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Transmisión
sexual y vertical de la hepatitis C en personas VIH
La infección por el virus de la hepatitis C (VHC)
esta muy extendida en el mundo. La Organización Mundial de la Salud
(OMS) estima que en torno al 3% de la población mundial, unos 170
millones de personas sufren esta infección. En España, los
estudios serológicos en población general, en donantes de
sangre y en mujeres embarazadas han encontrado prevalecías de anticuerpos
contra el VHC entre el 0,5 y el 2%. Esto ha llegado a estimar que podría
haber de 300.000 a 800.000 personas infectadas por el VHC, ya que 3 de
cada 4 con anti-VHC tiene niveles de viremia detectables, lo que supone
tener infección activa.
A pesar de los rápidos avances en el tratamiento de la infección
por el VHC, persiste su elevada tendencia a la cronificación y
sus graves consecuencias para una elevada proporción de las personas
infectadas, Por ello, la prevención es la principal arma para reducir
el impacto de esta infección en el futuro. De ahí el enorme
interés de identificar los mecanismos de transmisión, las
probabilidades asociadas a cada tipo de exposición y los factores
que aumentan este riesgo, con el fin de establecer recomendaciones de
prevención eficaces y realistas.
El principal mecanismo de transmisión del VHC es el parenteral.
Las situaciones que más frecuentemente se han relacionados con
la infección en países desarrollados son el uso de drogas
inyectadas y haber recibido transfusiones de sangre no controladas. La
transmisión materno fetal es otro mecanismo reconocido, pero menos
eficiente que en el caso del virus de la hepatitis B y del VIH.
Se han documentado varios casos de transmisión del VHC atribuidos
al contacto sexual con una pareja infectada. Sin embargo, el riesgo de
transmisión en parejas serodiscordantes parece ser extremadamente
bajo, por lo que antes de concluir que una infección se produjo
por esta causa se deben descartar otras exposiciones. El VHC se ha aislado
en la saliva, pero el contacto ocasional con la saliva de convivientes
infectados no parece comportarse como un mecanismo de transmisión
relevante.
La importancia de los mecanismos de transmisión puede evaluarse
desde 2 puntos de vista: el riesgo para la persona que se expone y el
impacto que tiene en la población. En el 90% de los pacientes con
hepatitis C en los EEUU se consigue identificar algún mecanismo
de transmisión conocido. Entre 1991 y 1997, el 60% de las nuevas
infecciones se atribuyeron al uso de drogas inyectadas, el 21% a exposiciones
sexuales de alto riesgo (pareja positiva al VHC , múltiples parejas,
historia de ETS), el 4% a exposiciones ocupacionales, el 3% a exposiciones
en ambiente doméstico y el 3% a transfusiones de sangre.
Transmisión parenteral
El VHC está presente en la sangre de las personas
infectadas y el contacto precutáneo con ésta ha demostrado
ser altamente infectivo. La transmisión parenteral del VHC puede
producirse en una amplia variedad de situaciones. La tasa de transmisión
por un pinchazo accidental con una aguja contaminada con sangre de una
persona infectada por VHC se sitúa en torno al 3%, unas 10 veces
mayor que en caso del VIH. Esto confiere a las exposiciones parenterales
a tener presentes figuran:
- En personas que consumen drogas por vía parenteral,
la utilización compartida de material de inyección o utensilios
para la preparación de la droga.
- La recepción de sangre o de hemoderivados no controlados. En
las transfusiones controladas persiste un pequeño riesgo de transmisión
del VHC debido al período ventana. Este riesgo se ha estimado en
menos de 1 caso por 103.000 unidades transfundidas.
- La exposición accidental del personal sanitario, bien por punción
con objetos contaminados o por salpicaduras de sangre o secreciones que
entren en contacto con heridas o con las mucosas.
- La exposición accidental fuera del ámbito sanitario, a
veces en situaciones de negligencia o de violencia.
- La transmisión iatrogénica. Esta fue la causa de infección
en muchos pacientes en programas de hemodiálisis. También
pudieron producirse infecciones hace décadas, por reutilización
del material de inyección (jeringuillas de cristal), d odontología,
acupuntura, etc. no adecuadamente esterilizados. Todavía pueden
ocurrir excepcionalmente infecciones por esta causa debidas a la mala
práctica.
- En peluquerías y centros de cosmética, por la utilización
de rasuradotas y cuchillas no desechables.
- Los tatuajes y el piercing realizados sin las debidas medidas de higiene.
El control sanitario de estas prácticas es difícil, especialmente
cuando no se realizan en establecimientos especializados.
- El uso compartido de utensilios para la administración intranasal
de cocaína ha sido descrito como una potencial vía de transmisión
del VHC
- En el ambiente familiar puede producirse la transmisión parenteral
del VHC entre convivientes, o incluso entre parejas, por el uso compartido
de útiles de aseo contaminados con sangre (cuchillas de afeitar,
cepillos de dientes etc.)
En resumen, existe una amplia variedad de exposiciones percutáneas
que podrían transmitir el VHC cuando se realizan en ausencia de
asepsia, pero la escasez de información científica sobre
su impacto hace sospechar que habitualmente no son consideradas. Entre
los donantes de sangre de EE.UU. en los que se detectó la infección
por el VHC, las variables que se asocian a esta infección fueron:
las transfusiones de sangre previas, el uso de drogas inyectadas inicialmente
no reconocido, el uso de cocaína por vía nasal, la promiscuidad
sexual y el piercing. Un estudio similar en Canadá encontró
una asociación significativa con los tatuajes, la estancia en prisión
y el contacto sexual con usuarios de drogas inyectadas.
Transmisión perinatal
Los casos de transmisión perinatal del VHC suponen
una pequeña proporción de las infecciones, sin que se observen
grandes diferencias geográficas ni cambios en el tiempo.
Varios estudios han descrito que la transmisión del
VHC sólo se produce cuando la madre tiene RNA-VHC detectable en
el suero en el momento del parto. Wasley y Alter realizaron una revisión
crítica de 25 estudios que habían seguido a los hijos de
madres con anticuerpos para el VHC durante mas de 12 meses tras el nacimiento.
Entre todos esos estudios tan sólo hubo un caso de transmisión
de una madre con RNA-VHC negativo, y en este caso quedaban dudas sobre
la sensibilidad de la técnica utilizada, que podrían no
haber detectado niveles bajos de virus. En esa misma revisión se
evaluó la transmisión del VHC en madres con RNA-VHC positivo,
encontrándose un riesgo medio del 6% (rango 0-42%) cuando la madre
no estaba infectada por el VIH mientras que el riesgo se elevaba al 14%
(rango 5-44%) en hijos de madres coinfectadas por el VIH. Entre los hijos
de madres coinfectadas en los que se produjo transmisión del VHC,
en 1 de cada 4 se produjo también la transmisión del VIH.
Dos estudios recientes que analizaron un gran número de hijos de
madres con RNA-VHC han encontrado tasas de transmisión al hijo
del 5,1 y 7,1%; pero en ninguno se puede demostrar que la transmisión
del VHC al niño fuese mayor cuando la madre estaba coinfectada
por el VIH.
La relación entre los títulos de RNA-VHC y el riesgo de
transmisión perinatal es inconsistente. Mientras que los estudios
en madres coinfectadas por el VIH han descrito una asociación entre
los niveles de RNA-VHC y la transmisión, pocos estudios de madres
VIH negativas han encontrado esta asociación. También se
ha señalado que un bajo recuento de linfocitos CD4+ podría
ser un factor que favoreciese la transmisión del VHC desde las
mujeres coinfectadas a sus hijos.
Los estudios sobre el tipo de parto y el riesgo de transmisión
también son inconscientes. Wasley y Alter, tras una amplia revisión,
describieron una tasa media de transmisión del VHC del 10% en niños
nacidos por vía vaginal frente al 8,4% en los nacidos por cesárea,
pero no consideran relevantes estas diferencias. Por el contrario ras
una revisión más reciente centrada en madres coinfectadas
con el VHC y el VIH, bonacini y Puoti concluyen que la transmisión
del VHC es menos frecuente en niños nacidos por cesárea
(6%) respecto a los nacidos por parto vaginal (23%). Otro estudio reciente
que analizó 897 madres con RNA-VHC y a sus hijos no encontró
diferencia en la tasa de transmisión perinatal en función
del tipo de parto ni del tipo de lactancia, mientras que el consumo de
drogas inyectadas durante el embarazo se destacó como el factor
más importante asociado a la transmisión del VHC al niño.
Transmisión sexual
El papel de la transmisión sexual en la epidemiología
de la infección por VHC es un tema muy controvertido. Se han descrito
varios casos con clara evidencia de transmisión del VHC tras contacto
sexual con una persona infectada. El RNA-VHC se ha detectado en el semen
de un tercio de hombres con viremia, aunque muchos pacientes virémicos
no presentan RNA-VHC detectable en semen incluso estando coinfectados
por el VIH. También se ha llegado a aislar el RNA-VHC en secreciones
vaginales de mujeres virémicas. La infectividad en la práctica
parece ser baja, sin que se sepa bien si se debe a los bajos niveles de
virus en las secreciones genitales o a la ausencia de células diana
apropiadas en el tracto genital. En donantes de sangre con infección
por VHC en EE. UU., sólo un tercio de las infecciones fueron atribuibles
a exposiciones sexuales, y dos tercios a exposiciones parenterales no
reconocidas.
A pesar de la abundante bibliografía científica sobre la
transmisión sexual del VHC, las limitaciones de los estudios impiden
ser concluyentes. Entre las principales limitaciones figuran:
- El diseño de los estudios epidemiológicos.
La mayoría son transversales y de caso control, y no son concluyentes
para demostrar el mecanismo de transmisión, y a que no permiten
establecer si la infección por el VHC fue previa o posterior al
inicio de la exposición sexual. Sólo unos pocos son estudios
de cohortes prospectivas, que son las que aportan una mayor evidencia
científica.
- Tamaño del estudio. La estimación de probabilidades pequeños
sesgos que pueden pasar desapercibidos pueden modificar las conclusiones.
- Selección de los sujetos. Los estudios realizados en centros
sanitarios pueden sobrestimar las infecciones, por mayor dificultad para
captar personas sanas.
- Exclusión de posibles exposiciones de tipo parenteral. Si no
se realiza una buena exclusión se puede sobrestimar la probabilidad
de transmisión por vía sexual.
- Selección de las variables de estudio. Entre las variables conductuales
de estilos de vida, la colinearidad puede ser alta. Las personas con más
parejas sexuales pueden tener más frecuentemente tatuajes, piercing,
infecciones de transmisión sexual, etc. Dependiendo de qué
variables se contemplen en el análisis, las conclusiones pueden
ser diferentes.
- El posible sesgo de publicación que tendería a sobrerrepresentar
los estudios que encuentran un mayor riesgo de transmisión sexual
del VHC.
Estudios en parejas heterosexuales
estables
El estudio de parejas estables en las que uno de los miembros
tiene marcadores positivos para el VHC presenta ventajas para cuantificar
el riesgo de transmisión sexual. Estos estudios han encontrado
niveles de prevalencia muy variables entre regiones geográficas.
En los estudios en Europa y Norteamérica la tasa media de prevalencia
de anticuerpos contra el VHC encontrada en parejas sin otros factores
de riesgo fue del 5,9% mientras que en Asia se han encontrado prevalencias
superiores muy superiores. Algunos de estos trabajos han informado de
mayor prevalencia en las parejas que llevaban más años de
relación
Los estudios de cohortes prospectivas en parejas heterosexuales serodiscordantes
al VHC son los que podrían aportar mayor evidencia en la medición
del riesgo; pero se han realizado muy pocos trabajos de estas características.
Todos ellos coinciden en señalar un riesgo de transmisión
del VHC muy pequeño o nulo. El análisis conjunto de los
datos de estos estudios permite estimar una tasa de transmisión
de 4,1 seroconversiones por 1.000 personas-año a riesgo (intervalo
de confianza del 95% 1,9-8,4 por 1.000 personas-año). Marincovich,
et al. llegaron a contabilizar 31 embarazos y 1 caso de transmisión
del VIH durante el seguimiento de 171 parejas doblemente discordantes
al VIH y al VHC sin que se produjese ninguna seroconversión al
VHC.
La tasa de transmisión calculada a partir de estos estudios de
cohortes es notablemente menor que los que cabría esperar de los
resultados de estudios transversales y de caso control. En parte, esto
se ha achacado a que la transmisión podría ser más
alta en los primeros meses de relación de la pareja o en la fase
infección aguda, y estas etapas podrían estar menos representadas
en los seguimientos. Sin embargo, al menos en uno de los estudios se demostró
que un tercio. Algunos autores han argumentado que al elevada prevalencia
de VHC en los estudios transversales y retrospectivos pueda deberse a
experiencias comunesde exposición percutánea en el pasado
en ambos miembros de la pareja, ya que en muchos lugares el uso compartido
de material sanitario (jeringuillas de cristal) pude ser uno de los principales
mecanismo de transmisión del VHC décadas atrás.
Los estudios que incluyen personas que mantienen relaciones sexuales fuera
de la pareja tienden a encontrar prevalencias de VHC mucho más
altas, especialmente cuando existen antecedentes de infecciones de transmisión
sexual.
Cuando se han analizado familiares que conviven en el domicilio con personas
con anticuerpos para el VHC, pero sin tener contacto sexual, también
se han encontrado prevalencias no despreciables, con un patrón
geográfico similar al descrito en parejas sexuales. Los estudios
de Europa y Norteamérica han aportado una prevalencia media en
estas personas del 3,5%. En todo caso, la transmisión del VHC,
entre convivientes parece ser un hecho raro, siempre que no se produzca
exposiciones a sangre a través de objetos compartidos. Si comparamos
las prevalencias encontradas en los estudios de parejas estables con las
de los convivientes, la conclusión que se extrae es, que una parte
considerable de las infecciones que se detectan en parejas sexuales pueden
explicarse por fuentes de infección común o por exposiciones,
probablemente parenterales, ocurridas durante la convivencia.
Infección por el VHC en personas
con múltiples parejas sexuales
En los EE. UU. El 15-20% de las hepatitis C agudas y de
las infecciones prevalentes que detectan ocurren en personas con riesgos
sexuales y sin constancia de otras exposiciones de riesgo . Dos tercios
son parejas sexuales de personas con anticuerpos para el VHC, y el tercio
restante había tenido más de 2 parejas en los 6 meses previos
a la enfermedad.
Un buen número de estudios han encontrado asociación entre
ciertas prácticas y la infección por el VHC. No obstante,
en hombres homosexuales, en heterosexuales y en mujeres que ejercen la
prostitución, las prevalencias de marcadores del VHC entre aquellos
que niegan el uso de drogas inyectadas son habitualmente bajas si las
comparamos con el riesgo de infección por vía parenteral.
Así por ejemplo, en 1.116 mujeres no usuarias de drogas inyectadas
que ejercían la prostitución en Madrid la seroprevalencia
de VHC fue del 2% mientras que en usuarios de drogas inyectadas captados
en el mismo centro ascendió al 86%. Los factores de riesgo que
se han asociado con la infección por VHC en estas poblaciones incluyen:
la menor edad de comienzo de las relaciones sexuales, el mayor número
de parejas sexuales, los antecedentes de transmisión sexual (gonococia,
sífilis, herpes genital), el no uso del preservativo, las relaciones
sexuales cruentas, la relación sexual con personas usuarias de
drogas por vía parenteral y el tiempo de ejercicio de la prostitución.
Algún trabajo ha encontrado mayor frecuencia de infección
por el VHC en hombres homosexuales que en pacientes heterosexuales de
la misma clínica de enfermedades de transmisión sexual.
No obstante, otros estudios han descrito niveles de infección similares
en homosexuales y heterosexuales. Esto establece una diferencia con lo
que se ha descrito para el VIH y el VHB, en los que es habitual encontrar
tasas mayores de prevalencia en hombres homosexuales. Para algunos, el
que este patrón no sea tan evidente en el VHC hace dudar sobre
su transmisión por vía sexual.
En hombres homosexuales sin historia de uso se drogas inyectadas se han
encontrado prevalencias de marcadores del VHC del 3-5%. La infección
por el VHC se ha asociado a tener más de 50 parejas sexuales, a
contactos anales receptivos con más de 25 parejas, al sexo anal
receptivo, al fisting, al tener una pareja sexual usuaria de drogas inyectadas
y referir historia de herpes genital o infección por el VIH. Otros
trabajos han encontrado que, mientras el número de parejas sexuales
no era un factor de riesgo significativo, una historia de sífilis
gonorrea rectal sexo anal insertivo con eyaculación y uso de enemas
antes del sexo anal receptivo fueron factores de riesgo significativos.
Los primeros trabajos que señalaron la transmisión sexual
del VHC tuvieron poco eco en la prevención. La población
general se había demostrado que el riesgo de transmisión
sexual era extremadamente bajo, y se asumía que los mensajes de
sexo seguro en relación con el VIH cubrirían implícitamente
la transmisión del VHC. Los aumentos recientes en las prácticas
de riesgo sexual y en la incidencia de enfermedades de transmisión
sexual en hombres homosexuales han acrecentado la preocupación
sobre la trascendencia de la transmisión sexual del VHC. En 2002
un panel de expertos independientes convocados por el Departamento de
Salud de los EE. UU. Reconocieron que el riesgo es extremadamente bajo
para las parejas heterosexuales monógamas, pero recomendando que
las personas infectadas por el VIC con múltiples parejas o con
relaciones de corta duración utilicen preservativos para prevenir
la transmisión del VHC y otras enfermedades de transmisión
sexual.
La explicación de la mayor frecuencia de infección por el
VHC en personas con conductas sexuales de riesgo probablemente es múltiple,
incluyendo: el elevado número e exposiciones durante la menstruación,
además de posibles exposiciones parenterales, incluidos antecedentes
remotos de inyección de drogas. Finalmente, en los casos atribuidos
a transmisión sexual, no se puede descartar que el vehículo
de transmisión pueda ser la sangre y no las secreciones genitales.
VIH y transmisión sexual
del VHC
El VIH y el VHC comparten mecanismos de transmisión,
por lo que no ha de extraña encontrar personas coinfectadas por
ambos virus. Desde principios de los 90 se ha sospechado que la coinfección
con el VIH pudiera contribuir a un mayor riesgo de transmisión
del VHC, ya que la carga viral del VHC es mayor en pacientes coinfectados.
Diversos trabajos que han analizado personas con exposiciones de riesgo
sexual han encontrado prevalencias más elevadas de anticuerpos
contra el VHC en aquéllas indectadas por el VIH, que en las del
mismo colectivo no infectadas por el VIH. No obstante la coincidencia
de ambos virus en las mismas personas, por encima de lo que cabría
esperar por azar, podría deberse únicamente a que las situaciones
de riesgo y los cofactores que motivaron la infección por el VIH
hayan ocasionado también la infección por e VHC. También
hay trabajos que no encuentran asociación entre ambas infecciones,
como el realizado entre 1.116 mujeres que ejercían la prostitución
captadas en un centro de Madrid, entre las que no se encontró ningún
caso de coinfección por el VHC y el VIH.
Dos estudios transversales en parejas heterosexuales encontraron una prevalencia
de marcadores del VHC ligeramente mayor en las parejas de personas con
infección por el VIH, en comparación con las parejas de
VIH negativos; pero en ambos estudios la comparación quedó
lejos de la significación estadística. Otra cohorte de 30
personas que tenían como único riesgo la relación
con su pareja heterosexual estable positiva al VHC de las cuales 12 eran
también positivas al VIH, no detectó ningún caso
de transmisión del VHC. Un análisis conjunto de estos 3
trabajos llevó a la conclusión de que la coinfección
por el VIH no aumenta el riesgo de transmisión sexual del VHC.
Con posterioridad se han conocido los resultados de cohorte de 171 parejas
heterosexuales estables serodiscordantes para el VIH y el VHC seguidas
en Madrid, en las que tras más de 5.800 contactos vaginales o anales
sin preservativo no se observó ninguna seroconversión al
HCV. Entre tanto, en 31 de estas parejas se produjeron embarazos y una
seroconvirtió al VIH.
En la tabla 4 se resumen los resultados de estos 4 estudios que analizan
la transmisión del VHC en parejas heterosexuales en función
del estado sexológico para el VIH. El análisis conjunto
aporta un porcentaje de transmisión del VHC del 3,3% cuando el
caso índice era VIH positivo y del 0% cuando era VIH negativo,
pero esta diferencia continúa estando lejos de la significación
estadística.
En resumen, la transmisión sexual del VHC es infrecuente, incluso
a partir de personas coinfectadas por el VIH. Los datos disponibles hasta
el momento no permiten ser concluyentes sobre la influencia del VIH en
la transmisión sexual del VHC. Además de todas las dificultades
metodológicas que se han mencionado en relación con el estudio
de la transmisión sexual del VHC, habría que sumar algunas
otras. Las personas con infección por el VIH pueden no ser totalmente
compatibles a los sujetos VIH negativos, en cuanto a sus circunstancias
sociales y de riesgo, aunque sean captadas en el mismo lugar y se ajuste
por algunos indicadores importantes de riesgo. También se ha señalado
que la infección por el VIH podría hacer que la infección
por el VHC fuera más fácilmente detectable.
Conclusiones
El uso de drogas por vía parenteral es el mecanismo
principal de transmisión del VHC en nuestro medio. Algunas exposiciones
de tipo parenteral que habitualmente son poco reconocidas o valoradas,
pueden tener un papel epidemiológico relevante. El riesgo de transmisión
sexual del VHC es muy bajo en comparación con la vía parenteral.
Debido al elevado número de personas expuestas, el impacto poblacional
del mecanismo de transmisión sexual puede no ser despreciable.
La presencia de infecciones e transmisión sexual, el mayor número
de parejas y las relaciones sexuales más cruentas pueden ser factores
de riesgo para la transmisión del VHC. La información disponible
hasta la fecha no permite concluir que la coinfección por el VIH
modifica la transmisión sexual del VHC. La transmisión perinatal
del VHC es un hecho demostrado, que afecta al 4-7% de los hijos de madres
con RNA-VHC detectable. Los resultados sobre la influencia de la coinfección
por el VIH en la madre sobre el riesgo de la transmisión perinatal
del VHC son contradictorios.
Recomendaciones
Las recomendaciones para la prevención de la infección
por el VHC son en gran parte la adopción de recomendaciones genéricas
aplicables a la prevención de otras enfermedades infecciosas:
| Educación sanitaria sobre los mecanismos
de transmisión e infecciones por vía sexual y sanguínea,
incluidas aquellas prácticas poco valoradas. |
| Prevención del uso de drogas inyectadas. |
| En las personas que se inyectan drogas,
evitar compartir jeringuillas, agujas o el equipo de preparación
de la droga. Con este fin, promover programas de reducción
de daños. |
| Aplicación sistemática de
las precauciones universales en el medio sanitario y en actividades
extrasanitarias con riesgo de exposición a sangre o a secreciones
de otras personas (tatuajes, piercing, peluquerías, etc.). |
| Evitar contactos sexuales no protegidos
en las relaciones sexuales con parejas no estables y cuando la pareja
estable está infectada por el VIH. |
| Diagnóstico y tratamiento de las
infecciones de transmisión sexual. |
| Recomendación de la prueba de VIH
a todas las mujeres embarazadas. En caso de infección por el
VIH, aplicar las recomendaciones específicas. |
| Indicación de la prueba del VHC
en: |
| |
Las personas que se han inyectado droga
por vía endovenosa |
| Hijos nacidos de madres positivas al VHC. |
| Mujeres embarazadas con antecedentes de
riesgo |
| Personas que han tenido exposición
percutánea o mucosas a sangre positiva al VHC |
| Personas que recibieron sangre, hemoderivados
u órganos antes de la implantación del control sistemático
del VHC (1991) |
| Internos en instituciones penitenciarias
y/o psiquiátricas |
| Personas que se diagnostican de infección
por el VIH. Igualmente se recomienda la prueba del VIH, previo consentimiento
y consejo, a las personas diagnosticadas con infección por
VHC. |
| En convivientes, en parejas estables de
larga duración de personas VHC positivas y en personas con
múltiples parejas sexuales o con enfermedades de transmisión
sexual, se recomienda la prueba del VHC, pero no parece indicada su
repetición rutinaria salvo que haya exposiciones a sangre. |
| Vacunación frente a los virus de
las hepatitis A y B en los sujetos susceptibles que tengan prácticas
de riesgo parenteral y/o sexual, siempre que no tengan deterioro inmunológico
grave. |
Coinfección
de VIH / VHC
Aspectos epidemiológicos
Actualmente viven en el mundo unos 42 millones de infectad@s
por VIH y alrededor de 180 millones que lo están por el virus de
la hepatitis C (VHC). Algunas estimaciones indican que en España
hay actualmente alrededor de 70.000-80.000 personas coinfectadas por el
VIH y el VHC.
La exposición sanguínea directa es el método más
eficaz de transmisión del VHC. En usuari@s de drogas inyectadas
(UDI) que han compartido utensilios de venopunción, la infección
por el VHC se adquiere rápidamente (el 50-80% de nuevos UDI son
seropositivos al VHC entre los 6 y los 12 meses después de empezar
a inyectarse drogas). En la actulaidad este mecanismo de transmisión
es el responsable de la mayoria de los nuevos casos de infección
por VHC. Los restantes casos pueden explicarse por la recepción,
antes de 1990 de transfusiones sanguíneas o hemorderivados contaminados,
la exposición accidental a sangre infectada tanto en el medio sanitario
como en el ámbito doméstico o la hemodiálisis. El
uso compartido de algunos utensilios para la administración intranasal
de cocaína, el piercing o los tatuajes, se han relacionado, asimismo,
con la transmsión del VHC, pero se desconoce su impacto real en
la diseminación de la infección. El VHC y el VIH comparten
vías de transmisión por lo que es frecuente encontrar individuos
infectados por ambos virus.
El riesgo de transmisi´ón vertical o perinatal (de la madre
al hij@) del VHC es inferior al 5%. La transmisión vertical se
relaciona estrechamente con los niveles replicativos del VHC, es decir
con la carga vírica. Como los pacientes con coinfección
VIH-VHC presentan cifras de carga vírica de VHC de 5 a 10 veces
superiores, en promedio, a los infectao@s únicamente por VHC, el
riesgo de transmisión vertical es más alto cuando la madre
está coinfectada por ambor virus (15-20%). Algunos estudios han
encontrado menores tasas de transmisión vertical del VHC en los
bebés nacidos por cesárea respecto a los nacidos mediante
parto vaginal. En la actualidad no hay datos suficientes que evaluen el
riesgo de transmisión del VHC a través de la lactancia materna,
aunque se asume que éste es muy pequeño. De todas formas,
las madres VHC+ /VIH + deben evitar la lactancia natural por el demostrado
riesgo de transmsión del VIH al recién nacido. Con objeto
de establecer el diagnóstico, a los bebés nacidos de madres
con el VHC se les debe realizar al menos dos o más determinaciones
cualitativas del ARN del VHC durante el primer año de vida. La
positividad de los anticuerpos antes de los 15 meses de edad no indica,
en la mayoría de los casos, infección activa ya que puede
deberse a la transmsión pasiva de anticuerpos maternos a través
de la placenta.
Los datos sobre la transmsión VHC por vía sexual indican
que el riesgo de contagio por esta vía es bajo (2-3%). En la actualidad
no se recomienda la utilización de métodos de barrera para
las relaciones sexuales estables monógamas en parejas heterosexuales
serodiscordantes al VHC. Por el contrario un elevado número de
parejas sexuales se ha asociado en varios estudios con un mayor riesgo
de adquisición del VHC y en estas personas sí se recomienda
la utilización de condones para prevenir la transmisión
del VHC y de otras infecciónes de transmisión sexual. La
tasa de infección en hombres homosexuales es ligeramente superior
a la descrita para las parejas heterosexuales de los individuos infectados
(4-6%). La coinfección por el VIH podría aumentar el riesgo
de transmisión sexual del VHC.
Existen pruebas de la transmsión ocupacional y nosocomial del VHC.
Las exposiciones accidentales a sangre contaminada o la falta de aplicación
de las medidas de prevención universales pueden ser factores determinantes.
La transmisión del VHC en pacientes en programas de hemodiálisis
puede estar relacionada con un cumplimiento insuficiente de las medidas
de prevención. Desde la introducción en 1990 de la obligatoriedad
de la determinación de anticuerpos frente al VHC en los bancos
de sangre, la incidencia de hepatitis post-transfusional a disminuido
extraoardinariamente y es excepcional en la actualidad.
Aspectos clínicos
La principal característica de la infección
por el VHC es su elevada tasa de evolución a la cronicidad. Después
de la exposción al virus el 70-80% de los pacientes desarrollará
una hepatitis crónica de intensidad variable y una quinta parte
de ellos evolucionará a cirrosis hepática 25-30 años
después de la infección. Entre los pacientes cirróticos
el riesgo de desarrollar cáncer de hígado se estima en un
4-5% por año. Debe recordarse que la hepatopatía por VHC
representa la primera causa de cáncer de hígado en los países
occidentales y constituye la primera indicación de transplante
hepático en nuestro medio.
La infeción por el VHC sigue habitualmente un curso insidioso y
origina pocos síntomas. La coinfección por VIH y el consumo
de alcohol pueden modificar la historia natural de la hepatitis C y acelerar
la evolución a cirrosis y enfermedad hepática terminal.
En las personas VIH+ la cifra de linfocitos CD4 en suero inferior a 200/ml
se ha relacionado en varios estudios con una progresión más
rápida de la enfermedad hepática.
La infección por VHC representa en la actualidad una importante
causa de morbimortalidad en personas infectadas por VIH. Estudios llevados
a cabo en los primeros años de la década de los 90 pusieron
de manifiesto que la enfermedad hepática por VHC era responsable
de hasta un 10% de los fallecimientos hospitalarios en los sujetos VIH+.
En la era de la terapia antirretrovirica de gran actividad (TARGA) estas
cifras sin aún mayores y se estima que en los próximos años
la enfermedad hepática crónica oringinada por virus puede
ser la causa de hasta un 30-50% de las muertes de las personas infectadas
por VIH.
Todas las personas con antecedentes de posible exposición al VHC,
especialmente las receptoras de sangre o hemoderivados antes de 1991,
las que poseen antecedentes de consumo de drogas inyectadas, las personas
que han sufrido pinchazos o exposiciones accidentales a material potencialmente
contaminado tanto en el medio sanitario como en el extrasanitario, y las
parejas sexuales de personas seropositivas al VHC, deben ser sometidas
a un cribaje sistemático de anticuerpos frente a este virus.
A todos los sujetos con serología positiva para el VHC se les debe
realizar una evaluación que comprenta el estudio de la Bioquímica
hepática y la determinación cualitativa de la viremia C
por técnicas de PCR. El analisis del genotipo y de la carga viral
del VHC así como la práctica de la Biopsia hepática
deben individualizarse y se considerarán especialmente en los pacientes
subsidiarios de tratamiento.
Aspectos terapéuticos
Los criterios aceptados para la indicación del tratamiento de la
hepatitis crónica C incluyen: La elevación persistente de
la transaminasas (especialmente la ALT), la presencia de ARN del VHC en
suero y la presencia de actividad necroinflamatoria y fibrosis en la Biopsia
Hepática. En las personas coinfectadas por VIH, además,
debe considerarse la existencia de un estado inmunológico relativamente
preservado (CD4 superiores a 200 cels./ml). En los pacientes con infección
por HIV estable, denifinida por cifras de linfocitos CD4 superiores a
350 y carga vírica VIH baja o indetectale, la infección
por VHC debe ser tratada del mismo modo que en las personas VIH -, con
el objetivo de erradicar el VHC. De acuerdo con las recomendaciones de
la Conferencia Americana de Consenso (2002), el tratamiento de la hepatitis
C en la actualidad comprende la administración de Interferón
pegilado (PEG-IFN) en combinación con Ribavirina. Esta pauta terapéutica
es la más eficaz de la ensayadas hasta el momento y proporciona
tasas de respuesta superiores al 50% en personas sin infección
por VIH.
El tratamiento de la hepatitis crónica por VHC puede también
estar justificado en las personas con infección con VIH y cirrosis
compensada, con objeto de retrasar la progresión clínica
e impedir el desarrollo de cáncer de hígado, si bien el
efecto del tratamiento antivirico sobre la prevención de la transformación
maligna de la cirrosis por VHC no se ha definido suficientemente.
Las personas infectadas por el VIH y el VHC que nunca hayan realizado
tratamiento antirretroviral por presentar una buena situación clínica,
inmunológica y virológica deben iniciar prioritariamente
el tratamiento de la hepatopatía crónica C, si cumplen los
criterios señalados anteriormente.
Las personas coinfectadas que esten recibiendo TARGA y presenten una buena
respuesta virológica e inmunológica (Carga viral indetectable
ó < 10.000/ml y linfocitos CD4 > 350/ml.) pueden asimismo
iniciar el tratamiento de la hepatitis C. En todas las personas tratadas
debe realizarse una estrecha monitorización de los parámetros
hematológicos, bioquímicos, inmunológicos y virológicos.
Asimismo se recomienda la determinación periódica de los
niveles de lactato. En casos aislados de personas que recibian tratamiento
con DDI y Ribavirina se ha comunicado la aparición de acidosis
láctica.
Las personas infectadas que presentan un severo deterioro inmunológico
(CD4 < 200/ml) generalmente responden en escaso porcentaje al tratamiento
de la hepatitis C. En estos casos parece razonable postponer el inicio
del tratamiento de la hepatitis C hasta conseguir una mejoría de
la situación inmulógica.
La tasa de respuesta sostenida (ARN-VHC negativo 6 meses después
de finalizado el tratamiento) en personas VIH negativas con hepatitis
C es del 55-60% con el tratamiento combinado de Peg-IFN y Ribavirina.
Si bien existen pocos datos en el momento actual relativos a personas
VIH positivo, los resultados comunicados hasta la fecha son peores (30-35%
de respuesta sostenida), especialmente en los genotipos 1 y 4.
De acuerdo con los resultados de un estudio reciente en personas VIH negativo,
la duración del tratamiento con Peg-IFN y RBV y la dosis de éste
último fármaco deben establecerse en función del
genotipo virico. Las personas infectadas por los genotipo 2 y/o 3 deben
recibir tratamiento durante 6 meses con dosis de Ribavirina de 800 mg/día.
Con esta pauta, la tasa de respuesta supera el 75%. Las personas infectadas
por el genotipo 1, en cambio, precisan tratamientos de un año de
duración y dosis mayores de Ribavirina (1000-1200 mg/día).
La tasa de respuesta sostenida en estos enfermos utilizando este régimen
es del 50%. En la actualidad se desconoce la duración óptima
del tratamiento en las personas coinfectadas.
Los efectos adversos más frecuentes asociados al IFN y la RBV son:
sindrome gripal, leucopenia, trombocitopenia, anemia hemolítica
y depresión. Todos son habitualmente reversibles y dosis-dependintes.
La RBV es teratógena en animales de experimentación y su
uso en humanos requiere el empleo de métodos anticonceptivos.
A pesar de la utilización de estas combinaciones de fármacos,
con las que las tasas de respuesta se han visto notablemente incrementadas,
sigue existiendo un elevado porcentaje de personas que no responden a
los tratamientos disponibles. En este sentido, la investigación
se centra en nuevas moléculas como los inhibidores de proteasa
y de la helicasa del VHC así como en el desarrollo de vacunas eficaces.
Las personas VIH positivas con hepatitis crónica por VHC deben
ser vacunadas de Hepatitis A y/o hepatitis B si no tienen marcadores serológicos
de exposición previa a estos virus y no presentan un grave compromiso
inmunológico.
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de acción
Infecciones
por virus en personas con el VIH
La coinfección entre el virus de la inmunodeficiencia
humana (VIH) y otros virus, oportunistas o no, es altamente frecuente.
Desde las descripciones iniciales, los virus se han incluido entre agentes
que complicaban el curso evolutivo de las enfermedades, ya fuese como
marcador de su inicio (virus herpes varicela-zoster) o aprovechando las
profunda inmunodepresión de los estudios más avanzados (citomegalovirus
o virus JC). Otros virus se han descrito como causantes de enfermedad
relacionada con la infección por VIH, como en el caso del virus
herpes humano tipo 8, que se ha relacionado con la etiopatogenia del sarcoma
de Kaposi.
Los progresos e los últimos años en el control de la infección
por VIH/SIDA han tenido consecuencias tanto en la incidencia como en las
manifestaciones clínicas y en el manejo de las complicaciones resaltando
especialmente los datos generados más recientemente, tras la introducción
del tratamiento antirretrovírico combinado de alta eficacia.
TUBERCULOSIS
Las microbacteríosis en general, y la tuberculosis
(TB) en particular, constituyen un importante un importante problema de
salud pública, especialmente en los países en los que esta
segunda en endémica. La aparición en 1981 dela infección
por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) empeoró la situación
provocando un marcado incremento en el numero de casos de TB, y dando
a Mycobacterium avium-intracellulare (MAI) un protagonismo que nunca antes
había tenido. De hecho, la infección por el VIH se ha convertido
en el principal factor desencadenante de enfermedad tubrculosa (ET).
En nuestro medio, la coinfección VIH-Mycobacterium tuberculosis
(MTB) es especialmente frecuente. La tuberculosis presenta una serie de
características que la hacen particularmente interesante:
- Elevada Frecuencia.
- Cuadro clínico relacionado con el grado de inmunodepresión.
- Es una de las pocas enfermedades observadas en los pacientes VIH+ que
pueden transmitir tanto a la población VIH negativa como positiva.
- Posibilidad de prevención mediante quimioprofilaxis (QP).
- Posibilidad de evitar contagio mediante aislamiento adecuado.
- Riesgo de desarrollo de cepas multirresistentes, capaces de provocar
brotes nosocomiales entre la población infectada por VIH con elevada
mortalidad, y capaces de afectar a personal sanitario y convivientes.
- Interacciones entre fármacos antirretrovirales y tuberculostáticos.
Estos y otros aspectos convierten a la tuberculosis en uno de los procesos
infecciosos asociados a la infección VIH de mayor interés,
por lo que su conocimiento y manejo adecuados son imprescindibles para
el buen control clínico de los pacientes VIH+
Epidemilogía
Los movimientos migratorios, la infección
por VIH y otros factores relacionados con la infraestructura del control
sanitario de la TB, son responsables del incremento observado a partir
de 1.980. Se estima que un tercio de la población mundial presenta
infección por MTB, que se producen 8 millones de nuevos casos de
ET por año, y que ésta es responsable de 2 millones de muertes
anuales. En ciertas áreas geográficas la coinfección
VIH-MTB es especialmente elevada. En nuestro país, la ET pulmonar
o extrapulmonar es la principal complicación diagnóstica
de SIDA. Así, el 38,8% de los casos diagnosticados de SIDA desde
el año 1994 hasta el año 2000 fueron por cuadro TB (19,8%
TB pulmonar y 19% TB extrapulmonar/diseminada) El rango se mueve desde
el 33,9% del año 2000 al 44,4% del año 1994. Precisamente
desde el año 1994, y de una forma progresiva el porcentaje ha disminuido
lentamente (44.4% en 1994, 37,2% en 1996, 35,3% en 1998, y 33,9% en el
año 2000), a expensas de pequeños incrementos observados
en otros procesos, como en la neumonía bacteriana recurrente o
en la neumonía por Pneumocystis carinii.
La mayoría de los casos de ET se deben a reactivación de
infecciones latentes por MTB. No obstante, se pueden producir reinfecciones
exógenas por nuevas cepas de TMB, especialmente en pacientes muy
inmunodeprimidos. Por otra parte, el desarrollo de E.tBsa depende del
recuento de linfocitos CD4+. Así, en 1993 comunicamos que el riesgo
de padecer enfermedad pot M.TB está especialmente elevado en pacientes
con menos de 400 linfocitos CD4+ por ulº. Evaluamos 839 pacientes
con un seguimiento medio de 16 meses; 34 pacientes, con un recuento medio
de 77 linfocitos CD4+ (rango 1-400 CD4+/ul)desarrollaron ET. El riesgo
fue especialmente elevado en pacientes con PPD positivo no sometidos a
quimioprofilaxis.
Citomegalvirus
Citomegalovirus (CMV) es el agente responsable más
frecuente de infección vírica oportunista en pacientes infectados
por VIH. Se ha estimado que aproximadamente entre el 10%-25% de los pacientes
con SIDA desarrollaban enfermedad por CMV en las condiciones de inmunodepresión
adecuada, aunque esta cifra se elevaba hasta un 40% en algunas series
y hasta el 70%-90% de las series de necropsias.
La alta frecuencia de enfermedad es consecuencia de la prácticamente
universal infección por CMV en los pacientes con infección
VIH/SIDA. Hasta un 75% de los pacientes con historia de adicción
a drogas por vía parenteral y cerca del 100% de los pacientes con
prácticas homosexuales tienen marcadores de infección por
CMV. La presencia de estos marcadores, aunque expresa infección,
no es indicativa de enfermedad por el virus, que podría desarrollarse,
sin embargo, en situaciones de inmunodepresión. De modo característico,
la enfermedad por CMV se desarrolla en pacientes con infección
por VIH cuyo recuento de linfocitos CD4+ descendía por debajo de
100/mm3
Los estudios de la historia natural realizados durante la era pre-TARGA
identificaron que el principal factor de riesgo para el desarrollo de
enfermedad por CMV era tener recuentos de linfocitos CD4+ inferiores a
50 células/mm3. Junto con ello, se han comprobado que la viremia
positiva permite predecir el riesgo de desarrollo de enfermedad. La detección
de ADN-CMV en sangre total de muestras de pacientes con SIDA y CD4<100
células/mm3 se asocia con un riesgo significativamente mayor de
desarrollar ECMV, al compararlo con pacientes sin viremia. Algunos autores
han documentado que la PCR-CMV cuantitativa es un marcador predictivo
más útil que la técnica cualitativa.
Los síndromes clínicos debidos a CMV entre los pacientes
con SIDA abarcan un amplio espectro, que incluye retinitis, neumonitis,
afectación digestiva (esofagitis, colitis, hepatitis, pancreatitis),
afectación neurológica (encefalitis, polirradiculomielitis,
neuropatía), adrenalitis y fiebre prolongada. Con diferencia a
retinitis es la forma de presentación más frecuente de la
enfermedad por CMV en estos pacientes, estableciéndose importantes
diferencias con otros grupos de inmunodeprimidos que sufren enfermedad
por CMV, como los transplantados. La incidencia de retinitis por CMV en
pacientes con SIDA en la era previa al tratamiento antirretrovírico
de gran actividad se estima en torno al 50%-80% de todos los casos de
enfermedad por CMV, seguida por la afección del tracto gastrointestinal
(5%-25%) y del neurológico (10%-15%).
El diagnostico de enfermedad por CMV requiere la confirmación mediante
el estudio histológico de biopsias titulares, que pongan de manifiesto
la existencia de daño tisular mediado pro CMV (inclusiones citomegálicas).
Aunque en determinadas situaciones las existencia de una clara sospecha
clínica, junto con la demostración de infección por
CMV(Antigenemia, cultivo celular, reacción en cadena de polimerasa
[PCR], etc.) y la exclusión de otras etiologías puede justificar
el inicio de tratamiento frente al CMV. Esto es lo que habitualmente sucede
en los casos de retinitis, en los que se acepta el diagnóstico
presuntivo mediante oftalmoscopia, para iniciar el tratamiento.
Las manifestaciones más corrientes de la retinitis por CMV son
las miodesopsias, los defectos campimetricos y la disminución de
la agudeza visual. El examen oftalmoscópico revela áreas
de necrosis retinianas con focos hemorrágicos, cuyo aspecto ha
sido gráficamente descrito como una "mezcla de queso y Ketchup".
Pueden estar presentes en cualquier área retiniana, aunque suelen
seguir un trayecto perivascular.
Virus Herpes simple
El virus herpes simple (VHS) tipo 1 y 2 es una causas frecuente
de enfermedad entre la población VIH positiva. La mayoría
de estos pacientes y han sido infectados por uno o ambos tipos de VHS
antes de la infección por VIH, por lo que no van a sufrir cuadros
de primoinfección aunque están expuestos a sufrir reactivaciones
a partir e cepas latentes. La prevalencia de anticuerpos frente al VHS-1
en la población general alcanza el 70% y frente al VHS-2 oscila
entre el 16% y el 46%.
La gravedad de la enfermedad depende de múltiples factores, de
los que destacan el lugar anatómico de la infección inicial,
si se trata de una primoinfección o reactivación y del nivel
de inmunodepresión. En los pacientes con DC4<50 células/mm3,
las recidivas se suelen mostrar como úlceras mucocutáneas.
Las formas clínicas más frecuentes son las que afectan las
regiones orolabial, genital, anorrectal, esófalo y meninges. Aunque
a encefalitis por VHS es una manifestación rara, e la más
grave. El LCR es inespecífico, con pleoitosis a expensas de linfocitos
e hiperproteinorraquia y la PCR puede ser de utilidad.
El tratamiento rápido reduce la morbilidad y el riesgo de complicaciones.
El aciclovir es el fármaco de elección. En las formas cutáneas
la dosis es de 1 g/día por vía oral hasta la cicatrización
de las lesiones. En las formas cutáneas graves pueden usar la formulación
intravenosa a dosis de 15mb/kg/día. Esta dosis se debe duplicar
en los casos de afectación visceral.
Las recurrencias pueden ser manejadas con terapia supresita con aciclovir.
Las recurrencias que aparecen durante el tratamiento supresito pueden
controlarse aumentando la dosis, aunque existe el riesgo de aparición
de cepas resistentes al aciclovir. En estos casos de resistencia se pude
emplear foscarnet a dosis de 40 mg/kg/8h o 60 mg/kg/12h. Existen además
otros fármacos con actividad frente al VHS como e lfamciclovir,
el valaciclovir y el penciclovir con una dosificación oral más
sencilla.
Virus Varicela Zoster
La primoinfección por el virus varicela-zoster (VVZ)
provoca la varicela y suele producirse durante la infancia. Tras la infección
aguda pueden producirse episodios de reactivación, habitualmente
como herpes zoster monometamérico, aunque puede ser multietamérico
e inclusos con afectación diseminada (diseminación visceral
a pulmón, hígado y sistema nervioso central).
Para el tratamiento del VVZ se precisan dosis mayores de aciclovir, siendo
al dosis recomendada 4g/día, si existe diseminación cutánea
o visceral el tratamiento debe ser intravenoso a dosis de 30 mg/kg/día.
También se ha identificado cepas resistentes al aciclovir, para
las cuales el tratamiento es foscarnet a 40 mg/kg/8horas.
Virus Herpes Humano Tipo 8
Pronto tras las primeras series de sarcoma de Kaposi asociado
a la infección por VIH, diversas observaciones epidemiológicas
sugerían una etiología infecciosa, transmisible, para explicar
su aparición en estos pacientes. El riesgo de desarrollar SK es
significativamente mayor para los hombres que para las mujeres y entre
los hombres es especialmente frecuente entre homosexuales, mucho más
que entre hemofílicos y los adictos a drogas por vía parental.
Por ello se relacionó su tratamiento con las relaciones sexuales
y con el número de parejas no pareciendo existir transmisión
por vía sanguínea. La saliva ha sido descrita como otro
potencial vehículo de transmisión es la saliva.
La hipótesis de una relación con n agente infeccioso ser
reforzaría en 1994 cuando se detectaron secuencias genómicas
de un nuevo herpesvirus, el virus herpes humano tipo 8 (HHV-8), en muestras
histológicas de sarcoma de Kaposi de pacientes infectados por VIH
y su ausencia en muestras histológicas que servían de control.
Posteriormente se detectarían anticuerpos frente al virus en un
80%-95% de los pacientes seropositivos con sarcoma de Kaposi. Además
de en el sarcoma de Kaposi, el HHV-8 se ha implicado en la patogenia de
otros tumores, como el linfoma efusivo primario y la enfermedad multicéntrica
de Castleman.
Se ha secuenciado el genoma completo del HHV-8 y filogenéticamente
está relacionado con la familia del herpes virus. En un virus linfotropo.
Se cree que sus principales vías de transmisión son la sexual
(especialmente ligada a prácticas homosexuales, menos las heterosexuales)
y la vertical. Se ha aislado del semen en porcentajes muy variables de
pacientes infectados por VIH (entre un cuarto y dos tercios). La prevalencia
de la infección es más alta en pacientes infectados por
VIH (20%-50%) que en la población general, donde además
se observan amplias variaciones geográficas (del 2-4% en el sudeste
asiático, Caribe o norte de Europa, a un 10% en los países
mediterráneos y 35% en países del África subsahariana).
En los pacientes con sarcoma de Kaposi, asociado o no al VIH, la seroprevalencia
del HHV-8 oscila entre el 80% y el 94%.
El mecanismo por el cual el HHV-8 produce el sarcoma de Kaposi no está
aclarado. Si bien prácticamente todos los pacientes con el tumos
están infectados por HH V-8, no ocurre lo mismo a la inversa, sugiriendo
la existencia de algún cofactor. La inmunodepresión producida
por el VIH y la alteración en la expresión de múltiples
citoquinas podría favorecer la aparición del sarcoma de
Kaposi. El riesgo de desarrollo del tumor es mayor para aquellos pacientes
que seroconvierten el HHV-8 después de estar infectados por el
VIH.
La incidencia de infección por el HHV-8 ha disminuido progresivamente
desde la generalización de la terapia antirretrovírica.
Se ha demostrado que el uso de tratamiento antirretroviral de alta eficacia
ejerce además un poderoso efecto positivo en la incidencia y pronóstico
del sarcoma de Kaposi en los pacientes VIH positivos. Aunque con frecuencia
las lesiones mucocutáneas del tumor pueden desaparecer tras la
recuperación inmunológica asociada al tratamiento antirretrovírico,
se recomienda asociar radioterapia, cirugía o quimioterapia, ante
lesiones extensas o en determinadas localizaciones.
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