficacia del uso de la CST electiva59,60. En un
estudio aleatorizado, asignando madres entre las semanas 34.ª y 36.ª
del embarazo, y realizando CST electiva en la 38.ª semana del embarazo,
antes de la rotura de membranas, el 1,8% de los niños nacidos por
CST estaban infectados, comparados con el 10,5% que habían nacido
por parto vaginal.
Recientemente han sido comunicadas las nuevas Recomendaciones del uso
de antirretrovirales en la mujer embarazada, que está infectada
por VIH, para reducir la transmisión perinatal por el Servicio
de Salud Pública de EE.UU, en las que se añade un apartado
sobre el modo de finalización del embarazo. Este organismo recomienda
que, al examinar los riesgos de transmisiónvertical, se deberá
tener en consideración algunos aspectos:
Para obtener un mínimo en la reducción de la TMI,
se recomienda la profilaxis con zidovudina, a menos que la madre tenga
intolerancia a este fármaco.
La carga viral será controlada durante el embarazo para
determinar el modo de finalización del mismo.
La cesárea electiva reduce la TMI en mujeres sin tratamiento
antirretroviral, y con profilaxis con ZDV con niveles no conocidos de
carga viral.
A las mujeres con una carga viral de más de 1.000 cop/mL
se les planteará el beneficio de la cesárea electiva, para
la reducción de la TMI.
No existen datos suficientes para evaluar el posible beneficio
para el recién nacido con CE en las madres con tratamiento antirretroviral,
con cargas virales por debajo de 1.000 cop/mL. Por la baja tasa de transmisión
en este grupo, es difícil asegurar que la CE pueda añadir
algún beneficio en la reducción de la TMI.
No hay resultados suficientes para poder responder de si una cesárea
realizada después del comienzo de la dinámica o rápidamente
después de una rotura prematura de membranas para acortar el periodo
expulsivo, reduciría el riesgo de TMI. En cada caso se deberá
individualizar la indicación de la CE, según la duración
de la rotura de membranas, la evolución del parto, nivel de carga
viral, tratamiento antirretroviral actual y otros factores clínicos.
Se informará a la madre de los riesgos asociados a la cesárea,
para compararlos con los posibles beneficios aportados para el recién
nacido.
La Asociación Norteamericana de Obstetricia y Ginecología
(ACOG) recomienda que la CE debe realizarse en la 38.ª semana de
gestación, utilizando estimaciones clínicas y ecografías
realizadas en el primero o tercer trimestre de embarazo y evitando la
amniocentesis. Se debe tener en cuenta el posible riesgo de inmadurez
pulmonar del recién nacido que pueda requerir ventilación
mecánica.
La opción del modo de parto es complicada, y está influenciada
por diferentes factores. La decisión se realizará por la
mujer, después de conocer y discutir los conocidos y potenciales
riesgos y beneficios para ella y para el recién nacido, con su
médico especialista en enfermedades infecciosas y su decisión
será respetada.
El Servicio de Salud Pública contempla una serie de recomendaciones
según unos posibles escenarios clínicos para el modo de
parto que deberán mantener una flexibilidad según las circunstancias
individuales de cada paciente.
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Infecciones oportunistas en la
mujer VIH+
Manifestaciones
ginecológicas y enfermedades de transmisión sexual
Enfermedad cervical
La "zona de transformación" del cuello
uterino, caracterizada por la transición del revestimiento celular
normal de un epitelio escamoso de múltiples capas a un epitelio
cilíndrico de una capa sola, es el sitio más vulnerable
a la infección por el papilomavirus humano (HPV) potencialmente
oncogénico y, por consiguiente, la ubicación en la que cabe
esperar que se desarrolle un cáncer cervical. Las mujeres infectadas
por HIV son dos a tres veces más propensas que las mujeres no infectadas
a presentar niveles detectables de DNA del HPV en las muestras cervicovaginales
y alrededor de cinco veces más propensas a desarrollar lesiones
intraepteliales escamosas (LIE), condilomas acuminados vulvovaginales
o una neoplasia intraepitelial anal. De manera no sorprendente, la prevalecía
de LIE entre las mujeres infectadas por el HIV es alta, con tasas informadas
de alrededor de 12 al 40%. Las mujeres adolescentes presentan una susceptibilidad
particular, con tasas de prevalecía de LIE de hasta el 55%.
Es evidente que entre las mujeres infectadas por el HIV la enfermedad
por HPV, que se manifiesta como LIE o como una neoplasia intraepitelial
cervical (NIC) en el examen del cuello uterino, es influida por la inmunosupresión
inducida por el HIV las LIE como las infecciones por HPV clínicamente
evidentes se asocian con una disminución del recuentro de células
CD4+. Además, en las mujeres con niveles plasmáticos altos
de RNA del HIV existe un riego aumentado tanto en la infección
cervical por tipos de HPV de alto riesgo como de anormalidades citológicos
cervicales. Si bien en la mayoría de las mujeres infectadas por
el HIV con LIE las lesiones son de bajo grado, se ha in formado que son
más severas y extensas que en las mujeres no infectadas y que pueden
presentarse como extensas lesiones multifocales del cuello uterino y del
tracto genital inferior. La mayor incidencia de enfermedad relacionada
con HPV entre las mujeres infectadas por el HIV puede deberse a la alta
tasa de infecciones persistentes, en particular entre las pacientes con
marcada supresión inmune, por tipos de HPV oncogénicos asociados
con lesiones de alto grado de cáncer cervical.
Si bien el riesgo de progresión de la enfermedad cervical entre
las mujeres infectadas por el HIV con LIE de bajo grado o NIC de grado
1 es relativamente bajo, o de alrededor de 14 al 20% por año, el
riesgo de enfermedad recurrente después del tratamiento entre las
mujeres con NIC2 o NIC3 se aproxima al 40-0% por año y se correlaciona
con bajos recuentos células CD4+. Recientemente se ha completado
un ensayo clínico que evaluó la eficacia del tratamiento
intravaginal tópico con 5-fluoroutacilo para la prevención
de las recurrencias luego del tratamiento de ablación por NIC2
o NIC3 en 101 mujeres infectadas por el HIV. El tratamiento tópico
con 5-fluorouracilo brindó una protección significativa
porque redujo la tasa de recurrencia del 47% en el grupo de observación
al 28% en el grupo tratado con 5-fluorouracilo.
El carcinoma cervical se convirtió en un diagnóstico definido
de SIDA en el año 1993. Por fortuna la incidencia de esta patología
sigue siendo baja entre las mujeres infectadas por el HIV aun cuando la
prevalecía de LIE y NIC sea alta. Sin embargo, el carcinoma cervical
es una enfermedad definidora de SIDA importante y es posible que represente
el proceso maligno relacionado con el SIDA más común entre
las mujeres infectadas por HIV en áreas con una alta prevalecía
de infección por HPV. Si se compara a las mujeres con cáncer
cervical no infectadas por el HIV con las mujeres con el mismo cáncer
infectadas por HIV se verá que en las segundas hay más probabilidades
de enfermedad clínica avanzada, de enfermedad persistente o recurrente
durante el seguimiento, de un período breve hasta la recurrencia,
de una supervivencia corta después del diagnóstico y de
muerte por cáncer cervical. La mediana del
recuento de células CD4+ es más alta (153/mm3 versus 50/mm3)
entre las mujeres con cáncer cervical invasor que entre las mujeres
en las que se diagnostican otras enfermedades oportunista, pero en las
mujeres con recuentos bajos de CD4+ el pronóstico es particularmente
desfavorable.
Debido al mayor riesgo de enfermedad cervical en 1993 los CDC recomendaron
que en las mujeres en las que se diagnostica la infección por HIV
ser realice un extendido de Papanicolaou (Pap) y que si los hallazgos
son normales el extendido se repita a los 6 meses
Las mujeres sin antecedentes de alteraciones en el extendido de Papanicolaou
y que no mostraron ningún hallazgo anormal en por lo menos los
dos últimos extendidos pueden ser sometidos a nuevos Pap cada 12
meses. Si existe inflamación o atípica el extendido Pap
debe repetirse a los 3 meses. NO se recomienda la realización de
colposcopias básales sistemáticas para la detección
precoz pero las mujeres con LIE, enfermedad por HPV y atípica persistente
deben ser derivadas que se les efectúa una colposcopia. Entre las
mujeres infectadas por el HIV la atípica citológico leve
a menudo se asocia con NIC.
Enfermedad inflamatoria perlviana
En varios estudios realizados en Estados Unidos y en África se
examinó la forma de presentación y la evolución de
la enfermedad inflamatoria pelviana (EIP) en mujeres infectadas y no infectadas
por el HIV. En tres de esos estudios se halló que las mujeres infectadas
presentaban un recuento más bajo de glóbulos blancos en
el m omento de la admisión en el hospital y dos estudios destacaron
que en las mujeres infectadas era más probable que se requiera
una intervención quirúrgica. Hoegsberg y col. encontraron
abscesos tuboováricos en el 27% (4/15) de las mujeres infectadas
por HIV que estudiaron, versus el 4% (13/95) de las mujeres no infectadas.
En este estudio también se observó una mayor probabilidad
de que las mujeres infectadas por el HIV presentaran fiebre persistente
refractaria a los antibióticos. Aunque Korn y col. también
informaron una frecuencia mayor en las intervenciones quirúrgicas,
la infección por HIV no pareció asociarse con la presencia
de abscesos tuboováricos. En el tercer estudio realizado en los
Estados Unidos se observó una mayor probabilidad de que las mujeres
infectadas por el HIV permanecieron febriles después de 48 horas
de iniciado el tratamiento antimicrobiano. Sin embargo, hacia el quinto
o sexto día de tratamiento no se observaron diferencias estadísticamente
significativas en el estado febril entre las mujeres infectadas y no infectadas
por el HIV. En un cuarto estudio realizado en Abidján, Costa de
Marfil, se halló que las mujeres infectadas por el HIV presentaban
en promedio un grado significativamente más alto de severidad clínica
y eran más propensas a desarrollar una temperatura de 38º
C o superior. Los microorganismos asociados con la EIP en estos estudios
son similares, aunque la frecuencia de N. gonorrhoeae y C. trachomatis
es baja en comparación con la informada habitualmente. Si se los
considera en conjunto estos estudios sugieren que la infección
por HIV influiría en la morbilidad de la EIP pero que las mujeres
infectadas por el HIV deberían responder a los regímenes
antibióticos convencionales recomendados.
Vulvovaginitis por Cándida
Aunque un estudio demostró que la vulvovaginitis
recurrente se presenta en una fase temprana del proceso mórbido
(mediana del recuento de células CD4+ de) 506 mm3 ), este hallazgo
no se comprobó en otros estudios. Algunos investigadores encontraron
que la frecuencia de vulvovaginitis por Cándida aumenta de manera
notoria solo cuando el recuento de células CD4+ disminuye por debajo
de 100/ mm3 . Los limitados datos disponibles sobre la epidemiología
molecular de la candidiasis mucosa en las mujeres infectadas por HIV revelan
que las cepas dominantes de Cándida que colonizan la orofaringe
y la vagína son diferentes, lo que sugiere que el desarrollo de
la enfermedad en estos sitios corporales se debería a mecanismos
distintos. Si bien existe preocupación acerca de la aparición
de resistencia con el uso crónico del triazol, se ha demostrado
que el fluconazol administrado en una dosis de 200 mg una vez por semana
es seguro y eficaz para la prevención de la candidiasis mucosa
entre las mujeres infectadas por HIV y no precipita la resistencia clínica.
Ulceras genitales idiomáticas
Una manifestación rara descrita en las mujeres con
enfermedad avanzada por HIV es la presencia de úlceras vulvares
o vaginales idiomáticas que pueden ser rebeldes al tratamiento,
progresar hacia la formación de fístulas y causar un sangrado
intenso. En una revisión retrospectiva nacional de 29 mujeres con
úlceras genitales idiomáticas (definidas de ese modo por
los resultados negativos de las pruebas realizadas para detectar HSV y
sífilis o por los hallazgos no diagnósticos en la biopsia
de la úlcera ) la mediana del recuento de células CD4+ fue
solo 50 mm3. y en el 68% de las pacientes hubo un evento previo definido
de SIDA. En el 37% de los casos había úlceras orales coexistentes
y en el 19% la úlcera genital progresó hacia la formación
de una fístula. Aunque los datos eran limitados, a menudo se observó
una buena respuesta al tratamiento con corticoseroides (tópico,
dentro de la lesión o sistémico) o a la iniciación
del tratamiento antirretroviral en mujeres sin tratamiento antirretroviral
previo. Un informe de casos también sugirió que las úlceras
aftosas genitales podrían responder a la talidomida.
En tres estudios retrospectivos de cohortes realizados en Rhode Island,
Nueva Orleáns y Nueva Cork, los porcentajes de mujeres infectadas
por HIV con diagnostico de una ETS específica fueron los siguientes:
sífilis, 3 a 22% cervicitis por N. gonorrhoeae, 2 a7%, cervicitis
por C. trachomatis, 12%, úlceras genitales por HSV, 4 a 18% y tricomoniasis,
9 a 27%. En una cohorte de 91 adolescentes infectadas por el HIV se diagnosticó
una ETS en el 75% de los casos en el momento de la presentación
o durante la evaluación de seguimiento la infección por
N. gonorrhoeae, una infección coexistente en el 42% de las pacientes,
fue la ETS más común. Los factores asociados con ETS específicas
entre las mujeres infectadas por el HIV incluyeron antecedentes de ADI
(asociada con sífilis y tricomoniasis) y un bajo recuento de células
CD4+ (asociado con infección activa por virus herpes simple [HSV].
Las ETS coexistentes entre las mujeres infectadas por el HIV también
han sido asociadas con agentes anticonceptivos que solo contenían
proggestágenos (Depo-Provera y Norplant), tal vez debido a patrones
de comportamiento diferentes y al uso no uniforme de barreras. Estos datos
avalan la vigilancia sistemática de las ETS, en particular entre
poblaciones que se ha demostrado que corren un riesgo muy alto como por
ejemplo las adolescentes.
Función Hormonal
Existe poca información disponible en lo que respecta
al funcionamiento hormonal de las mujeres infectadas por el HIV. En un
estudio en el que se evaluaron los niveles hormonales en 16 mujeres infectadas
por el HIV con ciclos menstruales normales (y en las que se desconocía
la fase de la enfermedad) se halló que los niveles séricos
promedio de progesterona, estradiol y cortisol durante cada fase del ciclo
eran similares a los valores informados en la bibliografía. Si
bien los hallazgos de este estudio sugieren que la infección por
HIV no influye sobre el sistema endocrino, por lo menos dos estudios que
evaluaron la función menstrual indican que el funcionamiento hipófiso-gonadal
es afectado por el virus o por el trastorno inmune posterior. En un estudio
de 248 mujeres infectadas por el HIV y 82 mujeres control no infectadas
se observo que las mujeres infectadas HIV tenían más probabilidades
de experimentar intervalos mayores de 6 semanas sin sangrado menstrual
o una amenorrea mayor de 3 meses y menos probabilidades de presentar los
síntomas premenstruales típicos, lo que sugiere que los
ciclos anovulatorios serían más comunes en esta población.
En un segundo estudio de 797 mujeres infectadas por el HIV y 205 mujeres
control no infectadas se halló que la prevalecía de amenorrea,
definida como la ausencia de períodos menstruales durante más
de 90 días, era del 7% entre las mujeres infectadas y del 5% entre
las mujeres control no infectadas. En el análisis multivariado
la infección por HIV, el abuso de heroína, el bajo nivel
de albúmina y el nacimiento de un niño vivo el año
anterior se asociaron de manera independiente con amenorrea. La amenorrea
también fue más común entre las mujeres con bajos
recuentos de células CD4+ (<50mm3 ) y se asoció con niveles
bajos o normales de hormona foliculoestimulante y niveles bajos de extraído
en alrededor del 80% de las mujeres infectadas por el HIV. En contraste
con estos estudios, en otros dos no se observó que el estado de
la infección por HIV o el recuento de células CD4+ se asociaran
con disfunción menstrual.
Se conoce por lo menos un caso de mujer infectada por el HIV en la que
se diagnosticó un linfoma inmunoblástico no Hodgkin de alto
grado originado en el endometrio. La paciente se presentó con una
menometrorragia rebelde y con posterioridad fue sometida a una histerectomía.
Esta presentación inusual demuestra la necesidad de una evaluación
completa del sangrado uterino disfuncional entre las mujeres infectadas
por el H IV.
Problemas del manejo
Varios estudios han demostrado que las mujeres infectadas
por el HIV tienen menos probabilidades de acceder a la resistencia sanitaria
que los hombres, incluso en lo que respecta a las medicaciones, lo que
refleja que la provisión de asistencia de la salud estas mujeres
puede constituir un desafío. Las barreras específicas de
esta población, que han sido identificadas en diversos estudios,
incluyen las responsabilidades asociadas con el cuidado de los niños
y la necesidad de varios servicios médicos, como por ejemplo atención
ginecológica u obstétrica, que a veces no se ofrecen en
las clínicas que brindan atención primaria a pacientes con
infección por HIV, lo que exige múltiples visitas a diferentes
lugares. Además, se ha demostrado que la ADI interfiere en el acceso
al cuidado de la salud y en el cumplimiento del tratamiento y un importante
porcentaje de las mujeres (41% en 1994) con diagnóstico de SIDA
informadas a los CDC tenían antecedentes de ADI.
Entre las estrategias que se ha demostrado que aumentan la concurrencia
d las mujeres infectada por el HIV a los servicios médicos y su
seguimiento en ellos figuran las clínicas que combinan la atención
de las madres y sus niños, la integración de los servicios
ginecológicos y de colposcopia dentro de las clínicas de
atención primaria, la disponibilidad diaria de prestadores de cuidados
de la salud y la provisión de servicios de atención y de
transporte de niños en el lugar.
En las mujeres jóvenes y en las adolescentes infectadas por el
HIV deben encarase varios problemas de manejo específicos. Por
ejemplo, se ha demostrado que la frecuencia de ETS es muy alta entre las
adolescentes. En el 75% de una cohorte de mujeres de 13 a 18 años
infectadas por el HIV en la ciudad de Nueva Orleáns se diagnosticó
una ETS en el momento de ingreso a la clínica o durante la evaluación
de seguimiento. Entre las adolescentes infectadas por el HIV también
existe una alta prevalecía de problemas psicosociales que incluyen
antecedentes de abuso sexual, drogadicción y diagnóstico
psiquiátricos. Estos hallazgos subrayan la importancia de conversar
con las pacientes sobre los métodos óptimos de anticoncepción
y protección de las ETS y la necesidad de incorporar el manejo
psicosocial en el cuidado integral de esta población.
Las mujeres mayores infectadas por el HIV presentan características
singulares porque están expuestas al riesgo de desarrollar diversos
trastornos médicos debidos a la edad y tendrían que ser
sometidas a los exámenes sistemáticos recomendados para
el mantenimiento de la salud, como las mamografías. Es común
la presencia de trastornos médicos subyacentes, entre ellos hipertensión,
diabetes, enfermedad coronaria, angina de pecho, enfermedad pulmonar obstructiva
crónica, asma y artritis. Las mujeres mayores de 40 años
infectadas por el HIV también tienen probabilidades que las mujeres
infectadas más jóvenes de presentar enfermedades psiquiátricas
tales como drogadicción, ansiedad, depresión, psicosis y
demencia.
Aún no se conoce la influencia de la menopausia y de la terapéutica
de reposición hormonal sobre la progresión de la enfermedad
por HIV. Sin embargo, los resultados de un pequeño estudio retrospectivo
sugieren que en las mujeres que reciben terapéutica d reposición
existiría una tendencia hacia una menor supervivencia. Si bien
los datos son limitados, este tipo de terapéutica debe ser considerado
en el manejo posmenopáusico de las mujeres infectadas por el HIV,
en vista de sus beneficios documentados en la población de mujeres
no infectadas por este virus.
La experiencia de los médicos ha sido vinculada con el mejor pronóstico
de las personas infectadas por el HIV. En un estudio reciente se determinó
que las mujeres con SIDA que recibieron atención en las clínicas
de gran experiencia del estado de Nueva Cork sobrevivieron más
tiempo después del diagnóstico que las tratadas en clínicas
con menos experiencia. Lo ideal sería que las mujeres infectadas
por el HIV fueran atendidas por prestadores con experiencia en el manejo
de las pacientes con esta patología.
Una opción ventajosa para el manejo de las mujeres infectadas por
el HIV consiste en ofrecerles que participen en ensayos clínicos.
Por lo menos un estudio ha demostrado que las mujeres que participan en
ensayos clínicos de terapéutica antirretroviral presentan
una supervivencia significativamente más prolongada. Históricamente
la proporción de mujeres infectadas por el HIV que fueron incluidas
en los ensayos clínicos ha sido relativamente baja. Si bien los
esfuerzos destinados a aumentar la inclusión de las mujeres se
convirtieron en una prioridad a comienzos de la década de 1990
dentro de Grupo d ensayos Clínicos del SIDA (ACTG), el porcentaje
de mujeres incorporadas aumentó ha resultado difícil estudiar
la influencia de sexo sobre la toxicidad o la eficacia de las terapéuticas
antirretrovirales.
Un ensayo clínico con fines estadísticos para evaluar las
diferencias de sexo fue el protocolo 175 del ACTG, que comparó
la monoterapia y las terapéuticas, combinadas con análogos
de los nucleótidos en 438 mujeres y 2.029 hombres. En este ensayo
se observó que las mujeres que nunca habían recibido agentes
antirretrovirales o que habían sido asignadas al azar a un régimen
que contenía ddl tenían mucho más probabilidades
de abandonar el tratamiento que los hombres. Si bien el sexo no se asoció
con la supervivencia ni con la respuesta global a terapéutica,
entre el subgrupo de pacientes asignados al azar a la monoterapia con
ZVD que nunca habían recibido tratamiento antirretroviral, los
hombres mostraron una probabilidad cuatro veces mayor (p<0,05) de experimentar
una disminución del 50% en el nivel de las células CD4+
durante al evaluación del seguimiento en análisis corregidos
según el peso, la raza y los antecedentes de ADI. Estos resultados
demuestran que es necesario aumentar la incorporación de mujeres
en los ensayos clínicos y que la influencia del sexo sobre la eficacia
y la toxicidad debería ser objeto de estudio en ensayos sobre antirretrovirales
seleccionados
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