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No obstante, ya en los primeros años
de la epidemia se diseñaron estrategias destinadas al tratamiento
y a la prevención de las principales complicaciones infecciosas
de la enfermedad y se inició de forma tímida la era
del tratamiento antirretroviral, que ha alcanzado su momento álgido,
en cuanto a eficacia se refiere, durante la segunda parte de la
década de los noventa. Coincidiendo en el tiempo con la aparición
del tratamiento antirretroviral de gran eficacia (TARGA), se hallaron
marcadores pronósticos de gran fiabilidad, sobre todo la
determinación de la carga viral, lo que en conjunción
con sus modificaciones inducidas por el TARGA han conducido a la
era actual en la que se ha documentado una drástica reducción
de la mortalidad y de la incidencia de infecciones oportunistas
y neoplasias asociadas a la infección por VIH, lo que ha
conducido a una mayor esperanza de vida para la población
infectada y a que adquieran protagonismo otros aspectos relacionados
con la infección como son los efectos secundarios de los
TARGA. Revisar de forma sucinta la historia natural de la infección
por VIH, entendiendo como siempre en cualquier infección
que es la resultante de la interacción entre el agente morboso
(el VIH) y un huésped y que será dicha interacción,
modulada por factores dependientes del virus y por aquellos dependientes
del huésped, la que en última instancia determinará
el perfil evolutivo de la enfermedad en un paciente determinado.
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|

para visualizar la
replicación del VIH pulsa
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Existen múltiples evidencias de que el VIH, desde
el momento que infecta al paciente, se replica de forma continua alcanzándose
para cada paciente un nivel de equilibrio que depende de factores virales
(como la cepa del virus infectante) y de factores del huésped (como
la edad). Dicho nivel de equilibrio se mantiene durante un cierto tiempo,
que varía según el estadio evolutivo de la infección.
La historia natural de la infección por el VIH puede dividirse
en tres fases bien diferenciadas: una fase precoz o aguda, que tiene una
duración de varias semanas; una fase intermedia o crónica
que se extiende a lo largo de años, en los que el sistema inmunitario
del huésped consigue un cierto control de la replicación
viral estableciéndose un equilibrio dinámico entre la replicación
vírica y el sistema inmunitario del paciente. Sin embargo, la repetición
ad infinitum de los ciclos replicativos del virus acaba por ocasionar
el agotamiento del sistema inmunitario y su consiguiente claudicación,
que eventualmente conduce a la aparición de infecciones oportunistas
y tumores, que caracteriza clínicamente la fase final de la infección
por VIH, el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) clínico.
La fase precoz o aguda de la infección por VIH, también
conocida como primoinfección o infección aguda por VIH,
se caracteriza clínicamente por unas manifestaciones que remedan
una mononucleosis infecciosa, aunque aparece sólo en un 30- 70%
de los pacientes y a menudo pasa desapercibida puesto que su presentación
es poco específica, a menudo sin impresión de gravedad y
que se autolimita en 2-3 semanas.
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Tabla 1. Manifestaciones clínicas asociadas
a la infección aguda sintomática por VIH (modificado
de Cooper D y Keet I)
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Manifestación
Fiebre
Sudoración
Artralgias
Mialgias
Linfadenopatías
Odinofagia
Anorexia, náuseas o vómitos
Cefalea
Erupción cutánea
Diarrea
Meningoencefalitis aguda
Candidiasis oral y esofágica
Trombocitopenia
Leucopenia
Aumento de transaminasas
Hepatomegalia o esplenomegalia
Otras* |
Porcentaje
97
97
58
58
77
73
20
30
70
33
8
10
51
38
23
17
6
|
| *Úlceras
bucales, vasculitis, nefritis, rabdomiólisis, neumonitis e
hipoxemia, anemia aplásica e infección diseminada por
citomegalovirus. |
Las manifestaciones clínicas más
frecuentes de la primoinfección por VIH se detallan en la tabla
1. En un porcentaje de pacientes cercano al 70%, la primoinfección
se acompaña de una erupción cutánea de corta duración.
La primoinfección se manifiesta clínicamente de 2 a 4 semanas
tras la exposición, aunque este período puede oscilar de
6 días a 6 semanas. Como es una constante en toda infección
existen factores virales que favorecen la adquisición de la infección
y que básicamente son el inóculo infectivo (la dosis de
virus infectante) y la virulencia intrínseca de la cepa viral o
capacidad de la misma para causar infección, pero en contraposición
existen factores del huésped que favorecen la resistencia a la
infección por VIH. Así ocurre en ciertos individuos que
presentan una alteración genética del correceptor CCR5 y
se sabe también que existen individuos cuyo sistema inmunitario
es capaz de eliminar por completo la infección e impedir la ulterior
diseminación del virus. Además, en niños se ha demostrado
eliminación completa del virus tras infección perinatal.
La vía y mecanismo de transmisión no parece desempeñar
ningún papel en la evolución posterior de la infección
por VIH. La fase precoz de la infección por VIH se caracteriza
por una rápida diseminación del virus con especial predilección
por los ganglios, tejido linfático y sistema nervioso. En esta
fase la proporción de linfocitos CD4 infectados es de 1/10-100,
la carga viral plasmática suele ser del orden de 106 copias/mL
y en la mayoría de los pacientes puede detectarse antígeno
p24 circulante a partir de la 2.ª hasta la 6.ª semana. Posteriormente,
en el plazo de 1 a 3 meses, aparecen los diversos anticuerpos frente al
VIH, lo que se sigue de desaparición el antígeno p24 circulante
y de una radical disminución en del número de linfocitos
CD4 infectados. La intensa replicación viral que se produce durante
la infección aguda produce un descenso brusco en el número
de linfocitos CD4 y en consecuencia un estado de inmunodepresión
que se recuperará cuando se establezca un cierto control de la
replicación viral, pero que puede acompañarse de aparición
o reactivación de algunas infecciones oportunistas como candidiasis
esofágica o infección sintomática por citomegalovirus.
Existen una serie de factores clinicobiológicos que poseen la capacidad
de predecir si la progresión de la infección por VIH será
más o menos rápida. La progresión se acelerará
en los pacientes que presenten cifras de viremia superiores a las 100.000
copias/mL durante la primoinfección o si la carga viral se estabiliza
en cifras superiores a 10.000 copias/mL, en los pacientes que presenten
una primoinfección sintomática, en los que presentan cifras
bajas de linfocitos CD4 que no se recuperan, y en los pacientes infectados
por cepas formadoras de sincitios, cepas resistentes, aquellas que escapan
a la acción de los anticuerpos neutralizantes y las cepas con menor
tropismo por los macrófagos. Los pacientes que presenten detección
prolongada de antígeno p24, retraso en la aparición de anticuerpos
frente al mismo y retraso en la positivización de las pruebas de
ELISA para la detección de anticuerpos tienen también un
riesgo acelerado de progresión.
La fase intermedia o crónica de la infección por VIH se
caracteriza clínicamente porque el paciente suele estar asintomático
o puede presentar adenopatías, cifras reducidas de plaquetas (sobre
todo los usuarios de drogas por vía parenteral) o pequeños
trastornos neurológicos. Durante esta fase, la probabilidad de
que la infección progrese a estadios más avanzados es del
50% para los adultos los 7-10 años de haberse infectado. Muy frecuentemente,
es en esta fase cuando el paciente es visto inicialmente por un médico
y ya desde el punto de vista clínico pueden existir circunstancias
clínicas como la presencia de candidiasis oral, leucoplaquia vellosa,
o síntomas constitucionales como diarrea, febrícula o fiebre
y pérdida de peso no intencionada, que nos deben alertar ante la
posibilidad de una infección avanzada, que siempre deberá
corroborarse con los datos inmunológicos y virológicos,
pero que permiten la instauración de medidas profilácticas
desde el momento inicial del contacto médico-paciente. Los factores
dependientes del virus y dependientes del huésped mencionados en
el apartado anterior constituyen indicadores de la probabilidad de progresión.
A pesar de ello, existe una gran variabilidad individual. En esta fase
la respuesta inmunitaria por parte del huésped es capaz de limitar
la replicación viral, y durante la misma uno de cada 10.000 linfocitos
CD4 circulantes estaría infectado, existiendo actividad replicativa
viral sólo en el 10% de los mismos. Los viriones libres a nivel
plasmático tienen una semivida muy corta, de aproximadamente 0,5
días y en unos 2,5 días tiene lugar un ciclo replicativo
completo. Se calcula que cada día se producen y destruyen unos
1012 viriones, lo que representa la renovación diaria del 30% de
las partículas circulantes y de forma paralela cada día
se producen y destruyen 109 linfocitos CD4 con infección productiva,
lo cual supone un índice de recambio 10 a 100 veces superior al
fisiológico. Una comparación que ha hecho fortuna describe
muy adecuadamente la evolución de la infección por VIH como
un tren que se dirige hacia un precipicio; el punto de partida (o distancia
al precipicio) y la velocidad del tren son las dos variables que determinarán
en mayor medida el tiempo necesario para efectuar el recorrido. En este
ejemplo aplicado a la infección por VIH, la distancia a recorrer
por el tren es la cifra de linfocitos CD4 que posee el paciente, mientras
que la velocidad a la que se desplaza se hallaría representada
por la carga viral plasmática. Ambas variables representan, por
un lado, la producción viral, y por el otro, la destrucción
celular. Por ello, no resulta difícil de entender que una única
medida aislada de la viremia (que traducirá cambios en la velocidad)
es el mejor marcador de progresión y el más precoz. En cambio,
los cambios en los niveles de linfocitos CD4 se detectarán con
mayor retraso, al ser consecuencia obligada de los cambios en la replicación
viral. El recorrido hasta el precipicio (representado por la aparición
del sida clínico o por la muerte) se acorta un promedio de 40-80
linfocitos CD4/mm3 y año, pero puede oscilar entre 0 y 200. Todo
este dinámico proceso se halla a su vez influenciado por factores
virales ya mencionados como que la cepa viral sea formadora de sincitios
(fusión de una o más células huésped) o que
posea mutaciones que confieran resistencia a antirretrovirales. Existen
también factores relacionados con el huésped que pueden
influenciar el recorrido del tren hacia el precipicio y entre ellos los
más trascendentes son la edad del paciente, las coinfecciones con
otros virus como citomegalovirus, virus de las hepatitis o el virus linfotrófico
T tipo I, la adicción activa a drogas por vía parenteral,
la presencia simultánea de enfermedades de transmisión sexual
o de infecciones por parásitos entéricos, la existencia
de malnutrición y la exposición a aloantígenos como
sangre o semen.
No obstante, existe un reducido porcentaje, que se estima
en un 10% de sujetos infectados por el VIH, cuya progresión haciaestadios
avanzados de la enfermedad a los 20 años de la infección
todavía no se ha producido. Alrededor de la mitad de ellos (5%)
conservan, además, una inmunidad preservada, con cifras de linfocitos
CD4 por encima de 500/mm3, en ausencia de tratamiento antirretroviral
y con un buen estado clínico. Son lo que se ha venido en denominar
no progresores a largo plazo.
En la fase final o de crisis existe un aumento de la capacidad
de replicación viral, y en esta fase hasta uno de cada 10 linfocitos
CD4 puede estar infectado y el número de copias virales por mililitro
de plasma puede nuevamente llegar hasta los 106. Ello es consecuencia
de que el sistema inmunitario del huésped haagotado su capacidad
para eliminar virus y su capacidad para reponer los linfocitos CD4 destruidos
por la replicación viral. Desde el punto de vista clínico,
aparece un notable deterioro del estado general con marcad pérdida
de peso (wasting syndrome), infecciones oportunistas de diversa localización,
ciertos tipos de neoplasias y alteraciones neurológicas que conforman
lo que clínicamente se ha definido como síndrome de inmunodeficiencia
adquirida (SIDA). En pacientes que no reciben tratamiento antirretroviral,
el pronóstico a partir de este momento es ominoso, con una probabilidad
de supervivencia a los 3 años del diagnóstico del sida que
no suele ser superior al 15-30%. Cuando la cifra de linfocitos CD4 desciende
por debajo de 200/ mm3, el 30% de los pacientes desarrollará alguna
enfermedad definitoria de sida en 1-3 años, mientras que sólo
un 20% de los pacientes permanecerá relativamente asintomático.
Por debajo de un nivel de linfocitos CD4 de 50/mm3, la mediana de supervivencia
es de 1,3 años, pero aun así el 20% de los pacientes puede
sobrevivir 2 años. Existen diversos factores pronósticos
que determinan la evolución de un paciente cuando éste ha
desarrollado alguna condición definitoria de sida y entre ellos
destacan el propio episodio inicial definitorio, la edad del paciente,
la vía de transmisión de la infección por VIH, y
la cifra de linfocitos CD4.
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Tabla 2. Clasificación de la infección
por VIH propuesta por los CDC que entró en vigor en enero
de 1993
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| Categorías según
cifra de linfocitos CD4 |
Categorías
clínicas |
|
|
A |
B |
C (sida) |
| >500/µL (>29%) |
A1 |
B1 |
C1 |
| 200-499/µL (14-28%) |
A2 |
B2 |
C2 |
| < 199/µL (< 14%) |
A3 |
B3 |
C3 |
|
La categoría clínica
A se aplica a la primoinfección y a pacientes asintomáticos
con o sin linfadenopatías generalizadas persistentes. La
categoria clínica B se aplica a pacientes que presenten o
hayan presentado síntomas debidos a enfermedades no pertenecientes
a la categoría C, pero relacionadas con la infección
por VIH o cuyo tratamiento y cuidado puedan complicarse debido a
la presencia de la infección por VIH. La categoría
clínica C se aplica a pacientes que presenten o hayan presentado
alguna de las complicaciones ya incluidas en la definición
de sida de 1987, más otras tres nuevas que se han añadido
y han sido aceptadas por la OMS para Europa.Los pacientes incluidos
en las categorías C1, C2, C3, A3 y B3 se consideran afectos
de sida. Las dos últimas categorías A3 y B·
representan una ampliación respecto a la definición
de 1987, que por el momento no ha sido aceptada por la OMS para
Europa.
|
La presencia de manifestaciones clínicas, enfermedades
definitorias de sida o no constituyó la base de la clasificación
inicial de la infección por VIH, pero el reconocimiento del valor
pronóstico de la cifra de linfocitos CD4 junto con la incorporación
de tres nuevas enfermedades definitorias a la definición de sida
de los Centers for Disease Control de 1987, han dado como resultado la
clasificación de enero de 1993, que se expone en las tablas 2 a
4.
Como se ha comentado previamente, la mediana de tiempo desde
el momento de la infección al desarrollo de sida clínico
es de aproximadamente 8-10 años, aunque algunos pacientes desarrollarán
sida en menos de 5 años (aproximadamente un 20%), mientras que
otros permanecen asintomáticos sin evidencia de inmunodepresión
durante más de 10 años (< 5%). Se han utilizado muchas
situaciones clínicas y datos de laboratorio para estimar el pronóstico
de la infección por VIH y, por tanto, como marcadores de evolución
de la infección. Numerosos estudios han demostrado que el nivel
de RNA del virus (carga viral) en plasma es el predictor aislado más
fiable del riesgo de progresión a sida y de muerte secundaria al
sida . En el clásico estudio de Mellors et al. se demostró
que el 80% de los pacientes que tenían una carga viral plasmática
por encima de 30.000 copias/mL desarrollaban sida en 6 años, mientras
que sólo el 5,4% de los que tenían 500 copias/mL o menos
lo desarrollaban en el mismo período de tiempo. El nivel de linfocitos
CD4 en este mismo estudio no era un predictor tan fiable como la carga
viral, pero proporcionaba información pronóstica adicional.
Por tanto, el pronóstico de la infección por VIH se define
de la forma más adecuada mediante la utilización combinada
de la carga viral y el recuento de linfocitos CD4. En una minoría
de pacientes con infección por VIH, la progresión hacia
sida es extraordinariamente lenta y el recuento de linfocitos CD4 permanece
estable durante años. En estos individuos la carga viral es muy
reducida en comparación con los progresores y se han detectado
también títulos elevados de anticuerpos específicos
anti-p24. La tasa de progresión de la infección se ha asociado
también con el complejo mayor de histocompatibilidad (HLA) y se
ha demostrado menor progresión en los poseedores de determinados
alelos.
|
Tabla 3. Situaciones clínicas diagnósticas
de sida incluidas en la definición de 1987 y en la tabla
3. Situaciones clínicas diagnósticas de sida incluidas
en la categoría C correspondiente a la clasificación
de 1993
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Candidiasis traqueal, bronquial o pulmonar
Candidiasis esofágica
Carcinoma de cérvix invasivo*
Coccidiodomicosis diseminada (en una localización diferente
o además de los pulmones y los ganglios linfáticos
cervicales o hiliares)
Criptococosis, extrapulmonar
Criptosporidiasis, con diarrea de más de 1 mes
Retinitis por citomegalovirus
Encefalopatía por VIH
Infección por virus del herpes simple que cause una úlcera
mucocutánea de más de un mes de evolución o
bronquitis, neumonitis o esofagitis de cualquier duración,
que afecten a un paciente de más de un mes de edad
Histoplasmosis diseminada (en una localización diferente
o además de los pulmones y los ganglios linfáticos
cervicales o hiliares)
Isosporidiasis crónica (más de un mes)
Sarcoma de Kaposi
Linfoma de Burkitt o equivalente
Linfoma inmunoblástico o equivalente
Linfoma cerebral primario
Infección por M. avium-intracellulare o M. kansasii diseminada
o extrapulmonar
Tuberculosis pulmonar*
Tuberculosis extrapulmonar o diseminada
Infección por otras micobacterias, diseminada o extrapulmonar
Neumonía por Pneumocystis carinii
Neumonía recurrente*
Leucoencefalopatía multifocal progresiva
Sepsis recurrente por especies de Salmonella diferentes de S. tiphy
Toxoplasmosis cerebral en unpaciente con más de un mes de
edad
Wasting syndrome
|
| *Categorías
clínicas incorporadas a la nueva definición (1993) y
acepatadas por la OMS para Europa. |
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Tabla 4. Enfermedades relacionadas con la infección
por VIH cuyo tratamiento y cuidado pueden complicarse debido a la
existencia de la infección por VIH
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Angiomatosis bacilar
Muguet (candidiasis oral)
candidiasis vulvovaginal persistente, frecuente o que responde mal
al tratamiento
Displasia cervical (moderada o grave) o carcinoma in situ
Fiebre (> 38,5 ºC) o diarrea de más de un mes
Leucoplasia oral vellosa
Herpes zoster (dos episodios o uno que afecte más de un dermatoma)
Púrpura trombocitopénica idiopática
Listeriosis
Enfermedad pélvica inflamatoria, sobre todo si se complica
con absceso tuboovárico
Neuropatía periférica
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El cambio más radical que se ha producido en la historia
natural de la infección por VIH se ha observado desde mediados
de 1996 con la introducción de los tratamientos antirretrovirales
de gran eficacia (TARGA) y así, por primera vez en los 20 años
de historia de la infección por VIH y en los 10 años de
tratamiento antirretroviral, la mortalidad causada por la infección
ha experimentado un drástico descenso. Asimismo, la incidencia
de algunas infecciones oportunistas ha experimentado una notable reducción,
y probablemente lo mismo sucede con las neoplasias asociadas a la infección
por VIH, como el sarcoma de Kaposi o los linfomas. Estos cambios han ido
paralelos a la introducción de nuevos fármacos antirretrovirales
y, sobre todo, de los inhibidores de proteasa, a la generalización
de su uso y al empleo de las combinaciones de los mismos (generalmente
dos análogos de nucleósidos y un inhibidor de proteasa o
un no análogo de nucleósido) de forma más precoz
en la historia natural de la infección. Con dichas combinaciones
se consigue reducir la carga viral plasmática por debajo de 20-50
copias/mL en el 50-80% de pacientes no tratados previamente y mantener
este efecto durante períodos superiores a un año, pudiéndose
alcanzar respuestas más duraderas desde el punto de vista temporal.
La respuesta observada al TARGA es la de un incremento en la cifra de
linfocitos CD4, que se recuperan a un ritmo promedio de 12,5 células
por semana durante los tres primeros meses, lo cual probablemente traduce
una redistribución y reentrada a partir de los ganglios linfáticos,
y posteriormente a razón de 1,7 células por semana, siendo
posible mantener este ritmo durante períodos prolongados por expansión
a partir de linfocitos CD4 con fenotipo de células memoria. La
recuperación inicial de linfocitos CD4 que acompaña a un
TARGA se lleva a cabo, sobre todo, a expensas de las células memoria.
En una segunda fase, a partir de los 3-6 meses puede también producirse
un aumento de las células nativas. Si el TARGA se inicia precozmente,
la recuperación de las células nativas es más rápida
y el repertorio inmunológico, entendido como el número y
variedad de antígenos capaces de ser reconocidos por los linfocitos
y contra los que se puede generar una respuesta inmunológica, puede
mantenerse más conservado que si el TARGA se inicia en fases más
avanzadas de la infección cuando dicho repertorio puede haber sido
irremisiblemente dañado.
Fuente: "Manual Práctico. Lo que debe saber
la persona que vive con el VIH-SIDA". Pere Domingo
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El sistema inmune en la infección
por el VIH
Los virus como
amenaza biológica
Los virus representan sin duda la mayor amenaza para nuestra supervivencia
como especie. En ocasiones la infección del hospedador por el virus
no produce enfermedad o sólo cuadros muy leves como es el caso
de los virus herpes. En otras ocasiones la infección viral es fulminante
y mata a un gran porcentaje de los sujetos infectados en días,
como en el caso del Ebola. En el caso de otros virus como el VIH se dan
situaciones intermedias en la que el hospedador es infectado crónicamente,
lo que permite el contagio a otros sujetos y la propagación del
virus en la especie elegida.
Es importante comprender que un virus no puede vivir aisladamente fuera
de una célula a la que tiene que infectar para poder multiplicarse.
Por este motivo los mecanismos de adaptación de todos los virus
a su célula diana son especialmente sofisticados, producto de millones
de años de evolución adaptativa entre virus y células.
Para responder a la amenaza que suponen los virus una vez adaptados a
infectar nuestras células, los organismos complejos han desarrollado
a lo largo de la evolución un sistema especialmente sofisticado
para controlar las infecciones virales: el sistema inmune.
Por lo tanto, en la relación virus-hospedador debemos considerar
dos niveles: un microcosmos que viene dado por la interacción virus-célula
y un macrocosmos en el que poblaciones formadas por miles de millones
de partículas virales se enfrentan a la respuesta del sistema inmunológico.
Para sobrevivir y multiplicarse en el sujeto infectado los virus deben
atravesar esta doble barrera celular e inmune. En el caso del VIH éste
debe por una parte desarrollar mecanismos eficaces de adaptación
al linfocito CD4 y por otra deberá ser capaz de "sortear"
o "evadir" esa segunda gran barrera que representa la respuesta
inmunológica.
A continuación se hace una breve introducción al funcionamiento
del sistema inmunológico y se describen los elementos que median
la inmunidad antiviral. A continuación se analiza el ciclo de infección
del VIH y la respuesta inmune generada frente a la infección. Por
último se exponen las estrategias de "escape" viral a
la respuesta inmune y las posibilidades de inmunopotenciación de
la misma con el fín de controlar la replicación viral.
Actividad antiviral
del sistema inmune
El sistema inmunológico representa la suma de los mecanismos de
defensa de nuestro organismo que se encargan no sólo de protegernos
frente a las infecciones sino que también tienen una función
de vigilancia más amplia frente a la aparición de tumores
y el control de todo tipo de parásitos.
En realidad lo que agrupamos bajo el nombre de sistema inmunológico
son muchos sistemas de defensa diferentes que se han ido generando a lo
largo de la evolución. Cada uno de estos subsistemas se ha "especializado"
para defendernos frente a determinados gérmenes y utilizando mecanismos
diferentes. Algunos de estos subsistemas inmunológicos constituyen
lo que llamamos inmunidad innata o inespecífica. Los mecanismos
de inmunidad innata están en cierta forma "alerta" en
todo momento y se activan inmediatamente tras la infección. Representan
la "primera línea de defensa" que contiene la infección
mientras se pone en acción la inmunidad adaptativa. Esta segunda
línea de defensa es más específica y potente frente
a un germen determinado pero requiere un tiempo de días o semanas
para ser generada.
En la defensa frente a las infecciones virales son importantes los mecanismos
de inmunidad innata como adaptativa. Entre los primeros se encuentran
tanto sustancias solubles como células. Así por ejemplo,
determinadas proteínas como el sistema del complemento en la sangre,
la lisozima en la saliva o las células"asesinas naturales"
(NK) son capaces de inactivar muchos virus. Sin embargo, son los mecanismos
de respuesta inmune específica los que permiten el control defintivo
de la mayoría de las infecciónes virales. Los dos principales
componentes de la inmunidad específica son los linfocitos T y los
anticuerpos, producidos por los linfocitos B.
Esta diversidad en la respuesta antiviral es necesaria por dos motivos:
1. Los virus son seres que presentan una enorme capacidad de adaptación
al organismo infectado y de variabilidad en su estructura por lo que una
respuesta inmune eficaz no puede reposar en un único mecanismo
defensivo. Es necesario atacar distintas dianas del virus y utilizar mecanismos
efectores diferentes para garantizar la eficacia de la respuesta.
2. En su ciclo biológico los virus se multiplican en el interior
de las células desde donde salen al espacio extracelular (sangre,
líquido intersticial) para propagarse e infectar nuevas dianas.
El sistema inmune debe ser capaz por tanto de reconocer y neutralizar
los virus extracelulares, función que realizan factores solubles
como los anticuerpos o el complemento. Pero además, para evitar
que la célula infectada multiplique los virus el sistema inmune
debe ser capaz de reconocer que una determinada célula esta infectada
y destruirla precozmente. Por último, en el caso del VIH el sistema
inmune produce una serie de sustancias denominadas quimiocinas que bloquean
la entrada del virus en la célula y protegen las células
aún no infectadas de la
propagación viral.
Cuando un organismo es infectado por un germen extraño las respuestas
innatas funcionan espontáneamente, pero para que la respuesta adaptativa
se active deben darse una serie de procesos: en primer lugar, el sistema
inmune debe saber que el organismo está infectado. Esta función
de alerta la realizan células denominadas "presentadoras de
antígeno" que como los macrófagos y las células
dendríticas fagocitan el virus y presentan fracciones del mismo
en la membrana a los linfocitos CD4. Los linfocitos CD4 así alertados
se activan y producen una serie de factores que a su vez activarán
a los linfocitos B para producir antcuerpos y a los linfocitos CD8 que
identifiquen y destruyan las células infectadas. Algunas de las
sustancias producidas en este proceso de activación - citocinas
y quimiocinas- tienen una función importante para potenciar las
respuestas antivirales y bloquear la propagación del VIH en sus
células diana.
Ciclo de infección
del VIH
En la transmisión por vía sexual las primeras células
diana del virus son las células presentadoras de antígeno
y los linfocitos de la submucosa rectal y vaginal. En este microambiente
se producen fenómenos de activación linfocitaria y presentación
antigénica que facilitan enormemente la infección viral.
Sin embargo, a nivel de las células epiteliales de la mucosa se
producen también factores supresores y en concreto una quimiocina
denominada SDF-1 que bloquea parcialmente la infección por el VIH.
Una vez que se produce esta infección de la "primera estación"
en la submucosa, la diseminación viral es inmediata y explosiva.
En apenas 72 horas se detecta ya un gran número de linfocitos infectados
en todos los ganglios linfáticos del organismo en niveles similares
a los observados en la fase crónica de la infección. Se
establece de esta manera muy rápidamente una infección crónica
en la que el virus se acantona principalmente en los órganos linfoides.
Los órganos linfoides representan el gran reservorio donde se producen
los fenómenos de infección y propagación del VIH.
En el estudio de los ganglios linfáticos se observa una enorme
cantidad de virus fuera de las células, que se disponen alrededor
de las células dendríticas, en estrecho contacto con linfocitos
a los que infectan. Una pequeña proporciónde los linfocitos
infectados replican activamente el virus y son los responsables de la
ingente producción de viriones observada en el paciente infectado.
Los modelos matemáticos estiman que diariamente se producen en
un sujeto infectado entre mil y diez mil millones de partículas
virales y millones de linfocitos CD4 son destruídos, lo que demuestra
que el VIH presenta una cinética de replicación extremadamente
agresiva. Los virus generados infectan a su vez linfocitos activados,
especialmente aquellos que se encuentran en estadio de división
para "regenerar" los linfocitos destruidos.
Simultáneamente a este compartimento activo desde el punto de vista
de producción de virus, existe un compartimento linfocitario mayoritario
en el que el virus permanece "dormido", en un estado de latencia
absoluta, sin que se conozca con precisión la cinética de
transición de estas células latentes al estado de replicación
activa. Este compartimento de linfocitos latentemente infectados representa
un mecanismo de persistencia muy importante y un enorme obtáculo
para conseguir la erradicación del VIH ya que estas células
no son reconocidas como infectadas por el sistema inmune y escapan a su
acción.
La estrategia de adaptación del VIH al entorno celular de los linfocitos
CD4 se basa en que la replicación viral depende de factores celulares
que son inducidos sólo cuando la célula es activada. De
esta manera, el linfocito CD4 representa un doble nicho ecológico
en el ciclo biológico del VIH: en estado de reposo celular permite
la latencia viral al carecer de los factores necesarios para permitir
la replicación del VIH; por el contrario, la activación
celular induce en el linfocito CD4 las proteínas necesarias para
iniciar la replicación del VIH transformándose así
en una célula altamente permisiva que produce decenas de miles
de partículas virales. Este fenómeno de reactivación
a partir del estado de latencia proviral es extraordinariamente rápido
y agresivo y se ha estimado que tras la activación linfocitaria,
en dos horas se produce la síntesis de todas las proteínas
virales en la célula, detectándose viriones viables fuera
de la célula entre 4 y 6 horas después de la reactivación.
Mecanismos de inmunosupresión
y destrucción linfocitaria
La destrucción de los linfocitos CD4 representa el acontecimiento
más grave de la infección por el VIH. Esta destrucción
es en gran medida una consecuencia directa de la replicación viral
debido a que algunas proteínas del virus son extremadamente tóxicas
para la célula. Sin embargo, algunos trabajos han demostrado que
además de esta destrucción "directa" por la infección
viral, en determinadas condiciones el VIH podría también
destruir células no infectadas porque algunas de sus proteínas
son también "tóxicas" cuando interaccionan con
los receptores de los linfocitos desde el exterior de la célula.
Por otra parte, datos recientes demuestran que el VIH bloquea el proceso
de "regeneración " o síntesis de nuevos linfocitos
CD4 impidiendo así la reconstrucción del sistema inmunológico.
Cuanto más estudiamos los mecanismos de destrucción linfocitarios
encontramos que el VIH es un virus especialmente capaz de destruir y bloquear
la respuesta inmunológica, lo que impide por una parte que el sistema
inmune pueda eliminar el virus del organismo y por otra que este sistema
inmunosuprimido no sea capaz de luchar frente a otro tipo de infecciones.
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Tabla I. Respuesta inmune
en el paciente seropositivo
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Respuesta humoral
Específica (antigénica)
Anticuerpos frente
a proteínas estructurales y reguladoras
Anticuerpos neutralizantes
(gp120, gp41)
Inespecífica
Complemento
Interferones
Respuesta celular
Específica (restringida por el sistema
HLA)
Respuesta citotóxica
CD8 (CTL)
Inespecífica
Citotoxicidad celular
dependiente de anticuerpos (ADCC)
Actividad citotóxica
NK
Factores solubles:
citocinas, quimiocinas
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Respuesta inmune frente al
VIH
En el paciente infectado por el VIH se ha descrito
una respuesta inmune intensa que abarca prácticamente todos los
mecanismos efectores del sistema inmunitario (tabla I). Esta respuesta
es asímismo amplia ya que se desarrolla frente a prácticamente
todas las proteínas del virus. A continuación se describe
el tipo de respuesta inmune generada frente a la infección por
el VIH y su cinética de aparición.
Anticuerpos
La infección por el VIH induce una intensa respuesta
de anticuerpos frente a prácticamente todas las proteínas
reguladoras y estructurales del VIH. Algunos de los anticuerpos generados
tienen carácter neutralizante. Esto quiere decir que son capaces
impedir la infección del VIH ya que "bloquean" las zonas
de la proteína viral que interaccionan con los receptores o puertas
de entrada del virus en la célula. Sin embargo, in vivo la producción
de anticuerpos con capacidad neutralizante es muy escasa.
Respuesta celular
En la infección por el VIH se produce una respuesta
celular antiviral en las distintas poblaciones: linfocitos T CD4, linfocitos
TCD8 citotóxicos (CTL) y células de estirpe NK. El estudio
de la respuesta celular frente al VIH ha demostrado que en los pacientes
seropositivos existe una generación muy importante de linfocitos
CD8 con actividad citotóxica frente al VIH. Esta respuesta celular
es particularmente intensa en pacientes en estadío de primoinfección
y en algunos pacientes con reconstitución inmune tras tratamiento
antiretroviral y su intensidad correlaciona con el control de la replicación
viral. La respuesta celular específica no se limita a los linfocitos
CD8 sino que se ha demostrado una respuesta CD4 específica que
es esencial para la puesta en marcha de una respuesta inmune eficaz frente
al VIH.
Factores solubles
Existen numerosos factores solubles que son activos
frente a la infección por el VIH: complemento, interferones y muy
especialmente quimiocinas.
Entre los factores inhibidores del VIH los más importantes son
las quimiocinas, unas proteínas solubles que se producen en el
contexto de procesos inflamatorios y que se unen a sus receptores en la
membrana celular. Estos receptores son unas moléculas que el VIH
utiliza como puertas de entrada en la célula por lo que si se encuentran
bloqueados por quimiocinas el virus no puede infectar los linfocitos CD4.
Especialmente importante es el papel de una de estas quimiocinas, SDF-1
en el bloqueo de la infección por determinadas variantes del VIH-1.
Recientemente se ha descrito que las células de los epitelios vaginal,
endocervical y rectal producen grandes cantidades
de esta quimiocina que actuaría bloqueando la propagación
de un tipo de variantes del VIH denominadas X4. Este fenómeno de
inmunidad protectora a nivel de mucosas explicaría por qué
sólo las otras variantes del VIH, denominadas R5, se propagan en
el proceso del contagio y se detectan durante la primoinfección.
Cinética de respuesta
inmune frente al VIH en los distintos estadíos de la infección
Primoinfección
Tras el contacto con el VIH se produce un período de ventana de
4-12 semanas, que corresponde a la fase de primoinfección y durante
el cual se pone en marcha la respuesta inmune específica. Durante
este periodo no es posible detectar la presencia de anticuerpos específicos
frente al VIH a pesar de existir niveles de viremia muy elevados. Sin
embargo, al final de este período "ventana" es posible
detectar actividad citotóxica CD8 frente al VIH. Esto sugiere que
la respuesta celular es más precoz e importante en el control inicial
de la replicación viral que la síntesis de anticuerpos.
Sin embargo, probablemente ambos brazos de la inmunidad -humoral y celular-
son importantes en el control de la replicación viral tras la primoinfección.
Este control es el resultado del equilibrio entre dos factores: la virulencia
de las cepas infectantes y la intensidad de la respuesta antiviral generada
por el huésped. La resultante de estos dosfactores se refleja en
la carga viral basal del paciente tras la primoinfección, que representa
un dato de enorme valor pronóstico en la evolución de la
infección ya que indica el equilibrio alcanzado en un sujeto determinado
entre el virus y su sistema inmune. En cualquier caso, esta respuesta
antiviral es incapaz de erradicar el virus que ya se ha acantonado en
las primeras horas de la infección en el organismo y se limita
a contener -aunque sea en una proporción importante- la replicación
viral. Se establece así una infección crónica persistente
en el sujeto infectado.
Fase crónica de la infección
En la fase crónica de la enfermedad se mantienen durante años
respuestas celulares y humorales intensas frente al VIH. Esta falta de
atenuación de la respuesta refleja, por una parte, la intensidad
y la cronicidad de la replicación viral que sigue estimulando persistentemente
el sistema inmune, y por otra la capacidad de éste para controlar
durante largos períodos la replicación masiva que se produce
a lo largo de toda la enfermedad. Sin embargo, la destrucción de
los linfocitos CD4 se producen de forma constante y a medio plazo originarán
una incapacidad progresiva del sistema inmune para contener la replicación
viral.
Estadío avanzado de la enfermedad
Los estadios finales de la enfermedad se caracterizan clínicamente
por la aparición de infecciones oportunistas, desde el punto de
vista inmunológico por la caída del número de linfocitos
CD4 y virológicamente por la elevación de la carga viral.
En esta etapa se observa un deterioro de la respuesta humoral y celular
frente al VIH: disminuyen los niveles de anticuerpos, decrece la tasa
de anticuerpos neutralizantes, la actividad citotóxica y el número
de linfocitos CD8. Probablemente este deterioro refleja la destrucción
masiva del sistema inmune por una replicación viral acelerada.
No hay que olvidar que el sistema inmune se activa de forma coordinada
entre sus distintos elementos y que en la generación de la respuesta
inmune específica los linfocitos CD4 ocupan un lugar central. Es,
por tanto, previsible que la destrucción de los CD4 origine un
deterioro funcional de otras subpoblaciones celulares.
A medida que la infección progresa la destrucción del sistema
inmune tiene como consecuencia un aumento en la replicación viral.
Esta replicación acelerada permite una mayor generación
de virus mutantes con lo que la posibilidad de evasión viral y
la generación de variantes más agresivas aumenta. La elevación
de la carga viral y la rápida caída en la cifra de linfocitos
CD4 son los marcadores de una replicación "salvaje" del
virus en ausencia de mecanismos de control inmunológico. Este deterioro
de la respuesta inmune será la causa de que aparezcan infecciones
por gérmenes denominados "oportunistas", es decir que
en situaciones normales no producen enfermedad porque el sistema inmunológico
es capaz de controlarlos. Las infecciones oportunistas son la causa de
muerte más importante de muerte en los pacientes seropositivos
y aparecen cuando el número de linfocitos CD4 disminuye muy severamente
(por debajo de 100-200 células/ microlitro cuando lo normal son
alrededor de 800-1000 CD4 por microlitro).
En resumen, el estudio de la respuesta inmune frente al VIH presenta un
balance paradójico. Por una parte observamos que se produce una
respuesta eficaz, incluso muy eficaz, ya que la carga viral tras el periodo
de primoinfección disminuye en casi todos los pacientes en más
de un 90%. Sin embargo, esta respuesta inmunitaria es incapaz de controlar
completamente la infección y existe un reservorio de células
infectadas que persiste durante años a pesar de la intensa respuesta
antiviral. La impresión global no es que la respuesta inmune frente
al VIH sea incompleta, sino que llega "un minuto tarde" al terreno
de batalla.
Este mensaje tiene una lectura negativa: una vez que el virus se ha "refugiado"
en los reservorios linfoides, la erradicación - es decirla curación-
será imposible y a lo largo de los años se generarán
variantes virales más agresivas que acabarán destruyendo
el sistema inmunológico. El mensaje positivo es que si mediante
estrategias de vacunación logramos inducir una respuesta específica
frente al VIH, en caso de producirse la infección quizás
el sistema inmune no llegue tarde y será capaz de impedir que el
VIH establezca una infección crónica en los órganos
linfoides.
Mecanismos de escape
del sistema inmunológico
Cada familia de virus desarrolla una serie de mecanismos de escape para
evitar su eliminación por la respuesta inmune. En el caso de los
lentivirus estos mecanismos son fundamentalmente dos: la posibilidad de
entrar rápidamente en una fase de latencia en los reservorios infectados
y la capacidad de generar un gran número de variantes virales.
A continuación se examinan estos aspectos con mayor detalle.
Variabilidad genética
La elevada de variabilidad del VIH es debida a la alta tasa de error de
una proteína que realiza las copias virales, la transcriptasa inversa.
Esta falta de fidelidad en la copia del virus tiene una dobl consecuencia:
por una parte, se produce una gran proporción de virus defectivos
y por otra, se genera una alta diversidad en las proteínas del
virus. Este es un mecanismo clásico de evasión inmune por
parte de los virus ya que elevada capacidad de mutación permite
al VIH generar variantes capaces de escapar de la neutralización
por los anticuerpos o las células reactivas frente al virus.
Ocultamiento de los dominios de neutralización
Para que los anticuerpos frente al virus sean neutralizantes deben unirse
a las mismas zonas de la superficie viral que interaccionan con los receptores
celulares. Sin embargo, el estudio de la proteína de la envuelta
celular muestra que los "dominios" o zonas de interacción
con los receptores celulares no están "expuestos" en
la partícula viral por lo que los anticuerpos no pueden acceder
a estas regiones y neutralizar los virus extracelulares con eficacia.
Rapidez en el establecimiento de la infección
El establecimiento de la infección por el VIH después de
su inoculación en el organismo por vía sexual es un proceso
muy rápido. Esta rapidez de instauración de estos reservorios,
antes de que la respuesta inmune específica se desencadene es un
obstáculo mayor para el control de la replicación viral
ya que el virus se establecerá en los linfocitos infectados en
los que "persistirá" a pesar de una respuesta inmune
específica.
Latencia y reactivación
Como todo lentivirus, el VIH es capaz de infectar en forma latente sus
células diana. Una célula latentemente infectada escapa
de manera absoluta a la vigilancia imunológica al no expresar productos
virales en la membrana de la célula infectada. La reactivación
del VIH a partir de su estado de latencia es un proceso rápido
y masivo, por lo que la generación de nuevos viriones se produce
antes de que la célula sea destruida por el sistema inmune.
Infección de reservorios
Se ha demostrado que además de linfocitos el VIH puede infectar
otros tipos celulares en sistema nervioso central (SNC). Debido a la baja
permeabilidad de la barrera hematoencefálica a determinados fármacos
y el carácter de "zona inmunológicamente restringida"
del SNC, éste podría constituir un reservoriode gran importancia
en cuanto a replicación viral y generación de variantes
resistentes a fármacos.
¿Cómo
potenciar la respuesta inmune frente al VIH?
El tratamiento antiretroviral ataca distintas dianas del VIH como la transcriptasa
inversa y la proteasa. Sin embargo, dado que el resultado final de la
infección por el VIH es la inducción de una profunda inmunosupresión,
una alternativa sería el impedir la destrucción inmunológica
o potenciar la respuesta inmune frente al VIH para así contribuir
al control de la replicación viral.
Estos abordajes "inmunoestimuladores" se están realizando
de forma experimental en ensayos clínicos controlados y hasta el
momento es importante señalar que ninguno ha mostrado un beneficio
significativo para los pacientes. Es por tanto necesario finalizar los
ensayos clínicos en desarrollo antes de poder concluir sobre la
utilidad de este tipo de abordaje.
Tratamiento con interleucina
2
La utilización de interleucina 2, un factor que induce la proliferación
de los linfocitos T, se realiza con un doble objetivo: aumentar los niveles
de linfocitos CD4 e inducir la reactivación de los reservorios
latentes para aumentar la eficacia de la medicación antiretroviral.
Sin embargo, hasta el momento no se ha demostrado un beneficio claro del
empleo de IL2 en el tratamiento de la infeción por el VIH. Si bien
el tratamiento con IL2 aumenta los niveles de linfocitos CD4, en el contexto
de la terapia antiretroviral de gran eficacia (TARGA) actualmente utilizada
la reconstitución inmune se produce en la mayoría de los
pacientes. Por este motivo el beneficio de tratar con IL2 estos pacientes
no es muy evidente dado los efectos secundarios del tratamiento. Unicamente
podría plantearse utilizar IL2 como un tratamiento de "rescate
inmunológico" en aquellos pacientes muy deteriorados en que
no existe un aumento en los niveles de CD4 a pesar de tratamiento antiretroviral.
La utilización de IL2 como un medio para inducir la reactivación
en los reservorios latentes y permitir así la erradicación
de los mismos no ha conseguido este objetivo. Por una parte, desde el
punto de vista virológico, la IL2 es un mal reactivador del VIH.
Aunque se comunicó que en algunos pacientes tratados con HAART
e IL2 se conseguía una aparente "erradicación"
en comparación con aquellos pacientes tratados exclusivamente con
TARGA, los mismos autores han comunicado a los pocos meses la persistencia
de la infección por el VIH en este grupo de pacientes.
Por tanto la demostración de la utilidad de la IL2 como herramienta
que aporta un valor añadido al tratamiento de la infección
por el VIH debe ser demostrado todavía y su potencial papel en
la erradicación del VIH es muy cuestionable.
Las interrupciones controladas del tratamiento
Existen casos aislados de pacientes que tras la suspensión de tratamiento
realizan repuntes de carga viral a niveles muy inferiores a sus valores
basales, y en algunos casos no presentan carga viral detectable. Estos
hallazgos han llevado a plantear estudios reglados de interrupciónes
estructuradas de tratamiento (STI). Es importante destacar que estos trabajos
deben ser realizados bajo condiciones de control estricto debido a los
riesgos potenciales que conllevan en cuanto a la emergencia de variantes
resistentes o a la posibilidad de diseminación de la infección.
Los resultados publicados hasta el momento son diferentes cuando se considera
una infección aguda que una infección crónica. En
la situación de infección aguda la suspensión del
tratamiento antiretroviral instaurado precozmente permite en la mayoría
de los sujetos estudiados un control de la replicación viral que
probablemente es debido a la intensa respuesta celular específica
frente al VIH que se detecta en estos pacientes.
Sin embargo los resultados obtenidos en los pacientes en fase crónica
de la enfermedad - que representan la inmensa mayoría de los sujetos
seropositivos- son menos alentadores. En la mayoría de pacientes
tras la primera interrupción se observa un repunte brusco de la
carga viral que alcanza los niveles basales existentes antes del tratamiento
en un periodo máximo de 4-6 semanas. Los estudios que han realizado
interrupciones repetidas comunican que entre un 20 y 30% de pacientes
presentan disminuciones significativas de la carga viral respecto a los
niveles basales. El análisis de los estudios actualmente en desarrollo
nos permitirán evaluar la duración de esta respuesta y qué
porcentaje preciso de pacientes se beneficiarían de esta estrategia.
Utilizacion de vacunas terapeúticas
Previamente a la implantación de las terapias antiretrovirales
tipo HAART las vacunas terapeúticas tenían escasas posibilidades
de aportar un beneficio a los pacientes con infección por el VIH
debido a dos motivos:
o La elevada viremia que hacía improbable un efecto positivo de
un inmunógeno idéntico al propio VIH y suministrado en bajas
cantidades -a pesar de realizarse la inmunización en presencia
de adyuvantes-.
o El estado de inmunosupresión de los pacientes que dificulta una
respuesta inmune adecuada frente al "seudoneoantígeno".
Sin embargo, la supresión de la viremia y la reconstitución
inmune suponen un nuevo contexto en el que la inmunización puede
tener un beneficio potencial si consigue incrementar la memoria inmune
frente al VIH en los pacientes vacunados.
Los datos publicados hasta el momento no son muy alentadores. El único
estudio prospectivo no mostró un efecto beneficioso en el grupo
con vacunación terapeútica desde el punto de vista clínico.
En otros trabajos se detecta un incremento en parámetros de respuesta
específica frente al VIH: inducción de CTLs, síntesis
de citocinas en respuesta a antígenos virales in vitro, y en algunos
ensayos disminución de carga viral. Sin embargo, prácticamente
la totalidad de los trabajos presentados son estudios abiertos con una
gran heterogeneidad en cuanto al antígeno utilizado, las características
de los pacientes y las condiciones de inmunización. Unicamente
estudios controlados doble ciego a largo plazo permitirán evaluar
la mejora en la respuesta inmune inducida por las vacunas terapeúticas
y si estos cambios inmunológicos se traducen o no en un beneficio
clínico para los pacientes.
Conclusión
El estudio de los mecanismos de daño inunológico revelan
que el VIH es un virus especialmente adaptado para destruir el sistema
inmune. Por otra parte, aunque la respuesta inmune es relativamente eficaz
en el control de la infección viral, los mecanismos de escape del
propio virus -variabilidad, rápido establecimiento de reservorios
latentes- hace que estos mecanismos sean insuficientes. En último
término asistimos a la enorme dificultad que representa erradicar
un virus que infecta una célula central en la generación
de la respuesta inmunológica. Sin embargo, el estudio y comprensión
de estos mecanismos de daño viral y respuesta inmune frente al
VIH nos permitirán diseñar estrategias de inmunización
y potenciación inmunológica que contribuyan al control de
la replicación viral.
Fuente: "Manual Práctico.
Lo que debe saber la persona que vive con el VIH-SIDA". José
Alcami
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