transmisión del VIH
 
prevención del VIH
 
 

Modos de transmisión

Más de una década después de que se llevaran a cabo los primeros estudios para determinar las formas de transmisión del VIH, los datos de vigilancia y epidemiológicos de todo el mundo siguen sustentando fuertemente tres modos primarios de transmisión: contacto sexual, exposición a sangre, principalmenate a través del uso de drogas inyectables y transfusión, y transmisión perinatal de las madres infectadas a sus hij@s.


Transmisión sexual

El contacto sexual es el modo predominante de transmisión del VIH en todo el mundo. Sin embargo, la distribución geográfica de los casos atribuibles a transmisión homosexual y heterosexual varía mucho. Mientras la transmisión heterosexual es el principal modo de propagación de la infección en África, la mayor parte de América del Sur y el Caribe explica una proporción más pequeña, aunque creciente de los casos de SIDA en América del Norte y Europa, donde la transmisión sexual hombre-hombre continúa representando una proporción mayor de casos comunicados de SIDA.

Infectividad de la pareja sexual

La variabilidad en la infectividad de la pareja fuente ha sido sugerida por observaciones de que algunas personas parecen ser transmisores altamente eficientes del VIH a través del contacto sexual. Dicha eficiencia se manifiesta por la infección de una alta proporción de las parejas sexuales de un individuo, a menudo después de un único contacto.
Múltiples líneas de datos indican que la transmisión dell VIH parece se más eficiente en la evolución avanzada de la infección por VIH. Esta asociación fue sugerida inicialmente en un estudio prospectivo de hombres hemofílicos infectados y sus parejas sexuales femeninas. Algunos estudios epidemiológicos ulteriores han dado sustento a la correlación del estadio avanzado de la infección determinado por las enfermedades indicadoras de SIDA o la menor cantidad de linfocitos T CD4 periféricos, con más probabilidad de transmisión a los compañer@s sexuales. Más aún, esta asociación se ha observado en la transmisión hombre-hombre, hombre-mujer y mujer-hombre. Estas observaciones se correlacionan bien con estudios de laboratorio que demuestran que tanto la capacidad de aislar VIH del semen como la concentración del virus en plasma son inversamente proporcionales a la cantidad de linfocitos CD4.
En otro estudio, el VIH se aisló con mayor frecuencia de las secreciones cervicovaginales de mujeres con SIDA que de aquellas mujeres que están en los primeros estadios de la enfermedad. Además, la infección por VIH primaria también puede se un período asociado con mayor infectividad. Desde el punto de vista de salud pública, esta asociación podría ser extremadamente importante debido a que la mayor infectividad precedería al reconocimiento de la infección por el individuo. Con la disponibilidad de ensayos que permiten la determinación de la cantidad de VIH presente en plasma, sangre o secreciones genitales ahora es posible intentar establecer la correlación entre la infectividad y la cantidad de RNA del VIH presente en la secreciones genitales. En general, el VIH es detectado más fácilmente y también está presente en concentraciones mayores en los individuos con la enfermedad más avanzada; sin embargo, esta correlación no se encuentra en todos los estudios. No obstante estos hallazgos, se debe presumir que todas las personas infectadas son capaces de transmitir sexualmente el VIH, independientemente de su estadio de la infección.
El tratamiento antirretroviral puede influir en la infectividad y el riesgo ulterior de transmisión por contacto sexual. El tratamiento con zidovudina aislada se ha asociado con menor detección de VIH en semen, y un estudio epidemiológico ha desmostrado que el tratamiento antirretroviral se asociaba con una reducción del 50% de la transmisión sexual del VIH entre parejas heterosexuales discordantes. Sin embargo, aun con el uso del tratamiento antirretroviral combinado y en presencia de supresión del RNA del VIH en plasma, se ha detectado DNA proviral en las células seminales de los hombres infectados y las secreciones genitales de las mujeres. Por lo tanto, cualquier efecto protector que ejerzan los antirretrovirales sobre la transmisión sexual del VIH es probable que sea parcial y que no convierta a un individuo en completamente no infeccioso.
Dado que el VIH está presente tanto en las células sanguíneas como en las secreciones cervicovaginales, el contacto sexual con una mujer infectada por VIH durante la menstruación aumenta algo el riesgo de transmisión del VIH mujer-hombre, así como el riesgo de la mujer de adquirir la infección por VIH. También se ha comunicado que el sangrado vaginal no menstrual y el peniano se asocian con la transmisión del VIH.
Los datos epidemiológicos y de laboratorio indican que la enfermedad ulcerosa genital en la pareja fuente es un factor importante que facilita la transmisión del VIH. Las tasas más altas de transmisión heterosexual en África pueden ser explicadas en parte por la mayor prevalencia de enfermedad ulcerosa genital y otras infecciones de transmisión sexual en muchos países en vías de desarrollo, que en los países de America del Norte y Europa. Es probable que las úlceras genitales aumenten la infectividad de las parejas fuente tanto masculina como femenina. En un estudio prospectivo de más de 400 hombres que adquirieron alguna enfermedad de transmisión sexual (incluida la infección por VIH) de un grupo de prostituras en Nairobi, Kenia, una seroconversión a VIH se asoció de forma independiente con la adquisición simultánea de la enfermedad ulcerosa genital. La enfermedad ulcerosa genital puede haber aumentado la infectividad de las mujeres al aumentar la eliminación viral en el tracto genital femenino a través de una respuesta inflamatoria local mediada por el reclutamiento y la activación de los macrófagos y linfocitos infectados por el VIH en la superficie mucosa dañada. La recuperación del VIH de la úlceras genitales en las mujeres infectadas por el VIH sustenta esta hipótesis.
Las enfermedades de transmisión sexual no ulcerosa también pueden aumentar la transmisión sexual del VIH. Entre los hombres, la uretritis y la gonorrea se asocian con más detección de VIH en semen, el tratamiento antibiótico apropiado disminuye la cantidad de VIH presente en las secreciones genitales.


Susceptibilidad de la pareja receptora

Como mencionamos previamente, la presencia de ulceración genital o anorrectal o el daño de la mucosa secuandaria a la infección ha surgido como uno de los factores más constantes y biológicamente plausibles que afectan la transmisión y la adquisición de la infección por VIH a través del contacto sexual. Aunque las ulceraciones que interrumpen el epitelio genital pueden servir como puerta de entrada del VIH, las ulceraciones pueden tener un papel más complejo en el transmisión del VIH. Las ulceraciones genitales producen una respuesta inflamatoria que a su vez puede aumentar la coantidad de linfocitos T estimulados en la superficie de la ulceración y, por tanto, aumentar la cantidad de células susceptibles.
Algunos estudios epidemiológicos han demostrado que el antecedente de enfermedad ulcerosa genital en la pareja receptora es un factor de riesgo para adquirir el VIH tanto en hombres como en mujeres, tanto entre heterosexuales como entre homosexuales. Aunque es posible que esta asociación no sea sorprendente, dos estudios seroepidemiológics de hombres homosexuales han demostrado convincentemente que la enfermedad ulcerosa genital no es simplemente indicador de más actividad sexual. En cambio, la infección por VIH se asoció de modo independiente con señales serológicas de sífilis o infección previa por virus herpes simple tipo 2, las dos causas más frecuentes de úlceras genitales entre los hombres homosexuales en Estados Unidos. En otro estudio entre prostitutas en Nairobi, el 60% de las mujeres que sufrieron seroconversión experimentó un episodio o más de úlceras antes de la seroconversión.
Las enfermedades de transmisión sexual no ulcerosas como la gonorrea y la infección por clamidias también facilitan la adquisición de la infección por VIH al producir daño en la mucosa del tracto genital. Otras enfermedades de transmisión sexual no ulcerosas (p.ej., uretriris, cervicitis, balanitis, vaginosis bacteriana y verrrugas genitales) también aumentan el riesgo de adquirir una infección por VIH. La mayor frecuencia de balanitis en los hombres no circuncidados se ha postulado como una explicación parcial del mayor riesgo de VIH observado entre los hombres no circuncidados en los países en vías de desarrollo.
Las causas no infecciosas de ulceraciones del tracto genital también plantean un riesgo de transmisión sexual del VIH. Por ejemplo, el uso frecuente de esponja anticonceptiva con nonoxinol 9 por las prostitutas deNairobi se asoció con tasas mayores de úlceras genitales, vulvitis y seroconversión del VIH en un estudio. El mayor riesgo de adquisición del VIH puede ser atribuible a la irritación química del espermicida o a un traumatismo mecánico; ambos pueden ocasionar inflamación y ulceración. La importancia del tratamiento de las infecciones de transmisión sexual en la epidemia de VIH se hizo evidente por un estudio hecho en Tanzania que mostró que el rápido manejo de estas infecciones disminuía la incidencia de infección por VIH en un 42%. Ciertas prácticas sexuales traumáticas que producen lesiones en la mucosa rectas se han asociado con infección por VIH. Los primeros estudios epidemiológicos de hombres homosexuales observaron que el coito anal receptivo, el uso de los puños y la ducha aumentaban el riesgo de transmisión del VIH. Los estudios ulteriores han sustentado estos hallazgos y extendido la asociación del coito anal receptivo a la transmisión heterosexual del VIH.
Aunque se han comunicado casos de SIDA entre mujeres lesbianas y bisexuales, la mayoria de ellas se infectaron en el consumo de drogas inyectables. La transmisión mujer-mujer del VIH parece ser muy rara. Sin embargo se han comunicado como mínimo cuatro casos.
No se ha observado ninguna asociación coherente entre el uso de anticonceptivos orales por las mujeres y la adquisición de la infección por VIH. En un estudio, las mujeres que comunicaron el empleo de anticonceptivos orales tuvieron menos riesgo de infección por VIH. Sin embargo, en un estudio longitudinal de cohorte de prostitutas de Nairobi y un estudio de corte transversal de compañeros sexuales en una clínica para enfermedades de transmisión sexual en Nairobi, el uso de anticonceptivos orales era un factor de riesgo independiente para la seroconversión del VIH y para la infección prevalente, respectivamente. Por el contrario, en un estudio de prostitutas en Zaire y en otro estudio de mujeres embarazadas en una comunidad rural de los Estados Unidos con una alta prevalencia de la infección por el VIH no se observó ninguna asociación entre infección por VIH y uso de anticonceptivos orales. Aunque el coito anal y vaginal son las dos prácticas sexuales asociadas con el riesgo máximo, otras actividades sexuales que comprenden la exposición a semen o sangre también acarrean un riesgo potencial de transmisión. Por ejemplo se ha documentado seroconversión para anticuerpos contra el VIH después del sexo oral receptivo con eyaculación.

Transmisión por uso de drogas inyectables

Entre l@s usuari@s de drogas inyectables, el VIH es transmitido por la exposición parenteral a sangre infectada por VIH a través del uso de agujas y otros intrumentos para la inyección contaminados. Los factores específicos que se han asociado con infección por VIH entre las personas adictas a drogas inyectables incluyen la duración del uso de estas drogas desde 1977, la frecuencia de las agujas compartidas, la cantidad de parejas que comparten agujas, la cantidad de inyecciones, el promedio de inyecciones en los lugares habituales y la prevalencia de infección por VIH en la zona de reisdencia. La tasa de infección por VIH entre personas adictas a drogas inyectables varía ampliamente entre diferentes zonas geográficas.
La mayoría de los estudios han observado tasas mayores de infección por VIH asociadas con la inyección de cocaína y heroína que con la inyección de heroína sola, probablemente debido a la mayor frecuencia de la inyección de cocaína. Entre las personas adictas a drogas inyectables, las malas condiciones socioeconómicas, la falta de vivienda y las minorías raciales se asocian con mayor frecuencia de conducta de riesgo y tasas más altas de infección por VIH. En un estudio en Baltimore desde 1988 hasta 1989, los 703 adictos infectados por VIH mostraron más probabilidad de tener antecedentes de sífilis (16,8%) que los 2.218 adictos no infectados (11,3%). Las tasas más altas de enfermedades de transmisión sexual entre los participantes infectados por VIH que entre los no infectados sugieren que algunas infecciones son transmitidas a través de prácticas sexuales poco seguras.
Muchas personas usuarias de drogas inyectables han modificado las conductas de consumo de drogas para reducir el riesgo de infección por VIH. El tratamiento del abuso de drogas, los programas de alcance en las calles, los programas de intercambio de agujas y jeringas, los esfuerzos educativos sobre el SIDA y los programas de asesoramiento y pruebas para VIH han mostrado ser eficaces para reducir, ya que no eliminar, el riesgo de transmisión del VIH en estas poblaciones.

Fuente: "Enfermedades Infecciosas. Principios y Práctica". Mandell, Douglas y Bennett.

Transmisión vertical

Desde el comienzo de la epidemia de la infección por VIH, cerca de 3,8 millones de niños han fallecido y alrededor de medio millón en 1999. Actualmente cerca de 1,3 millones de niños están infectados y la mayoría morirán antes de alcanzar la adolescencia. Casi todos han nacido de madres infectadas, y éstos se han infectado por el VIH durante el embarazo, el parto o en la lactancia. En ausencia de alguna medida preventiva, alrededor de un 30% de las madres transmiten el VIH a sus hijos. La mitad de los casos de transmisión maternoinfantil (TMI) son debidos a la lactancia materna (LM), evidente en países en desarrollo.
En los últimos años se han adquirido importantes conocimientos para prevenir la TMI. La mayoría de estos descubrimientos se han aplicado en países desarrollados, donde las madres podían elegir un tratamiento antirretroviral (TARV) y posteriormente inhibir la lactancia. Estas dos medidas junto a la forma de parto mediante cesárea (CST) electiva o cesárea programada, han conseguido un importante descenso de la TMI. Pero esto no ocurre en los países en desarrollo (Tercer Mundo), como es el caso de África subsahariana, donde se están buscando programas a gran escala para reducir la TMI, por existir una elevada tasa de natalidad y con mayor frecuencia infección por VIH. Los desafíos que se presentan en estos países son mucho más grandes que en los países desarrollados, por las escasas facilidades para realizar pruebas de detección de anticuerpos del VIH y consejo antes del embarazo. La lactancia materna es generalizada en todas las madres y existen claras dificultades para la utilización de otras opciones como la lactancia artificial. La alta incidencia de infección VIH y la ausencia de programas de prevención que actúen en la población en las mujeres en edad fértil, y finalmente los TARV son demasiado caros y de difícil uso para ser utilizados ampliamente en países pobres.
Algunas de estas dificultades están siendo superadas. A finales de 1999, un estudio en Uganda mostró que administrando nevirapine (NVP, Viramune®) a la madre en el parto y al recién nacido, se conseguían similares resultados que los conseguidos con zidovudina (ZDV, Retrovir®) y mucho más económico (alrededor de una décima parte). La escasez de conocimientos sobre la posibilidad de transmisión de la madre infectada al feto y las medidas que existen para reducirla, han motivado que en Botswana se haya lanzado una gran campaña de información para que las mujeres posean unos básicos conocimientos de cómo prevenir la infección en el niño antes de acudir a las consultas médicas por un embarazo. Al mismo tiempo se está intentando superar la negativa de las mujeres para realizarse los tests de detección de infección por VIH. Esta negación al ofrecimiento del test se basa en el miedo a no encontrar el apoyo social o médico que pudiera necesitar al descubrir que están infectadas. Cuando la gestante conoce que presenta un infección VIH y acepta un TARV, se le administrará un curso corto de tratamiento antirretroviral, y se le aconsejará sobre las opciones para la alimentación del niño, y futuras decisiones reproductivas. Aproximadamente unos siete proyectos pilotos
han comenzado en África Subsahariana y en América Central, con el apoyo de la UNICEF y otros miembros del equipo de operaciones de la ONU (UNFPA, WHO y UNAIDS), para conseguir optimizar las ayudas en la alimentación infantil.
Sin embargo, la destacada diferencia entre los países en desarrollo y desarrollados se hace más evidente cuando se plantea en estos últimos, en un marco de adecuados recursos, la eliminación completa de la infección pediátrica2. En la actualidad las tasas de transmisión se están reduciendo a menos del 3% en la mayoría de los estudios realizados en EE.UU. Los progresivos avances en el tratamiento de la infección por VIH han conducido a que el 50% de las pacientes tomen terapia antirretroviral de gran actividad (TARGA) durante el embarazo. Resultados similares se han comunicado en Europa (Reino Unido), en donde se han descrito3 los hallazgos en 2.633 gestantes desde los años 1985 a 1999. Se utilizaron tratamientos diferentes, siendo el más común la ZDV (PACTG 076), el 24% tratamiento con dos fármacos y el 41% tres fármacos. Un total del 67% acabaron con CST electiva, con marcadas diferencias entre los distintos países. La tasa de transmisión descendió del 16% en 1994 a un 7% entre 1998-1999. El principal obstáculo para la supresión de la transmisión es la tardía asistencia de las madres a los cuidados durante el embarazo o en el propio parto.
Un testimonio más de los excelentes progresos en los países desarrollados son los resultados de un ensayo clínico (PACTG 316), que fue terminado después de los primeros resultados, al descubrir la inesperada baja tasa de transmisión, de menos del 3% en las madres que tomaban nevirapine en comparación con las que no lo tomaban. Este estudio4 fue diseñado para comprobar la eficacia de una única dosis de NVP en madres que recibían TARV con cargas virales (c.v.) de más de 3.000 cop/mL al comienzo del parto.

Mecanismo y factores de transmisión

La transmisión perinatal del VIH puede ocurrir durante el embarazo (in utero), en el parto, y en el posparto. La relativa contribución de cada modo y los mecanismos y el momento deben ser aclarados. Aunque se ha demostrado que la infección puede ocurrir en un momento precoz y tardío durante el embarazo, se reconoce que la mayoría de las transmisiones de la madre al feto ocurren al final del embarazo y en el parto. La
transmisión posparto está asociada fundamentalmente con la lactancia materna.
El mecanismo por el cual la transmisión del VIH ocurre durante el parto no está claro. En un estudio realizado en Tailandia5 se concluyó que éste ocurría por la ingestión de las secreciones cervicovaginales de la madre por el niño. Se recogieron las secreciones cervicovaginales y nasales-orales de 386 recién nacidos pertenecientes al grupo de las madres que no habían recibido tratamiento con una pauta corta de ZDV. El estudio demostró una importante asociación entre la presencia del virus VIH en las secreciones del niño y los niveles de carga viral en las secreciones de la madre. En el mismo sentido otro estudio6, en Kenia, demostró que la transmisión en el parto no está relacionada con la carga viral en sangre de la madre, en las secreciones cervicovaginales, y el virus VIH en las secreciones orofaríngeas del infante. Estos dos estudios demuestran que el mecanismo de transmisión depende de la presencia de VIH y que la puerta de entrada sería la vía oral, lo que tendría importantes implicaciones en la forma de parto para prevenir la TMI (parto vaginal o cesárea).
Los factores que influyen en la TMI son muy variados. Estos incluyen alta viremia (carga viral) materna en plasma, síntomas de enfermedad avanzada, grave afectación inmunológica de la madre (importante descenso de CD4+), parto por vía vaginal, y tiempo prolongado entre la rotura de membranas (bolsa rota) y parto. Además, el contacto directo con la sangre de la madre, la existencia de infecciones genitales con lesiones ulceradas en vagina en el momento del parto, el uso de drogas durante el embarazo, parto prematuro, y bajo peso al nacer del recién
nacido, están asociados con un aumento de la TMI.

Fuente: "Manual Práctico. Lo que debe saber la persona que vive con el VIH-SIDA". Rafael de la Torre Dorado

 
  Para obtener más información:
  Transmisión del VIH.
  El VIH y su transmisión.
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La prevención de la infección por VIH debe apoyarse en estrategias que interrumpan la transmisión sexual, sanguínea y perinatal del virus. Estas estrategias deben estar basadas en el conocimiento de la epidemiología de la infección y de la ciencia del comportamiento humano. Estas estrategias de base científica constituyen el fundamento del diseño, la puesta en marcha y la evaluación de los esfuerzos de prevención.

Prevención de la transmisión sexual

Las estrategias para prevenir la transmisión sexual del VIH se han concentrado en reducir las conductas sexuales poco seguras (practicando una sexualidad mas amplia no basada en el coito), estimular el uso de condones y tratar las infecciones de transmisión sexual. Se ha demostrado que el uso de condones de látex es eficaz para la prevaención de la transmisión del VIH tanto en el nivel individual como en el poblacional. Múltiples estudios epidemiológicos de parejas heterosexuales en las que uno de los miembros es VIH positivo y el otro negativo indican que el uso correcto y continuado de condones reduce significativamente la transmisión del VIH y de otras enfermedades de transmisión sexual.
La eficacia de los condones para reducir el riesgo de transmisión del VIH puede verse afectada por la rotura y el deslizamiento del condón. Aunque el condón puede romperse, es infrecuente, en los países desarrollados los estudios han observado tasas de rotura de menos del 2% en el coito vaginal y anal. Asimismo, se han comunicado bajas tasas de deslizamiento de menos del 1%. Las pruebas in vitro de condones de látex intactos para detectar pérdidas de partículas del tamaño del VIH sugieren que los condones, cuando son utilizados correctamente, son una eficaz barrera física.
Los condones femeninos, recomendados como un método de prevención de barrera "controlado por las mujeres", también requiere un uso correcto y continuo. Se ha demostrado que el condón femenino es tan eficaz como el masculino para la prevención de las infecciones de transmisión sexual.
No se ha determinado si los datos sobre el efecto protector de los espermicidas contra distintas enfermedades de transmisión sexual son también válidos para el VIH. De hecho, los efectos irritantes de los espermicidas sobre el epitelio vaginal pueden facilitar, en lugar de reducir, la transmisión del VIH. Para prevenir el VIH es necesario desarrollar microbicidas tópicos y otros métodos controlados por las mujeres que puedan ser utilizados con seguridad y eficacia.
A pesar de los beneficios demostrados del uso de condones múltiples estudios han tallado tasas relativamente bajas de uso sistemático de condones entre hombres homosexuales activos, y hombres y mujeres heterosexuales. Los factores que influyen en el uso de los condones don complejos. La preocupación acerca del menor placer sexual o de la falta de cooperación de la pareja, la comunicación insuficiente, los efectos transitorios de las drogas o el alcohol, el uso de otros métodos de anticoncepción y las influencias culturales están relacionados con tasas bajas del uso del condón.
Entre los hombres homosexuales y bisexuales, se han logrado reducciones importantes de ciertas conductas de alto riesgo como el sexo con parejas no estables y el coito anal con introducción y se han observado reducciones en la incidencia de infecciones por VIH. Sin embargo, coincidiendo con estas observaciones se están aculmulando datos acerca de que esta conducta de reducción de riesgos no ha sido adoptada universalmente y es difícil de mantener durante periodos prolongados. Las tasas más altas de coito anal sin protección se observan en hombres homosexuales y heterosexuales jóvenes entre 18 y 25 años y provenientes de ciudades con baja prevalencia de SIDA. La seroconversión ulterior se observa princialmente en hombres que participaban en coito anal receptivo, ingesta inportante de alcohol, uso de moderado a importante de drogas y edades jóvenes. Estos estudios revelan la necesidad de un compromiso continuo para el desarrollo y puesta en marcha de programas de intervanción educación para las distintas edades, razas y situaciones socioeconómicas y geográficas diferentes.
Actualmente los datos sobre los cambios en las conductas sexuales de hombres y mujeres heterosexuales con riesgo de infección por VIH han sido limitados. La prevención del VIH adquirirdo por vía heterosexual requerirá esfuerzos para prevenir la transmisión asociada al uso de drogas, sobre todo inyectables, así como la prevención y tratamiento de otros enfermedades de transmsión sexual.
Existen en marcha estudios tanto en Africa como en EEUU sobre la utilización profiláctica de zidovudina en exposiciones ocupacionales al VIH y en relaciones sexuales de riesgo, sin que haya hasta el momento datos concluyentes con respecto a la eficacia de este tratamiento preventivo.

Fuente: "Enfermedades Infecciosas. Principios y Práctica". Mandell, Douglas y Bennett

Prevención en usuari@s de drogas por vía parenteral

Dadas las particulares características de la epidemia de sida en España, la prevención de la transmisión del VIH y otras enfermedades infecciosas así como la promoción de la salud entre las personas que se inyectan drogas sigue siendo el elemento nuclear del Plan Nacional sobre el Sida, y la reducción de daños la estrategia de elección. Al igual que en muchas otras enfermedades relacionadas con hábitos o prácticas nocivas para la salud, las medidas pragmáticas orientadas a reducir la morbi-mortalidad asociada que sufren las personas que se inyectan drogas han demostrado reiteradamente ser más efectivas que las intervenciones maximalistas orientadas a erradicar el consumo, no sólo para reducir la transmisión del VIH sino para el propio tratamiento de las toxicomanías, habiendo permitido además crear un entorno favorable para el acceso a los servicios sanitarios y sociales y la reducción de la marginalidad.
Las prácticas de inyección con riesgo de transmisión de VIH y otras enfermedades infecciosas entre los usuarios de drogas por vía parenteral (UDVP) han evolucionado favorablemente en los últimos años. En España, casi todos los inyectores pertenecen al "mundo de la heroína", (han sido o siguen siendo consumidores de heroína), sin que tengamos evidencias empíricas contrastables de que la extensión del consumo de cocaína que se ha producido en España haya conllevado la aparición de nuevos inyectores de sólo esta sustancia. El uso de la inyección como principal vía de administración de esta sustancia ha seguido reduciéndose en España, pasando de un 28% en 1996 a un 19% en 1999 en las personas que demandan tratamiento por su consumo, aunque llama la atención la resistencia al cambio mostrada por algunas áreas geográficas como el área metropolitana de Barcelona o la isla de Mallorca . Esta disminución de la vía parenteral debida tanto al abandono de ésta como a la adopción más frecuente de vías no parenterales por los nuevos usuarios es un hecho epidemiológico bien documentado y probablemente uno de los más relevantes para el control de la infección por VIH entre los consumidores de drogas en España . Sin embargo, cada vez existen más indicios de que algunas de las personas que han abandonado la vía parenteral como vía habitual se inyectan de forma esporádica dicha sustancia y quizá incluso más frecuentemente cocaína . Un patrón similar de inyección esporádica, sobre todo de cocaína parece que puede estar produciéndose entre las personas en tratamiento de mantenimiento con opiáceos. Aunque no existen muchas series temporales que permitan afirmarlo con rotundidad, parece evidente que se ha producido una constante disminución en el porcentaje de inyectores que utilizan jeringuillas ya empleadas por otras personas, así como del número de personas con las que se comparte, restringiendo este hábito a personas muy próximas en la red social del usuario, principalmente la pareja sexual , . Sin embargo, algún estudio fuera de nuestro país ha indicado que el beneficio de compartir sólo con la pareja no es tan importante, debido a la gran velocidad con que los consumidores cambian de pareja sexual o red de próximos . Por otra parte, se sabe que la práctica de inyectarse drogas que han sido disueltas en jeringas ya usadas por otras personas está tanto o más extendida que el empleo de jeringuillas usadas por otros. Bastantes consumidores que no comparten jeringuillas realizan esta práctica, cuya prevalencia probablemente esté aumentando .
La década final del siglo XX podría definirse en España como la de la generalización de los programas de reducción de riesgos, concretamente de intercambio de jeringuillas y de dispensación de metadona, cuyo mapa de distribución ha cambiado radicalmente en nuestro país. Esta cobertura debe mantenerse y mejorarse intentando que se implementen nuevos programas en áreas geográficas claramente carenciales o que se mejore la accesibilidad de grupos de consumidores insuficientemente cubiertos: consumidores jóvenes, consumidores con un alto grado de marginalidad, etc. La disponibilidad de material de inyección estéril para todos los inyectores y para todas las inyecciones es un elemento que sigue siendo crucial para el control de la epidemia, no sólo del VIH sino también del VHC.
La distribución del material de inyección se debe integrar como una actividad normalizada de todos los centros sanitarios pero, en particular, de aquéllos que atienden a drogodependientes. Las farmacias han sido un buen ejemplo a seguir en este sentido. Se estima que en el año 2000 un 5% participaban en programas de intercambio de jeringuillas, y la disponibilidad mostrada por los farmacéuticos y los auxiliares permitirá incrementar de forma importante el número de puntos dispensadores, por lo que deberá seguirse promoviendo la extensión de estos programas hasta configurar una red de prevención del VIH de amplia cobertura y profesionalidad.
Además, para llegar a las poblaciones de inyectores de difícil acceso es preciso disponer programas de intercambio de jeringuillas más diversificados , desarrollando modalidades mecánicas de intercambio, programas que además de la distribución del material estéril, educación sanitaria, promoción de la detección precoz del VIH con counseling, y derivación a los recursos sociosanitarios, se adapten a las distintas necesidades básicas y horarios de los usuarios. Las diferentes conductas de riesgo en función del sexo hacen imprescindible la incorporación de la perspectiva de género en los programas. Dado que la magnitud de nuestro problema no tiene mucho parangón entre los países desarrollados, tenemos la obligación de poner en marcha iniciativas innovadoras adecuadas, como salas de venopunción higiénica y programas de prescripción de heroína u otras que seamos capaces de imaginar. Debe por tanto continuar el desarrollo de programas de acercamiento a este colectivo iniciado en los últimos años, con participación de mediadores, principalmente usuarios y ex usuarios de drogas, y que incorporen la perspectiva de género. El acercamiento a las poblaciones ocultas de usuarios que no contactan con los servicios existentes sigue siendo un desafío.
Los comportamientos sexuales han evolucionado menos favorablemente en estos años probablemente debido a que se percibe menos el riesgo de infección por relaciones sexuales no protegidas que los riesgos relacionados con la inyección. Dichos comportamientos, en especial con la pareja estable, parecen más difíciles de cambiar. Diversos estudios indican que menos de la mitad de las personas que se inyectan usan el preservativo sistemáticamente en sus relaciones con la pareja estable, constituyéndose un puente para la transmisión sexual del VIH y otras infecciones de transmisión sexual hacia la población drogodependiente no inyectora, y hacia la población general. Aunque se ha realizado un amplio programa de formación de los profesionales de los centros de atención a drogodependientes y talleres para mediadores y usuarios, debe prestarse especial atención a la relevancia de esta vía de transmisión y al impacto en su prevención de las actividades de identificación y tratamiento precoz de otras enfermedades de transmisión sexual. Deben intensificarse las actividades de prevención para las personas infectadas y desarrollar programas específicos para parejas serodiscordantes independientemente de que uno de los miembros de la pareja se inyecte drogas o no. Las normas, las reglas y las costumbres en la conducta heterosexual de los usuarios podrían estar sustentando una cultura que legitima el sexo no protegido como parte importante y significativa de las relaciones, tanto en inyectores como en no inyectores. Por ello, la participación de asociaciones de usuarios en el diseño, ejecución y evaluación de las intervenciones dirigidas a este colectivo no solo garantiza el apoyo entre iguales y el acceso a poblaciones ocultas sino que permite mejorar el conocimiento del significado social de las relaciones entre inyectores, imprescindible para diseñar intervenciones preventivas más eficaces.
El análisis de los datos del Registro de casos de sida permite constatar que, en 1997-1999, uno de cada cinco UDVP fue diagnosticado de sida a la vez que de infección por VIH. Este retraso diagnóstico, aunque no tan acentuado como en otros grupos de población, es especialmente inaceptable en aquellas personas admitidas a tratamiento por consumo de sustancias psicoactivas con anterioridad. Debe por tanto sensibilizarse a los profesionales sanitarios de los centros de salud y servicios que atienden a drogodependientes para incrementar la detección precoz de la infección por VIH, así como incrementar la formación y las habilidades de estos profesionales en estrategias para mejorar la adherencia a las medidas de prevención de las personas infectadas. La epidemia del VIH entre las personas que se inyectan drogas debe ser contemplada en el contexto de otras enfermedades transmisibles frecuentes en este grupo de población (tuberculosis, hepatitis B y hepatitis C, otras ETS), siendo en algunos casos similares los métodos de vigilancia y las estrategias de prevención, precisándose por tanto un enfoque más integrado en el desarrollo de políticas e implementación de programas.
Teniendo en cuenta la gran inversión de recursos que los programas de reducción de daño suponen y el tiempo pasado desde su implementación, debe hacerse un esfuerzo importante para evaluar el grado en que los diferentes resultados esperables se han conseguido, así como los aspectos del diseño, de la estructura organizativa o funcional de los programas que son claramente susceptibles de mejora o de adaptación al contexto epidemiológico actual o al que es probable que nos encontremos en los años venideros.
Si queremos conseguir que dentro de 10 años el riesgo de infección de una persona que realice una práctica de riesgo en España sea equivalente al de la media de los países europeos, nuestra intervención ha de tener una prioridad y unas características diferentes de las de los países de nuestro entorno, tanto en intensidad como en la cobertura y diversidad de las estrategias implementadas.

Fuente: "Plan multisectorial 2001-2005".MSC.

Prevención de la transmisión vertical

Nuestros conocimientos acerca de los factores asociados con la transmisión perinatal han aumentado mucho y los adelantos logrados han conducido a una detección más precoz y confiable de la infección por HIV en el recién nacido. Aunque las medicaciones antirretrovirales utilizadas durante el embarazo y el parto han producido disminuciones espectaculares en la transmisión perinatal, todavía es poco lo que se sabe sobre los mecanismos y la patogenia de la transmisión de madre a hijo.
Antes de que se utilizaran medicamentos antirretrovirales las estimaciones de la frecuencia de transmisión perinatal variaban de menos del 13% en Europa a más del 60% en África, con frecuencias del 14 al 33% informadas en Estados Unidos. A medida que aumenta la cantidad de mujeres infectadas por el HIV durante sus años fértiles también aumenta la cantidad de niños que contraen la infección ene. Período perinatal sin una intervención eficaz. Se necesitan con urgencia estrategias prácticas y eficaces en relación con los costos para reducir la transmisión perinatal.

Consejo preconcepcional

Muchas de las mujeres infectadas por el VIH (cerca del 60% en algunos hospitales) comienzan el embarazo conociendo su diagnóstico, y cerca de la mitad de ellas reciben durante el 1.er trimestre de la gestación uno o varios fármacos antirretrovirales. De las que han comenzado el tratamiento antes del embarazo, el 40% necesitarán cambios en su terapéutica.
Este consejo preconcepcional debe realizarse en todas las mujeres en edad reproductiva, como parte de los cuidados médicos básicos. La intención de éstos es la identificación de los factores de riesgo que pudieran complicar la gestación (edad, diabetes, hipertensión, etc.), aportando los consejos dirigidos a las necesidades particulares de cada paciente.
En el caso de la mujer infectada por el VIH estos cuidados deben focalizarse para conocer el estado de la infección, la carga viral, el estado inmunológico, el tratamiento antirretroviral, así como a la educación dirigida a los riesgos de transmisión y a las estrategias preventivas. Igualmente, se deseará una eficaz anticoncepción hasta que el estado de salud de la madre sea lo más óptimo posible.
Los aspectos recomendados para el consejo preconcepcional deben incluir:
1. Elección de un eficaz método anticonceptivo para reducir embarazos no deseados.
2. Consejo y educación sobre los riesgos de transmisión y las medidas para reducirlos, y los efectos posibles del VIH o del tratamiento en el curso del embarazo y posterior evolución.
3. Iniciar o modificar el tratamiento antirretroviral antes de la gestación:
• Supresión de los fármacos con potencial toxicidad en el desarrollo del feto.
• Elegir un tratamiento eficaz para la reducción del riesgo de transmisión perinatal.
• Alcanzar una estable y máxima supresión de la carga viral.
• Evaluar y controlar los efectos secundarios que pudieran complicar la salud de la madre y el feto (hiperglucemia, anemia, toxicidad hepática, etc.).
4. Evaluar las infecciones oportunistas para iniciar la profilaxis y la administración de inmunizaciones (influenza, neumococo o VHB).
5. Asegurar un adecuado estado nutricional materno.
6. Manejo habitual del screening de enfermedades de transmisión sexual e inicio de aporte de ácido fólico.
7. Investigar alteraciones psicológicas y drogodependencia.

Los servicios médicos para la mujer con infección por VIH deben comprender un conjunto multidisciplinario de especialistas en planificación familiar, asistencia primaria, medicina interna, y obstetricia/ginecología.

Para más información sobre la transmisión vertical y el tratamiento antirretroviral en la mujer seropositiva VIH: mujer VIH

 
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