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Tratamiento antirretroviral
La disponibilidad
de un número creciente de fármacos antirretrovirales
junto a las rápidas modificaciones derivadas de los datos
nuevos hacen que el tratamiento de las personas VIH+ sea extremadamente
complejo. En consecuencia, el Departamento de salud y Servicios
Humanos y la Fundación Henry J. Kaiser Family convocaron
en el año 1996 a la Comisión sobre Práctica
Clínica para el Tratamiento de VIH con el fin de desarrollar
unas directrices sobre el tratamiento clínico de adultos
y adolescentes VIH+.
En este informe se recomienda que la asistencia de los pacientes
VIH+ sea supervisada por un especialista y en el mismo se incluyen
sugerencias relativas a la monitorización de laboratorio
incluyendo las determinaciones de los niveles plasmáticos
del ARN-VIH, los recuentos de células CD4+ y los tests
de resistencia farmacológica del VIH. Así mismo,
en este informe se suministran las directrices del tratamiento
antirretroviral, principalmente sobre el momento en el que se
debe iniciar el tratamiento, qué fármacos son los
primeros que se deben administrar, cuándo se debe cambiar
el tratamiento y las opciones terapéuticas existentes ante
un cambio de tratamiento. Se incluyen algunas consideraciones
especiales para adolescentes y mujeres embarazadas. Al igual que
en el tratamiento de otros trastornos crónicos, las decisiones
terapéuticas deben siempre tomarse después que el
paciente y el médico conozcan los beneficios y riesgos
del tratamiento. Los regimenes terapéuticos antirretrovirales
son complejos, originan acontecimientos adversos importantes,
conllevan dificultades respecto a la adherencia terapéutica
y tienen consecuencias potencialmente graves derivadas del desarrollo
de resistencia viral ocasionada por un incumplimiento del régimen
terapéutico o niveles subóptimos de los fármacos
antirretrovirales. La educación de los pacientes y su participación
en las decisiones terapéuticas son muy importantes en todos
los trastornos médicos, pero se consideran especialmente
críticas en la infección por VIH y su tratamiento.
Respecto a las recomendaciones especificas, el tratamiento antirretroviral
debe ofrecerse a todos los pacientes con un síndrome agudo
por VIH, a los pacientes que han presentado una seroconversión
en los 6 meses previos y a todos los pacientes con síntomas
de infección por VIH. Las recomendaciones de ofrecer un
tratamiento antirretroviral a pacientes asintomáticos precisa
del análisis de muchos riesgos y beneficios reales y potenciales.
Por lo general, se debe ofrecer la administración de tratamiento
a los pacientes con un recuento de células T CD4+ inferior
a 350 células/mm3 o niveles plasmáticos de ARN-VIH
superiores a 30.000 copias/mL (ensayo bDNA) o 55.000 copias/ mL
(ensayo PCR de la transcriptasa inversa (PCR-TI)).
La solidez de la recomendación de tratar a los pacientes
asintomático debe basarse en el deseo y disposición
del paciente para iniciar el tratamiento: el grado de inmunodeficiencia
determinado en función del recuento de células T
CD4+; el riesgo de progresión de la enfermedad, evaluado
en función del recuentote células T CD4+ y el nivel
plasmático de ARN-VIH; los beneficios y riesgos potenciales
de iniciar el tratamiento en individuos asintomáticos y
la probabilidad tras asesoramiento y formación de adherencia
terapéutica al régimen prescrito. Después
de que se hay tomado la decisión de instaurar un tratamiento
antirretroviral, sus objetivos deben consistir en la consecución
de una supresión viral máxima durante el mayor período
de tiempo posible el restablecimiento o conservación de
la función inmunológica, la mejoría de la
calidad de vida y la reducción de la morbilidad y la mortalidad
relacionadas con el VIH. Los resultados del tratamiento se evalúan
fundamentalmente mediante la determinación de los niveles
plasmáticos del ARN-VIH. Es esperable que dichos niveles
disminuyan 1 Log10 después de 8 semanas y que se produzca
una ausencia de virus detectables (<50 copias/mL) 4-6 meses
después del inicio del tratamiento. El fracaso del tratamiento
tras 4-6 meses de tratamiento puede estar ocasionado por un incumplimiento
terapéutico, una potencia inadecuada de los fármacos
utilizados o concentraciones subóptimas de los mismos,
resistencia viral y otros factores actualmente desconocidos. En
los pacientes con fracaso terapéutico y una adherencia
terapéutica adecuada debe cambiarse el tratamiento; dicho
cambio debe fundamentarse en una historia minuciosa del tratamiento
farmacológico y los resultados de los tests de resistencia
farmacológica. Los cambios óptimos del tratamiento
pueden ser especialmente difíciles de conseguir en pacientes
con fracaso a n régimen preferente, debido a que sólo
existe un número pequeño de regímenes antirretrovirales
alternativos con eficacia documentada: dichas decisiones terapéuticas
todavía se complican más , debido a los problemas
derivados de la adherencia terapéutica, la toxicidad y
la resistencia. En algunos casos, puede ser preferible participar
en un ensayo clínico con o sin acceso a fármacos
nuevos o emplear un régimen que probablemente no consiga
una supresión completa de la replicación viral.
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Resistencia
del VIH a los fármacos antirretrovirales
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Introducción
Desde la introducción
en 1996 de la terapia antirretroviral altamente potente (HAART,
Highly Active Antiretroviral Therapy), se ha producido una disminución
sostenida de la de la incidencia de SIDA y de la mortalidad
en las personas infectadas por VIH. De ese beneficio clínico
se ha acompañado y es consecuencia de una mejoría
en los parámetros de laboratorio, como son una disminución
de la carga viral y un aumento en la cifra de linfocitos CD4+.
Todo ello confirma que el beneficio del tratamiento antirretroviral
es tanto más prolongado cuanto más pronunciada
es la supresión de la carga viral y por el mayor espacio
de tiempo posible.
El VIH se comporta como una población heterogénea
de virus (cuasiespecie) en cada sujeto infectado, como resultado
de la elevada tasa de mutación en su ciclo de replicación.
Se estima que genomas de VIH con mutaciones de resistencia a
un solo fármaco están representados en un 0,1-1%
de la población viral en cada sujeto infectado que no
recibe tratamiento, mientras que los genomas con mutaciones
de resistencia a 2 fármacos son, lógicamente,
mucho menos frecuentes. La presencia de genomas virales con
mutaciones de resistencia a 3 ó más fármacos
es aún más improbable. Por ello, al terapia HAART
estándar es triple y funciona en la mayoría de
pacientes que tienen un grado de cumplimiento adecuado del tratamiento.
Cuando la adherencia es inadecuada y de modo temporal los niveles
de los fármacos son insuficientes, se permite un escape
viral y la selección de virus resistentes que, de forma
progresiva, tienden a reemplazar a la población viral
original. Se comprende así que la monitorización
de los niveles de fármacos en la circulación y
las pruebas de resistencias5,6 constituyan un requerimiento
creciente en el manejo
de los pacientes infectados por VIH.
Hasta el momento se han aprobado 15 antirretrovirales para el
tratamiento de la infección por VIH, incluyendo 6 inhibidores
análogos de nucleósidos (NRTI), 6 inhibidores
de la proteasa (IP) y 3 inhibidores de la RT no nucleósidos
(NNRTI). Su efectividad cuando se utilizan en combinación
ha mejorado sustancialmente el pronóstico de las personas
infectadas por el VIH, como ya ha sido comentado1. Las pautas
terapéuticas empleadas generalmente consisten en la combinación
de al menos 3 fármacos, dos de los cuales son NRTI y
el tercero es un NNRTI o bien un IP. Proporcionan un beneficio
virológico e inmunológico profundo y mantenido
en aproximadamente dos tercios de los pacientes.
A pesar del amplio arsenal terapéutico disponible, la
infección por VIH no es erradicable por el momento en
los portadores y el fracaso terapéutico ocurre más
o menos tardíamente en la mayoría de pacientes.
Entre las causas que pueden conducir al fracaso terapéutico
se encuentran:
1. Mal cumplimiento del tratamiento por parte del paciente (p.e.,
olvido de tomas, dosis incorrectas, horario inadecuado).
2. Insuficiente potencia antiviral intrínseca de la combinación
de fármacos.
3. Absorción insuficiente del fármaco o combinación
(p. e., síndrome de malab-sorción, diarrea, toma
de ddI con las comidas o de RTV en ayunas
4. Interacciones farmacocinéticas (p. e., la toma de
rifampicina con cualquiera de los IP).
5. Efectos farmacológicos adversos (p. e., disminución
de la fosforilación intracelular de los NRTI, o de la
concentración intracelular del fármaco con el
tiempo).
6. Replicación viral en compartimentos "santuario".
7. Resistencias.
La presión farmacológica en presencia de un cierto
grado de replicación viral es el requisito necesario
para la generación y selección de virus resistentes.
El VIH, al igual que otros virus con genoma de RNA, presenta
una gran variabilidad genética debido fundamentalmente
a que la retrotranscriptasa (RT), enzima clave en la replicación
del material genético viral, carece de actividad exonucleasa
3'Æ5' (correctora de errores), a diferencia de las DNA-polimerasas-DNA-dependientes
que existen en las células. Como la tasa de replicación
del VIH es extraordinaria, del orden de 10 partículas
nuevas cada día, el resultado combinado de ambos fenómenos
es que en un determinado momento, en cada sujeto y de forma
natural pueden existir (pre-existir) todas y cada una de las
posibles variantes del virus, entre ellas las que condicionan
resistencia a los antirretrovirales.
El riesgo de desarrollar mutaciones de resistencia depende del
número de partículas virales y de la heterogeneidad
de la población viral en un individuo, del grado de replicación
viral durante el tratamiento, de la facilidad con que puede
adquirirse una mutación en particular (o conjunto de
mutaciones), y del efecto que las mutaciones de resistencia
tienen sobre la pérdida de sensibilidad a los fármacos
o sobre el fitness (capacidad
replicativa del virus). Algunas mutaciones seleccionadas durante
el tratamiento (primarias) confieren resistencia por sí
mismas, mientras que otras (secundarias) únicamente compensan
la disminución de la capacidad replicativa que ocasionan
las primarias o bien aumentan su efecto, aunque de forma aislada
no producen resistencia.
Pruebas de
detección de resistencias
Los métodos disponibles en la actualidad incluyen los
ensayos genotípicos, que detectan las mutaciones conocidas
que confieren resistencia y las pruebas fenotípicas,
que miden el grado de inhibición del VIH in vitro. Ambos
se realizan generalmente a partir de muestras de plasma, puesto
que en el se encuentran las poblaciones de virus que contienen
los cambios relacionados con el tratamiento antirretroviral
más reciente de cada paciente.
Dado que la aparición de resistencias genotípicas
a un fármaco generalmente precede a la detección
de resistencias fenotípicas al mismo y que, además,
los métodos genotípicos son más rápidos
(1 semana frente a 4-6) y baratos que los fenotípicos,
en la actualidad resulta más adecuado el empleo del primer
grupo de técnicas. En centros de investigación,
ambos ensayos, fenotípicos y genotípicos, se utilizan
para examinar tanto mecanismos de resistencia a nuevos fármacos
como a combinaciones de drogas. Sin embargo, en centros clínicos,
ambos tienen sus limitaciones. Así, el espectro de mutaciones
de resistencia en los tests genotípicos a menudo es de
difícil interpretación. Por su parte, los tests
fenotípicos proporcionan información sobre la
susceptibilidad al fármaco del conjunto de la población
viral, pasando por alto poblaciones minoritarias que en poco
tiempo pueden ser responsables de resistencia. La laboriosidad
de los ensayos fenotípicos supone un largo tiempo para
la obtención de resultados y que esa circunstancia sea
aún más relevante. Aunque ambos tipos de ensayos
presentan ventajas e inconvenientes, hay que tener en cuenta
que los dos proporcionan información complementaria necesaria
a la hora de informar un resultado.
Mecanismos
de resistencia
La secuencia de nucleótidos que determina un gen se denomina
genotipo, mientras que a las propiedades y características
del virus (o proteína viral) se las conoce como fenotipo.
El fenotipo está siempre determinado por el genotipo.
Las resistencias genotípicas son cambios en regiones
del genoma del virus que codifican proteínas clave, como
la RT y la proteasa, que quedan alteradas en el lugar de unión
al fármaco. La pérdida de
sensibilidad de alto nivel al antirretroviral puede requerir
una mutación o varias. Las resistencias fenotípicas
se reconocen in vitro por la necesidad de una mayor concentración
del fármaco para inhibir el crecimiento del virus en
un cultivo celular (IC, concentración inhibitoria del
50% de virus).
Las resistencias a los antirretrovirales se determinan por la
presencia de mutaciones en los genes que codifican la proteasa
o la RT. Las mutaciones primarias son aquéllas que alteran
la unión al fármaco y en consecuencia producen
un aumento de la concentración necesaria para inhibir
la enzima. Las mutaciones secundarias (o compensatorias) aumentan
el nivel de resistencia o mejoran el fitness viral perdido con
la adquisición de las mutaciones primarias. Cuando se
administra un fármaco tiene lugar la selección
de variantes con una menor susceptibilidad al mismo, que podrán
llegar a constituirse como población mayoritaria en el
hospedador si éste continúa expuesto al medicamento.
Inhibidores de la RT análogos
de nucleósidos (NRTIs)
Los NRTI necesitan ser fosforilados por las enzimas celulares
y de esta forma compiten con los dideoxinucleósidos naturales
en su incorporación en la síntesis de la nueva
cadena de ADN provocando su terminación anticipadamente.
Existen dos mecanismos de resistencia a los NRTIs. El primero
está mediado por mutaciones que permiten a la RT discriminar
entre nucleósidos naturales y sintéticos, impidiendo
la incorporación del inhibidor. El segundo mecanismo
está producido por mutaciones que aumentan el grado de
retirada de los terminadores de cadena (pirofosforolisis), permitiendo
así que continúe la síntesis de la cadena
de ADN.
En la mayoría de los ensayos fenotípicos, el rango
de variación de sensibilidad entre la cepa salvaje y
la cepa con el mayor grado de resistencia, es >100 veces
para el AZT y 3TC, y de 15-20 veces para ddC, ddI, d4T y ABC.
Inhibidores de la RT no análogos
de nucleósido (NNRTIs)
Los NNRTIs se unen a un lugar próximo al centro catalítico
dela enzima, inhibiendo la replicación por un desplazamiento
de los residuos aspárticos relacionados con el sitio
de unión de la polimerasa.
Las mutaciones responsables de resistencia a los NNRTIs se producen
en el pocket de unión, de modo que una única mutaciónpuede
producir un alto nivel de resistencia a uno ó más
fármacos de esta familia (tabla III). La resistencia
aparece rápidamente cuando uno de los NNRTIs es administrado
en monoterapia, o si la supresión viral no es completa.
En la mayoría de los ensayos fenotípicos la pérdida
de sensibilidad para cada uno de los tres inhibidores (EFZ,
NVP y DLV) es de varias decenas o cientos de veces.
Inhibidores de la proteasa (IP)
La proteasa del VIH es un homodímero de dos subunidades
idénticas de 99 aminoácidos. Los IP compiten con
el sustrato en la unión al centro activo de la enzima.
A pesar de su pequeño tamaño, al menos 42 mutaciones
localizadas en 27 codones diferentes, se han asociado con resistencia
a los IP.
Algunas de estas mutaciones están relacionadas directamente
con la unión de la proteasa al inhibidor (mutaciones
primarias) y otras mejoran la actividad de los mutantes sin
estar directamente relacionadas con la unión al inhibidor
(mutaciones secundarias).
Las resistencias a los IP aparecen más lentamente que
a los NNRTI. Se seleccionan cuando éstos son administrados
a dosis inadecuadas o como parte de un tratamiento subóptimo.
Al menos se requieren 3 mutaciones para observar una pérdida
de sensibilidad considerable a los IP. Sin embargo, la interpretación
de las mutaciones en la proteasa es complicada. En primer lugar,
por la variación natural de su secuencia (polimorfismo):
un 48% de los pacientes que nunca han recibido IP tienen de
forma natural alguna de esas mutaciones. El significado de estos
polimorfismos en relación con la respuesta al tratamiento
con IP y su relación con el desarrollo de otras mutaciones
no está claro por el momento. Otra dificultad se refiere
a las concentraciones del fármaco, que a las dosis administradas,
que son las aceptables sin toxicidad prohibitiva, generalmente
están muy cerca de las mínimas inhibitorias.
Mutaciones de resistencia cruzada y
multirresistencia
En ocasiones, las mutaciones generadas como respuesta al tratamiento
con un fármaco confieren pérdida de sensibilidad
a otros de la misma familia. En algunos casos, la resistencia
cruzada se debe a que las mutaciones primarias son las mismas
(p.e. la substitución V82F en la proteasa condiciona
resistencia a RTV e IDV). Otras veces, la inespecificidad de
las mutaciones secundarias (fundamentalmente para los IP), es
responsable de que se superponga cierto grado de resistencia
entre los fármacos de una misma familia. Una situación
especial es la del d4T, ya que en un 15-30% de ocasiones origina
las mutaciones clásicamente vinculadas a AZT (M41L y
T215Y), aunque tardan más en aparecer y comprometen su
actividad en menor grado.
Por otro lado, las mutaciones de multirresistencia confieren
pérdida de sensibilidad a todos los fármacos de
una misma familia. Hasta el momento se han descrito tres mecanismos
de multirresistencia a NRTI:
1. Complejo de la mutación Q151M junto con otras en las
posiciones 62, 75, 77 y 16 de la RT, que confiere resistencia
a AZT, ddI, ddC, d4T y ABC y, en menor grado, a 3TC.
2. Inserción de dos aminoácidos en el loop b2-b3
de la RT (entre las posiciones 67-70), que en combinación
con la mutación T215Y confiere resistencia a todos los
NRTI.
3. Fijación gradual en la cepa viral predominante de
mutacionesindividuales de resistencia a los distintos fármacos
utilizados.
La determinación
de resistencias en la práctica clínica
Interpretación de resultados
Una de las limitaciones más importantes de la aplicación
de los tests de resistencias en la práctica clínica
es la interpretación correcta de los resultados de laboratorio.
Cuatro tipos de información deben considerarse cuando
se interpreatan las secuencias de RT y PR para guiar el tratamiento:
1. La correlación genotipo-fenotipo en aislados del VIH
en los que se han introducido las mutaciones más frecuentes
por mutagénesis dirigida.
2. La relación genotipo-fenotipo en aislados clínicos
del VIH que muestran el efecto fenotípico in vitro de
los patrones de mutaciones presentes in vivo
3. Correlación genotipo-historial de tratamiento del
paciente. Nos sugiere las mutaciones que el virus ha desarrollado
para evadir la presión farmacológica ejercida
con el tratamiento antirretroviral.
4. Correlación genotipo-seguimiento clínico, que
confirma el significado clínico de las mutaciones en
relación con la respuesta virológica a los distintos
regímenes de tratamiento.
La pregunta principal que se hace un clínico es: ¿puede
el genotipo sugerir que el paciente obtendrá algún
beneficio antiviral con esa pauta de tratamiento?. Desde el
laboratorio debe aportarse información clara para responder
a esta pregunta, teniendo en cuenta los puntos anteriormente
mencionados. En este sentido, la Universidad de Stanford ha
creado una base de datos que se encuentra disponible on line
(http:// hivdb.stanford.edu/hiv/), en la que a partir del genotipo
los usuarios pueden obtener información sobre la susceptibilidad
a fármacos de virus que contienen esas mutaciones, así
como la relación del genotipo con cada uno de los 4 puntos
anteriores. De modo parecido, a partir de la información
recopilada tras el examen en paralelo de genotipo y fenotipo
en varios millares de muestras clínicas, Virco ha generado
un programa
que permite estimar el fenotipo virtual conociendo sólo
la secuencia genética.
El conocimiento de los niveles de los fármacos en plasma
es asimismo de gran importancia. Hay que tener en cuenta a la
vez 3 variables: la concentración necesaria de fármaco
para inhibir la población viral en un 50% (EC50) o en
un 90% (EC90), la concentración de fármaco alcanzada
en el paciente y el grado de pérdida de sensibilidad
que produce una mutación o conjunto de mutaciones a ese
fármaco. Cada mutación acumulada en el genoma
del virus aumenta el grado de resistencia y esto hace que la
EC50 del virus mutante sea mayor que la del virus salvaje .
El cociente entre la concentración mínima alcanzada
en plasma y la EC50 (o EC95) se define como índice terapéutico
o cociente inhibitorio (IQ, inhibitory quotient). Refleja la
cantidad de fármaco en exceso que tenemos para inhibir
a la población viral. Este es menor en virus que presentan
mutaciones de resistencia que en cepas salvajes. Teniendo en
cuenta estos tres factores, se puede determinar qué virus
con mutaciones de resistencia a un fármaco puede continuar
siendo sensible en presencia de determinadas concentraciones
del mismo.
En este sentido, el VIQ (Virtual Inhibitory Quotient) se define
como el cociente entre la concentración de fármaco
alcanzada en plasma y el fenotipo virtual. De este modo, disponiendo
del genotipo del paciente y de los niveles del medicamento en
sangre, podemos estimar en qué grado persiste su eficacia
antiviral. En un estudio de intensificación con RTV en
pacientes en tratamiento con IDV y 2 NRTIs, un VIQ > 2 se
asoció a una mejor respuesta virológica que el
conocimiento del genotipo o del fenotipo virtual. Todo ello
subraya la conveniencia de integrar la información de
resistencias con los niveles de antirretrovirales.
Utilidad en la práctica clínica
En el momento actual, las pruebas de detección de resistencias
han alcanzado un desarrollo tecnológico suficiente como
para ser introducidas en la práctica clínica.
Diversos estudios retrospectivos han correlacionado una mejor
evolución virológica e inmunológica con
la ausencia de variantes resistentes. Además, 4 estudios
prospectivos han servido para confirmar el beneficio adicional
que la determinación de resistencias proporciona en el
manejo de los pacientes VIH+; son los estudios VIRADAPT, GART,
VIRA 3001 y HAVANNA. En el primero, un grupo de médicos
franceses diseñaron la pauta terapéutica de rescate
en función del conocimiento del perfil de resistencias
y obtuvieron una mejor tasa de respuesta virológica que
aquéllos que sólo se guiaron por su experiencia
clínica, la carga viral y la cifra de linfocitos CD4+.
En el estudio GART (CPCRA 046), la proporción de sujetos
VIH+ que alcanzó carga viral indetectable fue el doble
en el grupo atendido por médicos que tuvieron conocimiento
del perfil de resistencias respecto al tratado con una terapia
de rescate basada únicamente en criterios clínicos.
En el VIRA 300134 resultados similares se obtuvieron utilizando
el fenotipo en lugar del genotipo. Por último, en el
HAVANNA, llevado a cabo en España, se subrayó
la importancia de la interpretación apropiada del genotipo
por parte de expertos. Tanto el genotipo como la interpretación
del mismo proporcionaron de manera independiente una mejor respuesta
virológica, observándose un mayor beneficio cuando
se tuvieron en cuenta ambos parámetros.
En cualquier caso, no todo fracaso terapéutico es atribuible
a la selección de variantes resistentes, y sólo
cuando otras razones han sido excluidas la ausencia de respuesta
terapéutica puede achacarse a la presencia de resistencias.
Cuando las resistencias aparecen en sujetos no tratados previamente
con antivirales (resistencias primarias), los virus resistentes
pueden haber sido adquiridos en el momento de la infección
inicial, a partir de sujetos que tomaban medicación y
habían desarrollado resistencias. El empleo generalizado
de medicación antirretroviral en los países desarrollados
ha originado un aumento de la prevalencia de resistencias primarias
durante los últimos años, oscilando en la actualidad
entre el 5% y el 20% para NRTI, y el 2-6% para NNRTI y IP.
Diferentes consensos internacionales han sugerido que existen
ciertas situaciones en las que la determinación de resistencias
es particularmente útil. En primer lugar, en sujetos
naive sería recomendable en los siguientes casos:
1. En la infección primaria por VIH.
2. En casos de seroconversión reciente, es decir, ocurrida
dentro de los dos últimos años.
3. En mujeres cuya seropositividad se conoce durante el embarazo.
4. Tras una exposición de alto riesgo, ya sea en forma
de accidente laboral en el ámbito sanitario con sangre
de pacientes infectados, o tras un contacto sexual con una persona
seropositiva.
En pacientes pretratados, el examen de resistencias puede ser
útil fundamentalmente en las siguientes situaciones:
1. Para la selección de una pauta alternativa, tras uno
o dos fracasos terapéuticos, sobre todo en un periodo
temprano de éstos.
2. Para el diseño de combinaciones de rescate en pacientes
multitratados.
3. Para descartar la existencia de cepas multirresistentes cuando
no se obtiene la respuesta esperada.
4. En mujeres gestantes VIH+ con carga viral detectable, con
el fin de seleccionar la mejor pauta para prevenir la transmisión
vertical.
5. Para los casos en que la respuesta virológica inicial
no es satisfactoria, en sujetos con buen cumplimiento; y
6) como marcador precoz de fracaso virológico, antes
de que se produzca un rebrote de la carga viral.
En sujetos pretratados sin evidencia de fracaso terapéutico,
es decir, con viremia indetectable y/o aumento sostenido de
linfocitos CD4+, por el momento no está justificada la
investigación de resistencias, aunque es bien conocido
que la detección de mutaciones rápidamente emergentes
podría ser utilizada para realizar una sustitución
selectiva y precoz de estas moléculas, manteniendo el
resto de los fármacos de la combinación.
En cualquier caso, antes de la introducción del análisis
de resistencias en la práctica clínica deben realizarse
las siguientes consideraciones:
1. Se precisan estudios de coste-efectividad de los análisis
de resistencias.
2. Se requiere una mayor formación de los médicos
en el campo de la genética y las resistencias, y una
mayor colaboración entre clínicos y básicos.
3. Los resultados que el virólogo ofrece al clínico
han de mostrarse de forma inteligible, señalando los
fármacos cuyo uso, en función del patrón
de resistencias, no son recomendables.
4. Deberán existir laboratorios de referencia sometidos
a los debidos controles de calidad, que confirmen o asesoren
sobre los casos más complejos.
5. Se precisan estudios periódicos de vigilancia epidemiológica
de resistencias primarias en cada población.
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Toxicidad de los tratamientos
a largo plazo
Acontecimientos
adversos clínicos asociados a HAART
La frecuencia de acidosis láctica y hepatomegalia
grave con esteatosis durante el uso de los inhibidores nucleósifos
de la transcriptasa inversa (INT) parece ser pequeña,
pero su tasa de letalidad es elevada. Los factores de riesgo
de esta toxicidad son el sexo femenino, la obesidad y el uso
prolongado de INTI, aunque se ha documentado que algunos casos
se producen sin factores de riesgo conocido. La toxicidad mitocondrial
es un posible mecanismo de lesión celular ya que los
fármacos INTI también inhiben la ADN gamma polimerasa
que es la enzima responsable de la síntesis mitocondrial
del ADN. La subsiguiente disfunción mitocondrial puede
dar lugar a una acidosis láctica y una esteatosisi hepática
y puede relacionarse con otros acontecimientos adversos, entre
ellos una miopatía, cardiomiopatía, pancreatitis
y neuropatía periférica.
Las manifestaciones clínicas iniciales
de la acidosis láctica son variables y pueden incluir
síntomas gastrointestinales inespecíficos, sin
un incremento importante de las enzimas hepáticas y,
en algunos casos, disnea (126). Durante la fase "prodrómica"
pueden advertirse un inicio inexplicado y persistente de distensión
abdominal, náuseas, dolor abdominal, vómitos,
diarrea, anorexia, debilidad generalizada, pérdida de
peso y hepatomegalia. Además de un aumento de las concentraciones
de ácido láctico, las determinaciones analíticas
puede mostrar un aumento del desequilibrio aniónico "gag
anion" (Na - Cl+CO2]>16) y un incremento de las concentraciones
de las siguientes enzimas: aminotransferasas, CPK, LDH, lipasa
y amilasa . La ecotomografía y el TAC pueden mostrar
un hígado graso aumentado de tamaño; el examen
histológico permite evidenciar una esteatosis microvesicular.
En algunos casos los acontecimientos adversos
se han resuelto tras la interrupción de los fármacos
INTI y algunos pacientes han tolerado una nueva administración
de un régimen con INTIs diferentes ; no obstante, en
el momento actual coexisten suficientes datos para recomendar
esta opción frente a un tratamiento ahorrador de INTI.
Cuando no se interrumpen los fármacos INTI algunos pacientes
pueden aquejar una toxicidad mitocondrial progresiva que puede
ocasionar una acidosis láctica grave, cuyas manifestaciones
clínicas iniciales consisten en taquipnea y disnea; posteriormente,
el paciente puede aquejar una insuficiencia respiratoria y necesitar
respiración mecánica. Además de interrumpir
el tratamiento antirretroviral y la instauración de medidas
terapéuticas intensivas que incluyen infusiones de bicarbonato
y hemodiálisis (Al), algunos médicos administran
tiamina, riboflavina , coenzima Q y camitina como respuesta
a la hipótesis fisiopatológica de que este síndrome
está producido por disfunciones celulares mantenidas
de la cadena respiratoria mitocondrial; todavía no se
ha evaluado clínicamente la eficacia de las últimas
intervenciones mencionadas.
En conclusión, siempre que se evidencien
manifestaciones clínicas o analíticas de un síndrome
de acidosis láctica debe sus penderse el tratamiento
antirretroviral (Blll). Las pruebas de determinación
del lactato tienen múltiples problemas técnicos,
por lo que el diagnóstico debe fundamentarse en las anomalías
de laboratorio MÁS los síntomas. Algunos especialistas
sugieren que para poder identificar de forma precoz un empeoramiento
del desequilibrio aniónico deben monitorizarse las concentraciones
séricas de bicarbonato y electrolitos de 3 meses.
Hiperglucemia/diabetes
mellitas
En los pacientes tratados con un régimen
HAART se han documentado casos de hiperglucemia, diabetes mellitus
de inicio reciente, cetoacifosis diabética y exacerbación
de una diabetes mellitas previa. Estos desajustes metabólicos
se asocian de forma importante al uso de fármacos IP,
pero también pueden ocurrir en ausencia de los mismos.
Se desconoce la patogénesis de dichas anomalías;
no obstante, la disfunción de las células beta
y la resistencia periférica a la insulina parecen ser
las causas fundamentales de la hiperglucemia (137-139). En varios
estudios se ha registrado una hipertrigliceridemia, con o sin
diabetes, en el 3-17% de los pacientes. En dichos informes,
el inicio de los síntomas se producía 63 días
(valor mediana: rango: 2-390 días) después del
inicio del tratamiento con dichos fármacos. La hiperglucemia
se resolvió en algunos pacientes que interrumpieron el
tratamiento: no obstante actualmente se desconoce si estos acontecimientos
son reversibles, ya que los datos son muy escasos. Algunos pacientes
continuaron recibiendo el inhibidor de la proteasa y comenzaron
un tratamiento con hipoglucemiantes orales o insulina. Se recomienda
que los médicos realicen una monitorización prudente
de los pacientes VIH+ con diabetes previa tratados con inhibidores
de la proteasa, y que sean conscientes del riesgo de desarrollo
de diabetes de inicio reciente y relacionada con el fármaco
en los pacientes sin antecedentes de diabetes (BIII). Los pacientes
tratados con estos fármacos deben ser informados sobre
los signos de alarma de una hiperglucemia (es decir, polidipsia,
polifagia y poliuria). Algunos especialistas recomiendan llevar
a cabo determinaciones de la glucosa sanguínea en ayunas
a intervalos de 3-4 meses durante el tratamiento(CIII). No se
recomienda la realización rutinaria de pruebas de tolerancia
a la glucosa para detectar esta complicación (DIII).
No existen datos que sirvan para ayudar a decidir si se debe
continuar o interrumpir el tratamiento farmacológico
ante una diabetes de inicio reciente o un empeoramiento de una
diabetes previa; no obstante, la mayoría de los especialistas
recomendarían la continuación del tratamiento
antirretroviral muy activo siempre que no existiera una diabetes
grave (BIII). Se han efectuado varios estudios para intentar
evaluar el potencial de revertir la resistencia a la insulina
tras el cambio desde regímenes HAART con fármacos
IP hasta pautas terapéuticas fundamentadas en fármacos
IINNTI; los resultados obtenidos no han sido concluyentes.
Redistribución
de la grasa
En el 6-80% de los pacientes tratados con regimenes
HAART se han observado cambios de la distribución grasa
del organismo, denominados en algunos casos como "síndrome
de lipodistrofia" o "síndrome de pseudo-Cushing".
El amplio rango de la estimación de la incidencia de
este síndrome refleja la ausencia de una definición
uniforme del caso otras variables todavía mal comprendidas.
Los cambios morfológicos son graduales y, por lo general,
no se evidencian hasta que han transcurrido meses desde el inicio
del régimen HAART. Loas hallazgos clínicos consisten
en el desarrollo de obesidad central, pérdida de la grasa
periférica y lipomas: los cambios anatomopatológicos
pueden incluir una acumulación de grasa en las vísceras,
una acumulación de grasa en la zona dorsocervical ("cuello
de búfalo"), perdida de grasa en las extremidades
con prominencia venosa, adelgazamiento facial e incremento del
tamaño de las mamas. Algunos pacientes pueden tener un
aspecto cushingoide, a pesar de no recibir las medicaciones
que lo producen (por ejemplo, corticosteroides) ni tener anomalías
de laboratorio de la función suprarrenal. Se desconoce
si estas manifestaciones clínicas representan
Distintas entidades clínicas de etiología diferentes,
o si se producen como resultado de un proceso patológico
único. La lipodistrofia se ha asociado al uso de fármacos
IP, pero puede ocurrir también con fármacos INTI
o en ausencia de tratamiento.
Comparada con la lipodistrofia asociada con fármacos
IP, los pacientes con lipodistrofia asociada a los INTI pueden
aquejar un inicio reciente de náuseas y fatiga; pérdida
de peso; concentraciones más elevadas de glucosa e insulina.
Las medidas terapéuticas para revertir o impedir la progresión
de la lipodistrofia consisten en un cambio de los fármacos
antirretrovirales y la práctica de ejercicio; no obstante,
no existen datos suficientes para orientar el manejo de la lipodistrofia.
Hiperlipidemia
Se han registrado cambios de las concentraciones
de triglicéridos, de las concentraciones de colesterol
o ambos parámetros, con o sin hallazgos clínicos
de redistribución de la grasa, durante los primeros meses
tras un tratamiento HAART. En los estudios clínicos se
han visto implicados todos los fármacos IP; no obstante,
se ha documentado que los incrementos de colesterol y los triglicéridos
pueden ser más importantes con ritonavir (151). No se
ha definido todavía los mecanismos de estos efectos,
pero pueden estar ocasionados parcialmente por la interferencia
de los inhibidores de la proteasa con las proteínas celulares
implicadas en el metabolismo lipídico.
Aunque se desconocen cuales son las consecuencias a largo plazo
de esta redistribución de la grasa, los incrementos sustanciales
de los niveles de triglicéridos y colesterol son importantes,
debido a su posible asociación con episodios cardiovasculares
y pancreatitis. En este contexto se han producido informes de
casos de enfermedad coronaria prematura, enfermedad cerebrovascular,
pancreatitis y colelititiasis en pacientes tratados con IP.
Los estudios controlados no han demostrado que el tratamiento
con fármacos IP se asocie con un incremento de riesgo
de episodios cardiovasculares; no obstante, para poder valorar
de forma fidedigna esta relación es necesario un período
de seguimiento más prolongado. Algunos especialistas
recomiendan monitorizar las concentraciones séricas de
colesterol y triglicéridos (preferiblemente en ayunas)
a intervalos de 3-4 meses durante el tratamiento con fármacos
IP (ciii). En pacientes con concentraciones elevadas de triglicéridos
en condiciones básales, y en los que pueden encontrarse
en una situación de mayor riesgo de pancreatitis, es
preferible que el plazo para una nueva determinación
de perfil lipídico sea menor (p. Eje., en el intervalo
de 1-2 meses tras el inicio del tratamiento HAART). Dicha valoración
debe abarcar los riesgos independientes de enfermedad coronaria
p. Eje., antecedentes familiares, historia medica, hábito
de fumar, dieta, peso, etc.) y la magnitud e los cambios lipiditos.
Habitualmente se recomienda instaurar tratamiento ante concentraciones
de triglicéridos > 750-1000 mg/dl o concentraciones
de colesterol LDL > 130 mg/dL (en individuos sin enfermedad
coronaria conocida y 2 o más factores de riesgo conocidos)
o > 160 mg/dL (en individuos, sin enfermedad coronaria y
menos de 2 factores de riesgo conocidos). No existen datos inequívocos
sobre la eficacia real de las modificaciones del estilo de vida
(p. Ej., cambios dietéticos, práctica de ejercicio
y abandono del hábito de fumar) y de los fármacos
hipolipemiantes, como gemfibrozilo y niacina, o de los inhibidores
de la coenzima. A reductasa HMG ( p. Eje., "estatinas").
El empleo concomitante de estatinas y fármacos IP debe
realizarse con precaución, dado el potencial de incremento
de la toxicidad de las estatinas en este ámbito. Algunos
pacientes consiguen una resolución de las anomalías
de los lípidos séricos tras interrupción
de los IP o el cambio a una pauta antirretroviral ahorradora
de IP; sin embargo, antes de tomar esta decisión es preciso
realizar un análisis riesgo-beneficio.
Aumento de los episodios
hemorrágicos en pacientes con hemofilia
Se ha observado que el uso de inhibidores de la
proteasa incrementa los episodios de hemorragias espontáneas
en pacientes con hemofilia A y B. La mayoría de los episodios
de hemorragias espontáneas en pacientes con hemofilia
A y B. La mayoría de los casos se han producido en las
articulaciones y tejidos blandos: no obstante, se han registrado
episodios hemorrágicos más graves, incluyendo
hemorragias intracraneales y gastrointestinales. Los episodios
hemorrágicos se produjeron 22 días (valor mediana)
después del inicio del tratamiento con el inhibidor de
la proteasa. Algunos pacientes han recibido el factor de coagulación
mientras continuaban el tratamiento con el inhibidor de proteasa.
Osteopenia y osteoporosis
La notificación de algunos informes de
necrosis vascular de la cadena y de fracturas de comprensión
de la columna de pacientes VIH+ tratados con un régimen
HAART han planteado una preocupación sobre los acontecimientos
adversos de régimen HAART sobre el metabolismo óseo.
El riesgo de osteopenia y osteoporosis es significativamente
más elevado en pacientes tratados con fármacos
IP que en pacientes en los que se administran regímenes
terapéuticos que no contienen fármacos IP.
Además, estos efectos son independientes
de la lipodistrofia relacionada con los IP.
Exantema cutánea
El exantema cutáneo es una toxicidad relativamente
habitual durante el empleo de fármacos INNTI. Una minoría
significativa (aproximadamente el 5% de los pacientes tratados
con INNTI) son casos graves y potencialmente fatales de un síndrome
de Stervens-Johnson.
Interrupción del
tratamiento antirretrovial
Existen múltiples motivos para interrumpir
de forma temporal o permanente el tratamiento antirretroviral.
En los casos en los que sea necesario interrumpir medicación
antirretroviral, los médicos y pacientes deben ser conscientes
de las ventajas teóricas derivadas de una interrupción
simultánea de los fármacos antirretrovirales,
en contraposición a dejar de tomar uno o dos de los mismos
para, de ese modo, disminuir al mínimo el desarrollo
de cepas virales resistentes. En los casos en los que se decida
interrumpir el tratamiento, deberá afectarse una monitorización
afondo del paciente llevando a cabo evaluaciones clínicas
y de laboratorio. La instauración de tratamiento profiláctico
debe fundamentarse en el recuento de células T CD4+.
Se ha producido un cierto interés por las denominadas
interrupciones terapéuticas supervisadas o estructuradas
(ITS). El concepto de las ITS varía en función
de las poblaciones de pacientes y comprende, como mínimo,
las tres estrategias fundamentales: 1) la ITS como parte de
la terapia de rescate, 2) la ITS para "autoinmunización"
y un mejor control inmunológico del VIH y 3) las ITS
con el objetivo único de permitir un menor tiempo total
de tratamiento antirretroviral. Dado que existen datos limitados,
actualmente no puede recomendarse ninguna de las estrategias
mencionadas.
La ITS dentro del contexto de la terapia de rescate
se refiere a los pacientes con virus que han desarrollado una
resistencia farmacológica antirretroviral importante
que, a pesar de recibir tratamiento, poseen una viremia plasmática
persistente y recuentos de células T CD4+ relativamente
bajos. El objetivo teórico de la ITS en esta población
de pacientes es permitir que vuelva a desarrollarse el VIH susceptible
al tratamiento antirretroviral. Aunque en el plasma de muchos
individuos se han detectado VIH sensibles a fármacos
antirretrovirales varias semanas o meses después de la
interrupción del tratamiento, el desarrollo de BIH sensible
al tratamiento farmacológico se asoció con una
disminución significativa del recuento de células
T CD4+ y un incremento, también significativo de la viremia
plasmática, sugiriendo que se produce una mejoría
de la idoneidad y patogenicidad de replicación del virus
de tipo nativo (158). Además, se ha apreciado que en
las células T CD4+ persisten VIH con resistencia farmacológica.
La disminución evidenciada de células T CD4+ es
especialmente preocupante en esta población de pacientes
y en la actualidad no es posible recomendar la ITS en este grupo
de pacientes.
La ITS para autoinmunización y la ITS para
disminución del tiempo total con fármacos se refieren
a los individuos con una supresión mantenida de la viremia
plasmática (valores inferiores al límite de detección)
durante períodos de tiempo prologados, junto a recuentos
de células T CD4+ relativamente elevados, El objetivo
teórico de una ITS para autoinmunización es permitir
que se produzca períodos breves de replicación
viral que aumenten las respuestas inmunológicas especificas
frente al VIH. Esta estrategia se ha estudiado en pacientes
en los que se ha instaurado un tratamiento HAART en los momentos
iniciales o en las etapas crónicas de una infección
por BIH. La ITS para el objetivo de reducir el tiempo total
con fármacos se administran ciclos intermitentes durante
periodos prolongados o breves, de tratamiento antirretroviral.
El número de pacientes y la duración del seguimiento
no son suficientes para que en el momento actual se pueda llevar
acabo una evaluación idónea de esos enfoques.
Sus riesgos potenciales consisten en una disminución
del recuento de células T CD4+, un aumento de la transmisión
y el desarrollo de resistencia farmacológica.
La existencia de datos insuficientes en
las situaciones mencionadas impide que hoy en día se
pueda recomendar la ITS en la práctica clínica
general. Es necesario efectuar investigaciones adicionales de
estas áreas.
La prescripción generalizada del tratamiento
antirretroviral intensivo ha traído consigo una disminución
sin precedentes en la morbilidad y en la mortalidad asociadas
a la infección por VIH-1. Sin embargo, las pautas intensivas
no han sido capaces de erradicar la infección por VIH-1
y las pautas de mantenimiento de menor potencia que la pauta
intensiva inicial no pueden mantener la supresión de
la replicación del VIH-1. Estos datos sugieren que, al
menos por ahora, el tratamiento antirretroviral intensivo deber
realizarse de forma indefinida para conseguir una supresión
mantenida de la replicación viral. En este contexto,
la posibilidad de aparición de efectos secundarios asociados
a la medicación antirretroviral es inevitable. Ya que
el inicio del tratamiento antirretroviral se recomienda a todas
las personas infectadas que lo deseen, los efectos secundarios
del tratamiento antirretroviral pueden ser la primera manifestación
clínica de enfermedad en algunas personas seropositivas
cuya inmunidad está relativamente preservada. Aunque
la toxicidad de los fármacos antirretrovirales aparece
generalmente poco tiempo después del inicio del tratamiento,
algunos efectos secundarios se manifiestan meses o incluso años
después de la aprobación de los fármacos
para su uso clínico. La intolerancia y la toxicidad de
los fármacos antirretrovirales puede comprometer seriamente
la adherencia al tratamiento y favorecer con ello la aparición
de resistencias que ocasionen el fracaso del tratamiento.
Fármacos antirretrovirales
y estrategias de tratamiento
Los fármacos antirretrovirales actualmente disponibles
pueden clasificarse en tres familias: los inhibidores de la
transcriptasa inversa nucleósidos o nucleótidos,
los inhibidores de la transcriptasa inversa no nucleósidos,
y los inhibidores de la proteasa. En general, el tratamiento
antirretroviral se inicia con una combinación de tres
fármacos, de los cuales 2 son nucleósidos. Como
tercer fármaco de la combinación se ha recomendado
de forma estándar un inhibidor de la proteasa, aunque
existe información que indica que un no nucleósido
o un tercer nucleósido pueden ocupar el lugar del inhibidor
de la proteasa con una eficacia virológica similar a
corto plazo (6-12 meses).
Con las estrategias actuales de tratamiento, una proporción
de pacientes entre 10 y 50% no consiguen suprimir la replicación
viral de forma sostenida por debajo del límite de detección
(< 20-50 copias/mL de plasma) al cabo de 1 año de
tratamiento. Por este motivo, no resulta difícil que
los pacientes hayan estado expuestos a los diferentes fármacos
antirretrovirales después de varios años de tratamiento.
Efectos secundarios
de familia de los fármacos antirretrovirales
Los efectos secundarios de los nucleósidos o nucleótidos
inhibidores de la transcriptasa inversa se producen a través
de toxicidad mitocondrial ocasionada mediante la inhibición
de la polimerasa gamma del DNA. De esta forma, se produce una
disminución en la fosforilación oxidativa mitocondrial
que se traduce por una reducción de la producción
de energía (disminución de la síntesis
de ATP). Este mecanismo permite explicar algunos efectos secundarios
como neuropatía periférica, miopatía, cardiomiopatía,
pancreatitis, hepatomegalia, esteatosis hepática, hepatitis,
acidosis láctica, mielotoxicidad y alteración
tubular proximal renal. Todos estos efectos secundarios se han
asociado a uno o varios nucleósidos o nucleótidos
inhibidores de la transcriptasa inversa con una frecuencia variable.
El efecto secundario característico de la familia de
los no nucleósidos es el exantema. Hasta un 15-30% de
los pacientes que comienzan un no nucleósido pueden verse
afectados, generalmente durante la primera quincena de tratamiento.
Aproximadamente 5% de los pacientes con exantema se ven obligados
a suspender el tratamiento con no nucleósidos por este
motivo. Se han descrito casos extremadamente infrecuentes de
síndrome de Stevens-Johnson pero potencialmente mortales
por la gravedad que entrañan.
El efecto secundario de la familia de los inhibidores de la
proteasa se ha denominado síndrome de lipodistrofia.
Se caracteriza por alteraciones metabólicas (hiperlipemia
y resistencia a la insulina) y redistribución de la grasa
corporal (obesidad central y pérdida de la grasa subcutánea
periférica). La obesidad central puede manifestarse como
aumento de la grasa intraabdominal, mamaria o dorsocervical,
mientras que la pérdida de grasa subcutánea (también
denominada lipoatrofia) puede detectarse en la cara, extremidades
superiores, nalgas y extremidades inferiores. La prevalencia
de hipertrigliceridemia e hipercolesterolemia es superior al
50%, mientras que la de diabetes es inferior al 5% al cabo de
un año. La prevalencia de la redistribución de
la grasa corporal (también denominada lipodistrofia)
resulta desconocida porque el diagnóstico de esta entidad
se ha basado en definiciones clínicas subjetivas. Las
estimaciones de prevalencia varían mucho dependiendo
de la definición de lipodistrofia, el diseño del
estudio, el área geográfica, y el tiempo transcurrido
desde el inicio del tratamiento con IPs. De este modo, la tasas
de prevalencia de lipodistrofia que se han comunicado oscilan
entre 2-84% después de 3-18 meses de tratamiento. La
prevalencia de la lipodistrofia moderada o grave se ha cifrado
en alrededor de un 20% al cabo de 2 años de tratamiento.
En el único estudio prospectivo realizado hasta ahora
con una cohorte amplia de pacientes previamente no tratados
y que comenzaron tratamiento antirretroviral potente que incluía
inhibidores de proteasa, la incidencia de lipodistrofia moderada
o grave fue de 17% al cabo de una mediana de 18 meses de tratamiento.
Aunque los inhibidores de la proteasa han sido implicados en
la patogenia del síndrome de lipodistrofia, no se ha
probado de forma definitiva una relación causal.
Por un lado, no todos los pacientes tratados con inhibidores
de la proteasa durante un determinado tiempo desarrollan lipodistrofia.
Por otro lado, se han descrito casos de lipodistrofia en pacientes
que nunca habían recibido inhibidores de la proteasa.
Por ello, independientemente del papel que puedan tener los
inhibidores de la proteasa, otros factores dependientes del
tratamiento antirretroviral, de la evolución de la infección
por VIH, o de la propia persona deben desempeñar algún
papel en la patogenia del síndrome de lipodistrofia (Tabla
1). Las consecuencias La hiperlipemia y la resistencia a la
insulina son factores de riesgo cardiovascular bien reconocidos
en la población general, aunque algunos estudios poblacionales
no corroboran ese riesgo en las personas seropositivas después
de más de 2,5 años de tratamiento con IPs. Por
otro lado, la lipodistrofia es una modificación no deseada
de la fisonomía, que puede tener graves repercusiones
psicológicas para los pacientes que la sufren. La calidad
de vida y la adherencia al tratamiento antirretroviral pueden
verse seriamente comprometidas ante la aparición de lipodistrofia.
Independientemente del tratamiento que se considere más
adecuado para tratar el síndrome de lipodistrofia, se
debería contemplar en todo paciente la posibilidad de
ofrecer un apoyo psicológico adecuado.
|
Tabla 1. Mecanismos
propuestos en la patogenia de la lipodistrofia
que aparece en personas infectadas por el virus de la
inmunodeficiencia humana tipo 1 (VIH-1) que reciben tratamiento
antirretroviral
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Efecto directo del
tratamiento antirretroviralInespecificidad de los inhibidores
de proteasa
Toxicidad mitocondrial de los análogos de nucleósidos
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Efecto
indirecto del tratamiento antirretroviral
Transformación de la infección por VIH-1 en
una enfermedad crónica
Reconstitución inmunológica
Alteración de las citocinas
Alteración endocrina |
Actitud ante efectos secundarios
concretos del tratamiento antirretroviral
Anemia
Suele asociarse a AZT. Es un efecto dosis-dependiente. Era más
frecuente en el pasado, cuando las dosis de AZT (1.500 mg/d)
eran superiores a las actuales (500-600 mg/d). Generalmente
aparece en los tres primeros meses de tratamiento. Su patogenia
se debe a una inhibición de la proliferación de
las células progenitoras eritroides. Aunque se ha demostrado
la eficacia de la administración de eritropoyetina recombinante
a dosis de 100 UI/kg s.c. o i.v. 3 veces/semana, en la actualidad
se trata mediante retirada de AZT y su sustitución por
otro fármaco antirretroviral, y transfusión de
hematíes si el grado de anemia es importante (hemoglobina
< 8 g/dL) o se acompaña de manifestaciones clínicas.
Miopatía
También suele asociarse a AZT y también es dosis-dependiente.
Sin embargo, a diferencia de la anemia, suele aparecer de forma
tardía (generalmente, después de 6 meses de tratamiento).
Su patogenia se debe a una disfunción mitocondrial. Se
manifiesta por mialgias o debilidad muscular proximal y por
elevación de las enzimas musculares (CPK, aldolasa, LDH)
en plasma. Se trata mediante la retirada de AZT; ocasionalmente,
puede resultar necesario administrar corticoides a dosis de
1-2 mg/kg/d de prednisona.
Neuropatía
Suele asociarse a ddC (12-46%), ddI (13-34%), y d4T (15-20%).
Es un efecto dosis-dependiente. Es un efecto tóxico directo,
que debe distinguirse del efecto que el propio VIH puede ejercer.
En la patogenia se ha implicado una interacción entre
citocinas y factores de crecimiento neuronal. La presencia de
neuropatía previa y la existencia de factores predisponentes
de neuropatía (enolismo, desnutrición, diabetes,
etc.) pueden favorecer la aparición de polineuropatía
en pacientes tratados con antirretrovirales. Las molestias suelen
ser progresivas si no se suspende el agente causal, aunque en
algunos casos es posible mantener el fármaco potencialmente
implicado si las molestias son escasas y no se dispone de alternativas
terapéuticas. En los casos graves, es preciso suspender
el fármaco supuestamente implicado y realizar un tratamiento
sintomático. Estas medidas permiten revertir la sintomatología,
aunque de una forma relativamente lenta. Pueden tardar meses
o incluso años hasta notar una mejoría casi absoluta
de la clínica polineuropática.
El tratamiento sintomático que se ha utilizado es variado,
lo que da una idea de su limitada eficacia. Se ha probado capsaicina
tópica, que actúa inhibiendo la sustancia P, en
casos de dolor neuropático leve o moderado. Los anticonvulsivantes
constituyen el tratamiento más frecuentemente utilizado
en los casos de dolor moderado-grave. De forma clásica,
se utilizaron carbamacepina y amitriptilina que han caído
en desuso debido a sus efectos secundarios. Actualmente, se
utiliza gabapentina con una buena tolerancia y una eficacia
aceptable. También se utilizan benzodiacepinas, especialmente
clonacepam. En los casos de dolor muy intenso, se pueden utilizar
opiáceos (metadona). En casos muy excepcionales, es preciso
utilizar anestésicos en perfusión contínua
(lidocaína o mexiletina) o local para realizar un bloqueo
simpático (bupivacaína).
Toxicidad neuropsíquica
Es un efecto específico de efavirenz. Se ha descrito
en un 20% de los pacientes y es más frecuente en el primer
mes de tratamiento, tras el cual suele disminuir en intensidad
o desaparecer. El espectro clínico está poco definido
e incluye mareo, ansiedad, somnolencia, trastornos del sueño,
agravamiento de problemas psíquicos subyacentes, y alteraciones
motoras de enlentecimiento o bloqueo motor, entre otras. La
afectación es probable que se localice a nivel subcortical
o que interfiera con algún neurotransmisor, aunque la
patogenia es desconocida. Este efecto puede aminorarse administrando
el fármaco por la noche, separado de la cena, ya que
los niveles plasmáticos pueden incrementarse si se administra
concomitantemente con alimentos. Algunos pacientes han descrito
mejoría de los efectos sobre el sueño con la administración
de benzodiacepinas o de neurolépticos.
Exantema
Aunque es un efecto generalmente ligado a los no nucleósidos
(hasta un 30% de pacientes), también puede aparecer asociados
a inhibidores de la proteasa (3-5%) y a los nucleósidos
(< 1%). Dentro de los no nucleósidos, la incidencia
que se ha descrito es mayor en el caso de nevirapina y delarvidina
que en el caso de efavirenz. Dentro de los nucleósidos,
este efecto secundario debe considerarse especialmente en los
pacientes que reciban abacavir, ya que aun siendo infrecuente
puede ser fatal si no se interrumpe o, si una vez interrumpido,
se reinicia el fármaco.
Es un efecto idiosincrático. La patogenia es desconocida,
aunque se ha sugerido un mecanismo de reacción antígenoanticuerpo
similar a la enfermedad del suero o una toxicidad directa producida
por metabolitos intermediarios. En los casos leves se manifiesta
por un exantema generalmente maculopapular. En los casos más
graves, el exantema se acompaña de fiebre y afectación
de mucosas, pulmonar, hepática o hematológica.
El tratamiento consiste en la interrupción temporal o
permanente del fármaco y en la administración
de tratamiento sintomático con antihistamínicos
o corticoides. En el caso de nevirapina, se recomienda un comienzo
escalonado de dosis en las dos primeras semanas. Aunque inicialmente
se describió un efecto beneficioso de la administración
de corticoides durante el comienzo escalonado de nevirapina,
los resultados de estudios aleatorizados, como el estudio PREVIHNE
del Grupo de Estudio del SIDA (GESIDA), muestran que con los
corticoides no sólo no disminuye el riesgo de exantema
sino que puede aumentar.
Hepatitis
Esta toxicidad puede aparecer de forma relativamente esperable
en las personas seropositivas que reciben tratamiento antirretroviral
al menos por dos motivos. Por un lado, los fármacos antiretrovirales
se metabolizan en el hígado. Por otro lado, la prevalencia
de coinfección por virus de hepatitis crónicas
es relativamente elevada en las personas seropositivas para
el VIH.
Puede asociarse a nucleósidos (ddI, AZT), no nucleósidos
(nevirapina, efavirenz), e inhibidores de la proteasa. La patogenia
es multifactorial. Se ha implicado la toxicidad mitocondrial
en el caso de los nucleósidos, un efecto toxicoinmunológico
en el caso de los no nucleósidos, y un efecto mixto (toxicidad
directa y toxicidad de la recuperación inmunológica
en pacientes con hepatitis crónicas por virus B y C)
en el caso de los inhibidores de la proteasa. Generalmente es
asintomática y no suele precisar la interrupción
del tratamiento, aunque en algunos casos extremadamente infrecuentes
asociados a nucleósidos o a no nucleósidos puede
ser grave o fatal si aparecen manifestaciones clínicas
de hipersensibilidad (como fiebre o exantema) o de fallo hepático
(como ictericia, encefalopatía, o hemorragia).
Toxicidad gastrointestinal
No suele asociarse con los no nucleósidos. Puede asociarse
a nucleósidos (sobre todo ddI en su formulación
antigua, aunque no en las cápsulas, y ocasionalmente
a AZT), aunque es un efecto más común de los inhibidores
de la proteasa. Es más frecuente y molesta con ritonavir
(40%) y es rara con saquinavir (5%). Indinavir, nelfinavir,
y amprenavir suelen tener una incidencia de toxicidad gastrointestinal
similar (25%). Ritonavir en
su formulación de suspensión tiene un sabor desagradable
para algunos pacientes, que contribuye a incrementar la intolerancia
gastrointestinal. Indinavir y amprenavir suelen ocasionar molestias
digestivas altas, y nelfinavir suele ocasionar diarrea. Algunos
pacientes experimentan dificultad para tragar los comprimidos
de nelfinavir y notan que se quedan pegados en la garganta.
Esta situación puede deberse al cambio en la consistencia
del recubrimiento de los comprimidos que pasa de seca a pastosa
con la saliva. Esta molestia puede solucionarse con una ingesta
apropiada de líquido para evitar la adherencia de los
comprimidos a la mucosa.
El mecanismo de la toxicidad gastrointestinal es multifactorial.
En el caso de ddI en su formulación de comprimidos se
debe al excipiente alcalino que asocia y que puede ocasionar
una hiperacidez de rebote. En el caso de los inhibidores de
la proteasa, la patogenia es desconocida. Es posible que pueda
implicar una inhibición de las enzimas pancreáticas,
ya que los inhibidores de la proteasa no son específicos,
aunque esta posibilidad no está confirmada. Por último,
todos los antirretrovirales contienen lactosa como excipiente
en su formulación, lo cual puede contribuir a una intolerancia
transitoria en pacientes con diarrea por otros motivos, o más
raramente a una intolerancia permanente si existe una intolerancia
a la lactosa.
Las molestias gastrointestinales raramente son graves, aunque
por su frecuencia e incomodidad suelen ser muy importantes en
la adherencia al tratamiento antirretroviral. Las molestias
asociadas a ddI en su formulación de comprimidos pueden
mitigarse con su administración en forma de cápsulas.
En el caso de los inhibidores de la proteasa, las molestias
digestivas suelen disminuir o desaparecer tras los primeros
tres meses de tratamiento. La diarrea puede mejorar sintomáticamente
con una dieta rica en alimentos astringentes o con fármacos
inhibidores de la motilidad intestinal como loperamida. Se ha
descrito que la diarrea asociada a nelfinavir puede mejorar
con suplementos de calcio; el efecto del calcio se supone que
está mediado por sus propiedades astringentes y por un
efecto directo inhibitorio de la motilidad intestinal. En mi
experiencia, los suplementos de calcio no suelen ser eficaces.
En raros casos, es precisa la suspensión del fármaco
que ha originado las molestias digestivas.
Insuficiencia renal
Puede asociarse a indinavir (nefritis intersticial por depósito
de cristales de indinavir) y a adefovir (toxicidad en túbulo
proximal renal). Generalmente es de intensidad leve-moderada
y no suele acompañarse de clínica. Por ello, no
requiere tratamiento. En ocasiones puede ser necesario suspender
el tratamiento con el fármaco potencialmente implicado.
Nefrolitiasis
Es un efecto secundario exclusivo de indinavir, que es el único
inhibidor de proteasa que tiene una eliminación renal
apreciable. Indinavir suele precipitar en orina concentrada
(densidad > 1.015-1.020) y pH básico (> 5). Suele
ser más frecuente en ambientes calurosos. Se manifiesta
por un dolor cólico lumbar. Afecta a 8-14% de los pacientes.
Ocasionalmente se acompaña de fiebre y puede obligar
al diagnóstico diferencial con una
pielonefritis. Se previene mediante una ingesta adecuada de
líquido, cuya necesidad se ha cifrado por el fabricante
en 1.500 mL de agua al día, aunque puede ser superior
si el ambiente es caluroso, si el paciente tiene fiebre o suda
de forma importante, o si tiene pérdidas extraordinarias
de líquidos en forma de diarrea o de vómitos.
El dolor se trata con antiinflamatorios no esteroideos. Si el
dolor es intenso, puede ser conveniente suspender transitoriamente
indinavir. Si se producen episodios de repetición sin
un factor desencadenante evidente, puede ser preciso suspender
definitivamente el fármaco. En este último supuesto,
cabe la posibilidad de determinar los niveles plasmáticos
de indinavir si se dispone de infraestructura para realizar
análisis de farmacocinética y ajustar la dosis
convenientemente si los niveles están por encima del
rango terapéutico. También se debe investigar
si el paciente consume bebidas carbónicas, aunque la
cantidad de líquido ingerida diariamente sea adecuada,
ya que el anhídrido carbónico alcaliniza la orina
y puede hacer precipitar al indinavir.
Alteraciones metabólicas
Las alteraciones metabólicas se asocian de forma casi
invariable al tratamiento con inhibidores de la proteasa. Son
alteraciones analíticas sin sintomatología asociada.
La hiperlipemia suele ser generalmente en forma de hipertrigliceridemia
aislada, y con menos frecuencia en forma de hipertrigliceridemia
y de hipercolesterolemia combinadas. Ante la detección
de hiperlipemia, debe investigarse sobre la dieta que realiza
el paciente. Si la dieta es rica en grasas animales o más
rica en calorías de lo que el metabolismo del individuo
necesita, debe corregirse. Se debe evitar el sobrepeso. Si los
niveles de triglicéridos y de colesterol son inferiores
a 400 mg/dL, la actitud puede ser conservadora. Si los niveles
de triglicéridos o de colesterol son superiores a 400
mg/dL, debería instaurarse un tratamiento farmacológico
a base de fibratos (gemfibrozil) si predomina la hipertrigliceridemia,
o de estatinas (pravastatina, ya que es la única que
no se metaboliza a través del citocromo P450) si predomina
la hipercolesterolemia, o de ambas. Si los niveles de triglicéridos
o colesterol persisten elevados a pesar del tratamiento o éste
es intolerado, resulta necesario plantear la suspensión
del tratamiento con inhibidores de la proteasa. Estas recomendaciones
de tratamiento de la dislipemia en personas seropositivas se
encuentran ampliadas en un documento de consenso que ha sido
publicado recientemente.
Si se desarrolla una diabetes (glicemia > 126 mg/dL) o si
empeora una diabetes previa en un paciente que inicia tratamiento
con inhibidores de la proteasa, la posibilidad de seguir o no
con estos fármacos depende de la gravedad clínica.
En los casos de cetoacidosis, resulta sensato plantear la suspensión
de los inhibidores de la proteasa e instaurar un tratamiento
con insulina. En casos con clínica más leve o
sin clínica, puede mantenerse el tratamiento con inhibidores
de la proteasa y utilizar dieta exclusivamente o dieta más
antidiabéticos orales dependiendo de los niveles de glicemia.
Los antidiabéticos orales más atractivos son los
que disminuyen la resistencia a la insulina: metformina en caso
de que haya lipodistrofia con obesidad central predominante
o una glitazona (aún no comercializadas en España)
en caso de que exista una lipodistrofia con pérdida de
la grasa periférica predominante.
Redistribución de la grasa corporal
La redistribución de la grasa corporal no se asocia de
forma tan clara a los inhibidores de la proteasa como las alteraciones
metabólicas. En caso de que predomine la obesidad intraabdominal,
el ejercicio físico, el tratamiento con metformina (aun
no existiendo diabetes), y la sustitución de los inhibidores
de la proteasa por un no nucleósido pueden disminuir
en grado variable la grasa intraabdominal. Para las acumulaciones
localizadas, como la hipertrofia mamaria o la joroba de búfalo,
es posible el tratamiento quirúrgico. En el caso de que
predomine la pérdida de grasa periférica, podría
resultar útil el tratamiento con glitazonas, ya que la
troglitazona se ha utilizado con éxito para aumentar
el tejido subcutáneo en personas con lipodistrofia no
asociada a la infección por VIH. A pesar de que no se
ha establecido una relación casual entre la utilización
de d4T y el desarrollo de lipodistrofia16, algunos autores han
comunicado mejoría parcial con la retirada de d4T.
Conclusiones
El tratamiento antirretroviral actual comporta inevitablemente
un riesgo de toxicidad. A pesar de que algunos efectos secundarios
son más esperables al inicio de un determinado fármaco
o tratamiento antirretroviral, el riesgo en general aumenta
con el tiempo. No es previsible que ocurran cambios cualitativos
en los fármacos antirretrovirales en los próximos
años. Por ello, es preciso diseñar estrategias
de tratamiento antirretroviral encaminadas a disminuir el riesgo
de toxicidad tanto a corto como a largo plazo. Afortunadamente,
el perfil de toxicidad asociado con cada fármaco individual
es relativamente singular. Incluso la toxicidad de familia tiene
un perfil o unos matices diferentes para cada fármaco
de la misma familia. Por ello, es preciso mantener una vigilancia
activa para realizar cambios o modificaciones de los fármacos
de forma rápida y certera para evitar la progresión
de la infección VIH y mejorar en la medida que sea posible
un determinado efecto secundario. Sólo de este modo evitaremos
que la toxicidad de los fármacos antirretrovirales sea
considerada por los propios pacientes como algo más temible
que la propia progresión de la infección por VIH.
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Adherencia
al tratamiento antirretroviral
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Importancia
y trascendencia de la adherencia al tratamiento
En los últimos años se
han producido grandes avances en el campo de la terapia antirretroviral.
La consecuencia ha sido una reducción en la progresión
de la enfermedad, en la aparición de infecciones oportunistas
y una extraordinaria reducción de la mortalidad y de los
ingresos hospitalarios de los pacientes con infección por
el VIH.
El objetivo de la terapia antirretroviral es mejorar la calidad
y la supervivencia de los pacientes, hecho que se consigue a través
de la supresión profunda y duradera de la replicación
viral. Uno de los hechos fundamentales para conseguir la efectividad
del tratamiento antirretroviral es la adherencia estricta al tratamiento.
Es conocido que diariamente en la infección por VIH se
producen alrededor de 1010 viriones en cada persona infectada.
Si no se asegura la existencia de concentraciones terapéuticas
de los fármacos suficientes para inhibir esta replicación,
la aparición de resistencias es altamente probable. Así,
sólo tres días sin tomar la medicación pueden
ser suficientes para hacer fracasar el tratamiento. Una caída
de las concentraciones del fármaco por debajo de un nivel
crítico permite al virus continuar su replicación
y establece las condiciones ideales para el desarrollo de resistencias
que, con frecuencia, son cruzadas entre los diferentes inhibidores
de proteasa. Es importante recalcar que, a similitud de lo que
ocurre con la tuberculosis, el problema es abandonar algún
fármaco de la combinación manteniendo el resto.
Algunos estudios objetivan que la interrupción
de
toda la combinación tras un año de tratamiento exitoso
se sigue de un rebrote de la carga viral que rápidamente
regresa a niveles indetectables tras reintroducir el tratamiento.
Fätkenheuer et al. encuentran hasta un 44% de fracaso virológico
en una serie de pacientes en TARGA (Tratamiento antirretroviral
de gran actividad). Varias son las causas que explican alta tasa
de fracaso. La primera es la baja absorción de los fármacos
y/o la rápida destrucción de los metabolitos activos.
La segunda, la presencia de compartimentos o «santuarios»
en el organismo donde no se alcanzan niveles apropiados del fármaco.
La tercera y más importante es la falta de adherencia al
tratamiento por parte del paciente.
Otro aspecto de gran importancia es el económico. El coste
de los fármacos antirretrovirales en nuestro país
se ha valorado en una media de 1,2-1,5 millones de pesetas por
paciente y año. Si se estima que en España existen
un total de 50.000 pacientes en tratamiento, el gasto anual de
fármacos antirretrovirales puede ascender a un total de
75.000 millones de pesetas/año, cifra nada despreciable
que hace recapacitar sobre la necesidad del uso adecuado de los
medicamentos en una sociedad como la nuestra donde los recursos
son limitados6. Además, el hecho de tener un fracaso terapéutico
por mala adherencia obliga a introducir terapias de rescate con
más fármacos, lo cual puede encarecer los costos
un 20-60% respecto a las terapias habituales. Ello repercute también
de forma muy negativa en la calidad de vida del paciente: No es
lo mismo tomar tres fármacos que terapias de rescate que
pueden incluir 5 o 6 fármacos diferentes.
Los términos adherencia y cumplimiento se emplean con frecuencia
de forma indistinta. En un principio, solamente se empleaba el
término cumplimiento para definir la correcta toma de los
medicamentos. Sin embargo, algunos autores prefieren el término
adherencia, considerando que define una actitud del paciente,
refleja un compromiso con respecto a la medicación prescrita
por el médico con una participación activa en la
elección y en el mantenimiento del régimen terapéutico.
El cumplimiento o la adherencia incorrecta incluye aspectos como
la omisión de
tomas, reducción de la dosis prescrita, no respetar los
intervalos de administración o su separación con
respecto a las comidas.
El problema de la no adherencia no es, ni mucho menos, un problema
específico del paciente con infección por VIH, siendofrecuente
en los pacientes con patologías crónicas que precisan
tratamientos largos, o, incluso, indefinidos. En la población
general las tasas de cumplimiento de pacientes sometidos a tratamientos
prolongados varían entre el 10 y el 90%, con un promedio
de cumplimiento correcto del 50% y en enfermedades con trascendencia
epidemiológica para la comunidad, como la tuberculosis,
se recomiendan en la actualidad programas de tratamiento supervisado.
En el caso del paciente infectado por el VIH, el grado de adherencia
necesario para obtener el máximo beneficio y prevenir el
desarrollo de resistencias no se conoce y puede depender de diferentes
factores como la combinación de fármacos empleados,
la pauta de dosificación o el estadio de la infección.
Sin embargo, parece que en la triple combinación, es necesario
la toma de por lo menos un 90-95% de las dosis para inhibir la
replicación. Así, una reciente comunicación
encuentra que el 81% de los pacientes con > 95% de adherencia
a TARGA tenían una supresión viral completa, en
comparación con un 64% de pacientes con el 90-95%, un 50%
con un 80-90% de adherencia, 25% con 70-80% y sólo el 6%
de los pacientes con menos del 70% de adherencia tenían
carga viral indetectable tras un seguimiento de tres meses. Otro
reciente trabajo describe como predictor de no respuesta al tratamiento
antirretroviral una adherencia menor del 80% y el consumo de drogas
y alcohol.
Medida
de la adherencia
Es necesario medir la adherencia lo más precisamente posible.
Sin embargo, esto entraña una gran dificultad ya que no
existe un método y la forma más óptima es
la combinación de varios sistemas. Los métodos más
frecuentemente usados son:
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Lo
que el propio paciente refiere: esto tiene como desventaja
que el grado de adherencia tiende a sobrestimarse por parte
del paciente. El grado de fiabilidad y de calidad de la
información es mayor cuanto menor sea el plazo de
tiempo sobre el que se interroga al paciente.
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| Autorregistro
de las dosis: el paciente anota en una libreta las tomas de
los fármacos. |
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Recuento
de la medicación dada: es el método más
utilizado en los ensayos clínicos. El paciente debe
devolver las pastillas sobrantes. Esto puede conducir a
la manipulación del númerode pastillas para
simular una correcta adherencia.
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Sistemas
de recuento electrónicos: consiste en utilizar los
dispositivos MEMS®, que a través de un sistema
de tapa electrónica registran la fecha y hora de
apertura del frasco. Las principales desventajas de estos
métodos son que no aseguran si el paciente toma la
medicación o si lo hace en la dosis correcta y su
alto coste. Su utilización queda restringida a los
ensayos clínicos.
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Medida de niveles sanguíneos del fármaco en
sangre: es el método más objetivo. El paciente
debe desconocer la auténtica finalidad del análisis
sanguíneo para evitar una simulación de la
adherencia. La principal desventaja es la dificultad técnica
y el que sólo aporta información de un momento
dado. Como alternativa y con algunos fármacos como
la zidovudina, se puede utilizar el aumento del volumen
corpuscular medio como marcador biológico.
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La
fórmula que se emplea para determinar el grado de adherencia
es la siguiente: Adherencia
(%)= Nº pastillas tomadas/Nº pastillas prescritasX100.
Los
datos de cumplimiento de tratamiento antirretroviral recogidos
en la literatura son escasos. Diversos estudios que incluyen más
de 200 pacientes con mono o biterapia objetivan una tasa de incumplimiento
que oscila entre un 15 y un 37%. El cumplimiento con tratamientos
que incluyen un inhibidor de proteasa oscila entre un 56 y un
80% teniendo en cuenta que el 18% de los pacientes olvidan al
menos una dosis los dos días previos, el
22% los tres días previos y el 36% en las dos semanas previas.
Además, a la hora de cuantificar la adherencia existe un
problema añadido que es la diferencia entre la adherencia
descrita en un ensayo clínico donde los pacientes son estrechamente
monitorizados y la encontrada en la rutina clínica diaria
donde en ocasiones los pacientes están menos incentivados
para realizar el tratamiento.
favorece
la mayor frecuencia de olvidos, somatizaciones que se atribuyen
a los efectos secundarios, etc. La mejor manera de evitar este
cansancio es convertir el consumo en un hábito cotidiano,
realizado a diario y de forma sistemática.
El tratamiento debe ser óptimo desde un principio, no recomendándose
iniciar tratamientos subóptimos de prueba. Teniendo en
cuenta esta premisa y aun cuando no existen predictores de no
adherencia, cuando se sospeche ésta, se considerarán
regímenes terapéuticos que minimicen el riesgo de
resistencias cruzadas y permitan opciones de tratamiento futuras.
Se intentará simplificar los tratamientos en la medida
de lo posible. La prescripción debe ser detallada por escrito
y de manera clara, informando claramente de las expectativas al
iniciar la medicación, de los efectos secundarios y de
su manejo. El paciente debe aprender a distinguir los efectos
secundarios leves de los potencialmente graves para minimizar
las interrupciones del tratamiento. Igualmente, se procurará
facilitar un
número de contacto de fácil acceso y con el nombre
de una persona encargada para consultar dudas o problemas, hecho
que en nuestra experiencia ha resultado sumamente útil.
En los pacientes que tengan dificultad para comprender o manejar
la medicación es necesario el apoyo de la familia o de
las personas más próximas.
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Tabla I. Causas
potenciales de incumplimiento y posibles estrategias de
intervención
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Causas
potenciales
de incumplimiento |
Posibles
intervenciones |
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No aceptación
Rechazo del diagnóstico
Rechazo del tratamiento
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Analizar relación paciente - profesional sanitario
y mejorarla efectividad de la relación
Negociar y consensuar el plan terapéutico
Fomentar la percepción de indicadores que indican la
necesidad de aplicar tratamiento Informar sobre riesgos y
beneficios del tratamiento |
No
comprensión
Insuficiente comprensión de la enfermedad y su tratamiento
Insuficiente entendimiento de la relación riesgo-beneficio
Problemas con la medicación
Efectos adversos, tamaño y gusto de las unidades galénicas,
número de dosis diarias |
Mejorar la comunicación paciente - profesional sanitario
Información referentea la enfermedad y su tratamiento
Modificar y simplificar el régimenterapéuticoTécnicas
especiales para la toma de medicación.
Ayudar a desarrollar mecanismos de reacción (p. ej.,
anticipación y manejo de efectos adversos) |
Olvidos
y barreras
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Fase
de mantenimiento y de apoyo
Una vez instaurado el tratamiento, es necesario programar adecuadamente
las visitas. Los pacientes que inician tratamiento serán
visitados en un plazo corto de tiempo, recomendándose entre
15 días y un mes para la primera visita. En ella se verificará
el cumplimiento y la tolerancia de la medicación. Hay que
tener en cuenta que el primer mes es el de más frecuente
aparición de los efectos secundarios y que éstos
pueden disminuir
o desaparecer en ese plazo. De una buena adherencia precoz al
tratamiento puede depender el futuro buen cumplimiento del tratamiento.
En los pacientes que ya están en tratamiento, las visitas
se programarán con mayor o menor frecuencia según
las distintas necesidades del paciente. En ellas, se valorará
la adherencia y se comunicará al paciente los avances virológicos
e inmunológicos. Una intervención de asesoramiento
individualizado basada en la explicación detallada al paciente
de su tratamiento, reforzando la tarea informativa aportada por
el médico y con visitas frecuentes ha demostrado su eficacia.
Cuando deseamos evaluar la adhesión, no debería
preguntarse sólo, ni directamente, si se está tomando
el tratamiento. Concretar el número de dosis no tomadas
en, por ejemplo, la última semana puede ser de gran utilidad
al clínico para hacerse una idea del cumplimiento. Una
estrategia útil es preguntar al paciente sobre el esfuerzo
que le supone tomar la medicación así como su capacidad
percibida para continuar tomando el tratamiento correctamente.
A pesar de que la adhesión referida por el paciente no
proporciona una garantía absoluta de veracidad, se ha demostrado
una correlación próxima al 90% entre los niveles
plasmáticos de los inhibidores de proteasa y la adhesión
referida. En caso de encontrar un mal cumplimiento se investigarán
sus causas y se buscarán soluciones. En este sentido, consideramos
de vital importancia la colaboración de psiquiatras en
el seguimiento del paciente. Su papel adquiere gran importancia
en determinados casos, principalmente cuando la adherencia se
ve disminuida por problemas paralelos como depresión, ansiedad
y consumo y abuso de drogas. El abordaje previo y la resolución
de dichas situaciones es imprescindible para conseguir una adecuada
adherencia. Igualmente, en algunos tipos de pacientes como son
los consumidores de drogas, especialmente por vía parenteral,
es necesario cubrir las necesidades de consumo con distintas terapéuticas
de mantenimiento o deshabituación como la metadona. Esto
les permitirá una vida más digna y dentro de la
«legalidad», lo cual es de gran ayuda para un adecuado
cumplimiento del tratamiento.
Tampoco debemos olvidar que antes de iniciar cualquier tratamiento
antirretroviral, el paciente debe tener cubiertas sus necesidades
sociales mínimas, como por ejemplo vivienda y alimentación,
etc. Dadas las características de desarraigo del entorno
familiar y social de algunos pacientes es necesaria la existencia
de centros de acogida, pisos tutelados y otras medidas de carácter
social que tengan en cuenta las peculiaridades de estos pacientes.
Incluso se ha recomendado la administración del tratamiento
de forma directamente observada, de forma similar a la tuberculosis.
No deja de ser paradójico que una sociedad que tiene tan
fácil acceso al tratamiento antirretroviral, tenga tantos
problemas para resolver estas problemáticas sociales.
Un papel de gran importancia lo desempeña el farmacéutico,
ya que la medicación antirretroviral es de dispensación
hospitalaria. El farmacéutico deberá conocer el
estadio de la enfermedad del paciente y a su vez deberá
comprobar mediante una sencilla entrevista el grado de conocimiento
de la enfermedad por parte del paciente así como su adherencia
al tratamiento. Para ello puede aplicar cuestionarios de adherencia,
registrar las visitas que realiza el paciente comprobando si los
plazos de tiempo en los que acude para recoger la medicación
se ajustan a los del suministro otorgado en la anterior visita
y/o haciendo devolver al paciente los envases vacíos y
con medicación sobrante y contando las pastillas devueltas.
Por último, y como orientación, puede observar la
evolución de la carga viral. Igualmente, dispensará
la medicación cada uno o dos meses, no recomendándose
períodos más largos y con ella un folleto informativo
con la forma de administración y dosis de cada medicación.
No debemos olvidar dentro de la adherencia el papel de la industria
farmacéutica, que debe continuar sus investigaciones para
desarrollar nuevos tratamientos más sencillos de tomar,
con menor número de pastillas y dosis, sin interacción
con las comidas y a poder ser con menores efectos secundarios.
A ella también le corresponde el acondicionamiento de los
fármacoscon envasados más higiénicos y cómodos,
por ejemplo en dosis
unitarias para que el paciente pueda evitar el uso de pastilleros
y los transporte más fácilmente. Igualmente, permite
evitar pérdidas derivadas de una mala conservación
y ofrece la posibilidad de reutilizar los envases fraccionados.
Conclusiones
En resumen, podemos concluir que dadas las especiales características
de la infección por VIH la adherencia es uno de los principales
objetivos a conseguir. En esta tarea se debe involucrar todo el
personal sanitario que atiende al paciente y también a
su familia, amigos y también a las instituciones que deben
proporcionar un entorno social adecuado para el éxito de
una buena adherencia.
El seguimiento del paciente debe ser estrecho evaluando la adherencia
como parte de la asistencia. Se debe emplear el suficiente tiempo
en explicar detalladamente el tratamiento y sus consecuencias
al paciente. La consulta, sobre todo el día en que se va
a iniciar el tratamiento, no debe constreñirse a los 15-20
minutos habituales, sino que debe ser una consulta «a demanda
» del paciente dedicándole el tiempo que nos pida.
Igualmente se debe facilitar el acceso del paciente al personal
sanitario para formular sus dudas, etc. Esta implicación
de muchas personas del equipo de asistencia debe ir acompañada
de un escrupuloso respeto de la confidencialidad.
No sabemos qué ocurrirá a largo plazo con los tratamientos
antirretrovirales, pero sí conocemos que el éxito
actual y futuro de ellos se basa en una adecuada adherencia.
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